Andalucía

Demonios liberados en Andalucía

José Antonio Nieto interviene en el Pleno. Delante, Juan Marin y Juanma Moreno. José Antonio Nieto interviene en el Pleno. Delante, Juan Marin y Juanma Moreno.

José Antonio Nieto interviene en el Pleno. Delante, Juan Marin y Juanma Moreno. / Julio Muñoz / Efe

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Juan Marín ha abierto esta semana una de esas cajas de Pandora que liberan muchos demonios: la política está mal pagada. Exactamente esto: “Los altos cargos de la Junta y los consejeros cobran poco”. Ante la bronca suscitada, puesto que él cobra 5.500€+atributos del cargo en una comunidad con un salario medio que no llega a 1.500,  matizó que el problema es que esto impide que a la política vayan los mejores. A ver, entonces, ¿él se considera de los peores? ¿o sólo de los modestos que están dispuestos a servir a la sociedad aunque tengan un sueldo de medio pelo?

En realidad Ciudadanos es uno de los partidos que ha oscilado entre gestos más o menos populistas, como denunciar privilegios tipo coche oficial, adsl doméstico, iPad, iPhone… (ah, no, ¡un momento! el iPad y el iPhone sí se lo quedaron) y votar siempre a favor de no bajar sueldos. Pero, cuando se toca poder, como le ha ocurrido a Bendodo, se acaba la demagogia. Ahí todo es poco. Y sí, los altos cargos están mal pagados, muy mal pagados si se trata de hacer fichajes estelares, pero no tanto si se trata de establecer un rasero estándar para cubrir decenas o cientos de cargos de confianza con dedazos.  

O dicho de otro modo: pueden ser sueldos bajos para quienes están fuera de la política, pero son altos para quienes no han puesto un pie fuera de la política. Por demás, ya es raro que Marín exhiba esa exquisita sensibilidad retributiva por los 5.500€ más vivienda y otros privilegios del cargo, pero su partido votase en contra de los 900 euros de salario mínimo interprofesional. Si le preocupa cómo poder vivir, podría pararse a pensar no en 5.500, sino en 900.

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Susana Díaz puede tener una dulce derrota en la Operación Paracas activada por Pedro Sánchez para colocar en las listas de todo el país a su Gobierno y su Ejecutiva. Eso es un buen puñado. Desde la Operación Market Garden en la II Guerra Mundial, desplegada la última semana de verano de 1944, no se veía una lluvia semejante de paracaidistas. Los titulares de las listas para el 28A recuerdan aquellas fotografías del cielo lleno de hongos de la aerotransportada sobre Países Bajos: Marlaska a Cádiz, Montero a Sevilla, Planas a Córdoba, Guirao a Almería, como Pedro Duque a Alicante, o Margarita a León aunque ya la han rebotado a Ávila, y Reyes Maroto en Valladolid, y en Guadalajara temen a Valerio…

De momento, en Andalucía, el voto de la militancia ha servido para colocar a los ministros lejos de los puestos de honor. Ese ha sido el mensaje 1: ponerlos en su incómodo lugar real. A continuación, Ábalos, que ya patinó al pedir la cabeza de Susana, ha advertido que será una orden colocarlos. Este es el mensaje 2: sí, irán, pero por imposición de Madrid. Se trata de una dulce derrota para el socialismo andaluz porque retratará, una vez más, la arbitrariedad de Sánchez, que construyó su liderazgo con el mensaje de “devolver el partido a la militancia” para después imponer su ordeno y mando contra el voto de la propia militancia. Claro que, como diría Calvo, una andaluza que va por Madrid, la defensa de la militancia era cosa de Pedro; ahora es el Presidente Sánchez, y al César lo que es del César.

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Nieto ha salido con honores del Tribunal Supremo. Su comparecencia ha sido celebrada unánimemente. El secretario de Estado de Seguridad puso compromiso, responsabilidad, dignidad y precisión a su relato del 1-O. Esto ha suscitado una pegunta: “Oye, ¿y qué fue de este Nieto?”. El juanmismo, del que era enemigo declarado, lo ha rescatado como portavoz parlamentario, donde pueden exprimir sus dotes de orador y su contundencia… y mantenerlo a distancia de San Telmo. O sea, para muchos está desaprovechado. Con todo, lo mejor de la comparecencia de Nieto en el juicio del procés ha sido el contraste con Zoido. Si Nieto fue unánimemente elogiado, Zoido ha sido unánimemente vapuleado. Torpe, irresponsable, cobardón y balbuceante. Del paso de Zoido por el Supremo nos ha quedado, eso sí, la crónica  del grifo de Cruzcampo que tenía en el despacho del Ministerio con productos de la tierra para agasajar a las visitas, sus taquitos de jamón y queso como corresponde. Ahí Zoido sí que se esmeraba. Del golpe que se estaba dando en Cataluña, apenas se hace responsable de nada; pero, niño, los taquitos bien y el grifo a temperatura exacta. La política tiene jerarquías extrañas. Zoido, el reservón desmemoriado,  era, hasta el 2D, el nombre de referencia en el PP andaluz. Las extrañas jerarquías.

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