la opinión invitada

Control, único cerco en la dehesa

  • El autor asegura que se ha conseguido establecer los agentes causantes de la seca

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Control, único cerco en la dehesa

Hace más de 30 años que en la provincia de Huelva aparecieron los primeros síntomas de mortandad y daños severos en las encinas y alcornoques de nuestras dehesas. Los árboles afectados mostraban síntomas muy inespecíficos como eran amarillez, pérdida de hojas, muerte de los brotes… en definitiva, mostraban un aspecto seco, de ahí que el fenómeno se englobara bajo el término coloquial de la seca.

Se desconocían las causas que lo producían y la incertidumbre era aún mayor cuando se veía a ejemplares vigorosos y bien nutridos entrar en un deterioro paulatino que se podía alargar en varios meses o años, o sin embargo en un deterioro mucho más rápido que producía su muerte en tan sólo días, "de buenas a primeras", como acostumbra a decir la gente del campo.

"El trabajo ahora es el arduo control de la enfermedad, que es complejo pero posible"

Actualmente podemos seguir apreciando en muchas de nuestras dehesas exactamente lo mismo y, por lo tanto, podemos llegar a pensar que se ha avanzado muy poco en encontrar una solución al problema. Nada más lejos de la realidad. En los últimos años se han podido realizar diagnósticos adecuados que han establecido los agentes nocivos causantes de tal mal. Así, puede ser que el fenómeno se produzca por la acción conjunta de varios de ellos, agentes bióticos, abióticos, etc.

Podríamos estar, por tanto, en un escenario de decaimiento, o por el contrario que el problema sea debido a un agente concreto y claramente identificado capaz de producir por sí sólo el deterioro y muerte del arbolado (una plaga o enfermedad. En este sentido, se ha identificado como una de las enfermedades más dañinas y letales que afecta a los Quercus, a la que denominamos podredumbre radical originada por el patógeno Phytophthora cinnamomi.

Está asociado a zonas concretas de Andalucía, pero en el caso de la provincia de Huelva, y más concretamente en el Andévalo, adquiere proporciones epidémicas. Este patógeno es un organismo muy destructivo capaz de infectar a un gran número de especies leñosas entre las que se encuentran la encina y el alcornoque. No en vano, el término Phytophthora significa "destructor de plantas". Aunque en principio fue clasificado como un hongo, en la actualidad se le considera un oomiceto y lo que produce es la muerte masiva de las raíces absorbentes reduciendo la capacidad de absorción de agua y nutrientes por parte de la planta y teniendo como fin su muerte por inanición.

Son muchos los factores que influyen y facilitan el desarrollo y dispersión de este oomiceto en la dehesa. La presencia de humedad en el suelo hace que el patógeno complete su ciclo de vida y aumente su capacidad de multiplicación en el medio, su dispersión y con ello poder seguir infectando a plantas sanas.

En la dehesa es frecuente observar cómo la enfermedad avanza de forma rápida a lo largo de la red de drenaje. Otro factor es la temperatura suave en el suelo: la óptima para que se produzca la mayor tasa de crecimiento y reproducción está entre 25º y 30º, con lo que el clima mediterráneo predominante en las zonas de dehesa es propicio para el desarrollo de la enfermedad.

También son característicos de estas dehesas los suelos ligeramente ácidos y pobres en nutrientes, destacándose en muchos de ellos la falta de calcio; por eso en estas zonas existe un mayor riesgo de proliferación de la enfermedad, ya que los suelos ricos en calcio constituyen un medio poco favorable para la reproducción de P. cinnamomi. Y, por último, los movimientos de suelo profundos que se realizan con trabajos como los desbroces.

Para seguir avanzando, es necesario un esfuerzo coordinado entre todos los territorios y agentes afectados, tanto a escala regional, como nacional y europea, como llevamos solicitando desde Asaja-Huelva y más concretamente desde Encinal (Foro para la Defensa y Conservación de la Dehesa) desde sus orígenes. Desgraciadamente, no existe un método curativo, por lo que nos vemos obligados en la actualidad a evitar hacer actuaciones que propaguen su dispersión.

Llegados a este punto podemos seguir diariamente actuando en nuestras dehesas como hasta ahora, es decir, llevando a cabo las labores tradicionales sin marcar unas pautas que ayuden al control de la enfermedad o por contra, podemos usar la información que existe al respecto para pasar a la acción seria de combatirla.

Nosotros somos partidarios de lo segundo y así lo estamos haciendo con el asesoramiento que realizamos diariamente a nuestros asociados, concienciándolos de que la identificación de este organismo en una finca debe de condicionar todo el manejo de la explotación, pasando el resto de amenazas fitosanitarias a un segundo plano y quedando como directriz principal de la gestión el control de la expansión del foco.

Así, hemos sido de los primeros en realizar la recogida de muestras de suelo y raíces en varias fincas de nuestros asociados distribuidas por toda la provincia, para corroborar la presencia de P. cinnamomi tras el análisis de laboratorio.

Desgraciadamente tenemos al menos un positivo en todas las fincas analizadas y no todas están en el Andévalo, sino también en la Sierra. El trabajo ahora consistirá en el arduo control de la enfermedad, que por qué no decirlo es bastante complejo, pero no imposible.

Trataremos en cada caso de llevar a cabo el método de control que mejor se adapte a cada circunstancia y seguiremos solicitando a las Administraciones implicadas, por una lado ayudas para que los titulares puedan seguir llevándolos a cabo y por otro soluciones que sean viables en todos sus aspectos, desde el económico hasta la preservación de sus efectos al entorno, que deben de ser nulos.

Es decir, deberían emplearse las herramientas que la propia naturaleza nos indica o pone a nuestro alcance, huyendo de alternativas únicas o definitivas.

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