Educación De Andalucía a Portugal: un río y dos escuelas

  • La tasa de abandono de los alumnos andaluces duplica la de los portugueses y el rendimiento académico es 20 puntos inferior, de acuerdo con el informe PISA

Un profesor imparte clase en un aula del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António. Un profesor imparte clase en un aula del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António.

Un profesor imparte clase en un aula del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António. / E. M.

Comentarios 3

El Guadiana no se ve, pero casi se intuye al final de la calle José Campos Coroa donde se levanta el centro de secundaria del Agrupamento de Escolas de Vila Real de Santo António. El viento salado del Atlántico se cuela por las calles del barrio hasta este edificio de arquitectura moderna y costeada, grandes ventanales, mobiliario reluciente y aire acondicionado en todos los rincones, además de ordenador y proyector en cada aula. Es la escuela pública portuguesa. El último milagro de Europa.

En solo dos décadas ha pasado de estar en el furgón de cola en el informe PISA, que evalúa el rendimiento académico de los alumnos de 15 años en la OCDE, a superar la media y despuntar como el décimo país de Europa y el vigésimo tercero del conjunto de los 73 estados que forman parte de este estudio. Ya ha dejado atrás a España, todavía en trigésima posición. Aún es más excepcional que en este mismo periodo el abandono escolar temprano haya pasado de más del 40% al 11,8%, cuando en España únicamente se ha recortado en 12 puntos hasta situarse en el 17,9%. En Andalucía el 21,9% de los estudiantes tira la toalla.

Así es el modelo portugués

Para comprender algunas claves del sistema portugués sólo hay que dejar atrás Ayamonte y cruzar el Guadiana. El Agrupamento de Escolas de Vila Real de Santo António aglutina cuatro centros que comprenden desde preescolar hasta el grado 12. Es decir, desde los tres a los 18 años. Una de las medidas adoptadas en los últimos años por el Gobierno luso ha sido la concentración de colegios públicos, una fórmula que, entre otras ventajas, permite un conocimiento estrecho del alumno desde el primer día que pone un pie en el colegio hasta que concluye la educación obligatoria, dos años después que en España. Profesores y maestros pertenecen a los mismos departamentos y tienen contacto diario. Por tanto, se reducen las fracturas de las sucesivas etapas educativas. “Se puede decir que es un proyecto único y le da coherencia”, puntualiza Vítor Junqueira, director de este megacentro creado en 2010 a partir de la fusión de cuatro colegios.

El fracaso escolar, además, se vigila con esmero a través de tres fórmulas: profesores adicionales que prestan apoyo durante el desarrollo de las clases, refuerzo en horario extraescolar impartido por los propios docentes cuando observan grupos de alumnos rezagados y tutores personalizados para atender casos de comportamientos disruptivos. El director se ocupa de organizar este apoyo, tanto dentro como fuera del horario académico, gracias a la que es quizás la mayor singularidad del sistema portugués: la autonomía de los centros.

Vítor Junqueira se ocupa de todo. Tanto de los aspectos económicos como pedagógicos de 1.400 alumnos, 170 profesores, y 70 técnicos y trabajadores del área de servicios. Paga seis millones de euros anuales en nóminas y gestiona otros 133.000 euros en el mantenimiento de las instalaciones, además de ocuparse de las bajas del personal, concursos para adquirir material o suministros del comedor. La descentralización es uno de los puntos a los que se atribuye el éxito del sistema educativo portugués, que acaba de dar un paso adelante para dejar en manos de los centros el contenido del 25% de las horas lectivas.

La autonomía de los centros es la mayor singularidad del sistema educativo luso

“A partir de ahora tenemos capacidad para organizar nuestro currículum y definir el perfil de nuestros alumnos”, apunta Isabel Agostinho, profesora de Español de esta agrupación escolar. “En este momento generamos alumnos con un perfil nacional y trabajamos para las universidades, pero hay cosas básicas más importantes que los exámenes para vivir en una sociedad que es tan cambiante”, agrega Junqueira, que apuesta por un docente que acompañe al estudiante durante su proceso de aprendizaje.

La Agrupación Escolar de Vila Real invertirá su capacidad para decidir el contenido del 25% del horario lectivo en trabajar por proyectos, de forma que los estudiantes puedan aplicar conocimientos de disciplinas dispares y diversas de forma práctica, utilizando criterios de evaluación que valoren no sólo el examen, sino el conjunto del trabajo.

Otra característica propia del sistema educativo luso que por el momento se mantiene son las pruebas nacionales de Portugués y Matemáticas que se realizan a los 15 años (equivalente a tercero de ESO) y del conjunto de las materias en duodécimo (segundo de Bachillerato). Ambos exámenes son exigentes. Si no se aprueban los alumnos no solo no se gradúan, sino que tienen que repetir el curso.

El Gobierno portugués ha retirado la mitad de las subvenciones a los centros concertados

Estas características se combinan con una formación férrea de los docentes, más parecida a la de los médicos españoles que a la de maestros y profesores. Por ejemplo, Vítor Junqueira estudió Biología y la profesora Isabel Agostinho, Portugués y Español. Al concluir la licenciatura y decidir que su camino estaba en la enseñanza tuvieron que cursar otro año más de Didáctica y, posteriormente, trabajaron durante todo un curso en un centro, como un profesor más, “con sueldo, aunque sólo con dos clases a cargo”, puntualiza Isabel, y un tutor que periódicamente revisaba el trabajo que realizaban en el aula. Tras la llegada del plan Bolonia, el sistema ha cambiado, porque ahora a una licenciatura de tres años se suma un máster de dos y prácticas, “pero ya no intensivas como antes, sino puntuales”, advierten trasluciendo una cierta desconfianza hacia este cambio.

Vítor Junqueira e Isabel Agostinho, director y docente del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António. Vítor Junqueira  e Isabel Agostinho, director y docente del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António.

Vítor Junqueira e Isabel Agostinho, director y docente del centro Agrupamento de Ecolas de Vila Real de Santo António. / E. M.

En cualquier caso, el resultado ha sido que maestros y profesores en Portugal gozan de la confianza de las familias y del prestigio de una sociedad que cree en la escuela pública. Más del 80% de los estudiantes del país vecino van a centros estatales y el Gobierno ha retirado en los últimos años las subvenciones al 50% de los concertados sin provocar ninguna conmoción social. Este consenso tiene una sólida base económica. Portugal destina en torno al 5% de su PIB a educación, un porcentaje que sólo bajó en el periodo más duro de la crisis, mientras que el gasto educativo español apenas si supera el 4%.

Este escenario, no obstante, no evita que haya quejas. Junqueira y Agostinho pertenecen a la generación docente congelada por la crisis. El sistema luso de promoción profesional para los docentes que avanza, en categoría y salario, a medida que suman méritos y formación, se detuvo en la crisis y todavía no se ha recuperado. Según sus cálculos sus carreras arrastran una década de retraso. Además, el director confiesa que le gustaría tener menos carga gerencial y más autonomía para disponer, por ejemplo, de más horas de refuerzo para sus alumnos.

Del Algarve a Ayamonte

Al otro lado del río que dibuja la frontera entre el Algarve y Andalucía, en Ayamonte, Antonio Aponte, director del IES Guadiana, no piensa en la promoción de su carrera, sino en alguna fórmula mágica que acerque las familias al instituto. Pasan las cinco de una tarde calmada de finales de abril, con la brisa atlántica también dejándose sentir entre los muros de un centro que responde a la arquitectura apresurada de los años 60, aún en notable estado de conservación, aunque el calor ataca sin piedad cada inicio y final de curso. Aquí no hay aire acondicionado. Inaugurado en 1955 (después se trasladó a su actual emplazamiento), fue el instituto de enseñanzas medias y profesional número 92 que se abrió en España. Ahora tiene 1.080 alumnos, 92 profesores y un presupuesto para mantenimiento de unos 80.000 euros.

Esta tarde, el director ha tenido encuentros con dos familias. A una madre le ha mostrado el listado de ausencias de su hijo. Desde el mes de septiembre el adolescente no ha seguido al completo ni una sola jornada lectiva. Con la segunda familia se ha tenido que emplear a fondo. Reclamaban un careo de su hija con una profesora para dirimir quién tenía la razón en un conflicto surgido en el aula.

Aponte no oculta la decepción. Quizás por eso sorprende tanto su esfuerzo para buscar la complicidad de las familias. “La educación es una cosa de todos”, insiste. En colaboración con la radio local de Ayamonte está poniendo en marcha un programa semanal para tratar de llegar a los padres y madres de sus estudiantes.

El abandono escolar temprano en Andalucía está casi en el 22%. Prácticamente dobla al existente al otro lado del Guadiana. El último informe PISA marca distancias demoledoras. El rendimiento académico de los alumnos andaluces está 28 puntos por debajo de los portugueses en ciencias, 20 en lectura y 19 en matemáticas.

Andalucía está las lastrada por un 22% de abandono escolar

El director de este instituto tiene un diagnóstico muy preciso del problema. El 18% de los alumnos que ha llegado este curso a primero de ESO en el IES Guadiana ha repetido cuarto y sexto de Primaria. “No es una apreciación. Consta en los informes de los colegios”, aclara. “Son alumnos que repitieron el máximo permitido: cuarto y sexto. Después pasaron de curso, aunque no aprobaran”. El resultado es que el 50% del alumnado ha comenzado secundaria con rendimiento bajo o es repetidor. Esta aritmética explica por qué en el instituto hay siete grupos de primero de Secundaria y solo cuatro en cuarto.

Tres grupos, es decir, 90 estudiantes que suponen más del 40% del total, han desaparecido por el camino. Lo habitual es que suspendan, repitan, no acudan a clases con regularidad y en cuanto cumplen 16 años se evaporen sin concluir la ESO. Sin embargo, tampoco es infrecuente que este sea el caldo de cultivo de otros problemas.

En el IES Guadiana de Ayamonte el 50% del alumnado comienza secundaria con un rendimiento bajo

Las diferencias de nivel académico entre los alumnos lleva a las familias que siguen más atentamente la educación de sus hijos a matricularlos en los grupos bilingües, lo que significa que las aulas se dividen para Matemáticas, Inglés y Sociales. En este sentido, la formación en inglés está funcionando como elemento de segregación porque los estudiantes con mejores expedientes se congregan en bilingüe “y conforman unas clases buenísimas”, mientras los que arrastran déficits se concentran en la modalidad no bilingüe, “y ésas son aulas con muchos problemas”. El director confiesa que no es excepcional que acudan a su despacho profesores llorando, impotentes porque no saben cómo gestionar los conflictos.

Desde su despacho, Aponte mira en dos direcciones: primero a las familias. “No es normal que una madre venga a preguntar por la marcha de su hijo meses después del inicio del curso sin darse cuenta de que ni siquiera estaba matriculado en este instituto”, expone a modo de ejemplo. En segundo lugar mira a la Administración: este instituto reclama desde hace años, y todavía sin éxito, acogerse al programa de educación compensatoria que permite una adaptación curricular de mínimos en ciencias, lengua y humanidades para los alumnos con problemas de aprendizaje.

Sin embargo, Antonio Aponte, después de 34 años de docencia, no pierde la esperanza, quizás animado por los excepcionales resultados que logra su instituto en Bachillerato. “Ahí ya están los alumnos que de verdad quieren estudiar. Más del 80% aprueba”, subraya.

El inglés es el elemento que segrega a los buenos alumnos de los malos

No hay razones económicas ni sociales que expliquen por qué los resultados académicos son tan dispares a uno lado y otro del Guadiana, en Vila Real de Santo António y Ayamonte, dos municipios distantes por carretera solo 12 kilómetros, ambos de 20.000 habitantes y dependientes del turismo y la pesca.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios