Tensión en la reunión universitaria

Alumnos interrumpen el claustro para pedir explicaciones

  • El rector garantiza transparencia en la investigación que se hará de los gastos, aunque defiende que "no hubo irregularidades". Respaldo a las medidas del consejo de gobierno.

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Más de un centenar de alumnos irrumpió ayer en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía para impedir el normal desarrollo de la reunión del máximo órgano de representación universitaria, el claustro, y pedir directamente explicaciones al rector, Eduardo González Mazo, sobre el caso del uso de tarjetas durante el anterior mandato, en el que el rector era Diego Sales.  

Tras la lectura de un comunicado, en el que se denunciaban los recortes que había sufrido la educación superior con la desaparición de becas, que había hecho a muchos estudiantes abandonar la Universidad, mientras algunos miembros del equipo rector “comían en buenos restaurantes o viajaban por medio mundo”, se conminó al rector a que explicara qué es lo que iba a hacer sobre este asunto.

Los miembros del claustro asistían a esta situación entre la estupefacción y la tristeza, como confesaron algunos, que lamentaban que las revelaciones de estos gastos hubieran dañado la imagen de la institución por casos “muy concretos”. González Mazo, calmado y midiendo los tiempos, aceptó dar las explicaciones que se le pedían y, tras superar algunas interrupciones de los alumnos, les aseguró que todas las visas del anterior equipo rector se sometían “a un procedimiento de control del gasto. La persona que ejecuta ese gasto tiene que decir dónde lo ha gastado y por qué lo ha gastado. Esos documentos existen y van a dar la posibilidad ahora de cotejar la aplicación del gasto”. A continuación, aseguró a los alumnos, que de vez en cuando interrumpían con gritos de “transparencia y democratización en la Universidad”, que “el consejo de gobierno ha encomendado un análisis de cada una de las aplicaciones”, pero también quiso dejar claro que el uso de esas tarjetas ya se había auditado en sus correspondientes años sin que se hubieran detectado irregularidades.

Uno de los alumnos le contestó que no se trataba de si había o no irregularidades, sino si había sido un comportamiento ético ese montante de gastos y preguntó cómo se explicaban las consumiciones en bares de copas pagadas por la Universidad. Pidió al rector, al que reconoció los esfuerzos por  evitar que se perdieran becas y ayudar a algunos alumnos para que no abandonaran sus estudios, que “vaya usted de la mano con nosotros y expulse a la morralla que está contaminando la Universidad”.

González Mazo tomó de nuevo la palabra para solicitar respeto a todas las personas de la comunidad universitaria y que no se condenase antes de conocer realmente si había existido algún uso indebido de esas tarjetas. “Hay errores en lo que se está publicando, inexactitudes, y vamos a pedir su rectificación”. Al mismo tiempo, se comprometió a “tomar las medidas pertinentes en el momento en que se realice el estudio interno y a adoptar las decisiones que proponga el gabinete jurídico. Yo, como rector, no puedo echar a nadie de la Universidad”, informó, sobreponiéndose a los gritos de “fuera los corruptos de la Universidad”. 

También quisieron saber los alumnos por qué se habían retirado las tarjetas por el equipo rector en 2011 si no existía ningún problema con ellas. González Mazo contestó que cuando tomaron posesión en julio de aquel año se enfrentaron a una situación difícil. “Trabajamos durante todo el mes de agosto porque teníamos muchos retos relacionados con la Universidad en su conjunto. En el caso de las tarjetas, las suprimimos porque consideramos que no era el mejor modo de pago, no porque hubiera irregularidades. Se empezó a investigar en junio de 2013 porque se recibió esa petición; ahora existe la orden de hacerlo gasto a gasto, apunte a apunte, y ya está creado el grupo encargado de ello, pero eso necesita un personal y un tiempo que habrá que sacar de otras funciones”. 

Tras algunos tira y afloja, con la petición de que hablaran dos de los antiguos vicerrectores que tuvieron tarjeta, que se encontraban en el claustro -al final lo hizo Francisco Antonio Macías-, el encuentro finalizó y los alumnos que habían protagonizado la invasión del Aula Magna dejaron seguir el curso de la reunión y se concentraron en asamblea en el patio de la Facultad. “El movimiento estudiantil va a estar vigilante”, advirtió como despedida el que se había erigido en portavoz de los alumnos. 

Posteriormente, el Claustro aprobó las medidas tomadas por el consejo de gobierno y lamentó que durante la irrupción se hubiera atentado contra derechos básicos como la presunción de inocencia

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