Un emotivo reencuentro inesperado

  • Un militar de El Rompido se encuentra con un migrante al que salvó la vida en aguas de Libia

El destino ha querido que el joven militar de El Rompido Aníbal Bernal Burgos (31 años) haya vivido esta semana un emotivo e inesperado reencuentro en el restaurante que regenta su familia en dicho enclave costero onubense. Y es que cuando estaba en el mencionado local, de repente se le acercó un joven de color que, casi sin mediar palabra, se arrojó a sus brazos muy emocionado. Aníbal no lo reconoció, pues a simple vista era uno de tantos vendedores ambulantes que pasan a diario por el restaurante de su padre en un intento de ganarse la vida. No obstante, y tras unos primeros instantes de sorpresa e incertidumbre, el vendedor ambulante, por mediación de un amigo que lo acompañaba, ya que él "no tiene ni idea de español", le explicó al joven de El Rompido que él fue una de las personas a las que rescató y salvó la vida en aguas de Libia hace varios meses. "Evidentemente a él mi cara no se le había olvidado", señaló Aníbal Bernal en declaraciones a Huelva Información.

Y es que este joven de El Rompido, miembro de la Armada Española, ha participado en los dos últimos años en sendas misiones Eunavfor Med Sophia destinadas al salvamento de personas migrantes en aguas del Mediterráneo, concretamente frente a las costas de Libia. En el desempeño de la primera de ellas salvó la vida a bordo de la fragata Reina Sofía a unas 3.500 personas, y a otras 3.300 personas en la segunda, a bordo de la fragata Canarias, donde estuvo embarcado del 18 de enero al 27 de junio pasados. Después de esas dos operaciones actualmente pasa unos meses junto a su familia trabajando en el restaurante de su padre.

"Son miles de caras las que ves en cada misión, y todas las personas a las que rescatamos las dejamos en el puerto italiano de Cagliari, por lo que es imposible recordar alguna", señaló Aníbal. "Pero a él no se le ha olvidado, ni se le olvidará nunca, la cara de la primera persona que le dio la mano cuando fue rescatada del mar para ser embarcada en la fragata" apuntó. "De hecho -prosiguió-, me lo ha demostrado con este inesperado encuentro, en el que no ha tenido palabras para agradecérmelo" y en el que se ha mostrado "súper emocionado, súper feliz y súper agradecido". "A mí se me pusieron la piel de gallina y los pelos de punta por la emoción", confesó Aníbal.

Emmanuel (por ponerle un nombre, ya que tiene miedo a revelar su identidad), es un joven senegalés de 31 años que como tantos otros decidió un buen día abandonar su país y a toda su familia para huir de la pobreza y las calamidades, con el principal objetivo de encontrar una vida mejor. Para ello, no dudó en exponerse a los peligros que supone atravesar media África cruzando zonas en conflicto como Libia, y ponerse en manos de las mafias que trafican con personas, las cuales "a cambio de entre 3.000 y 4.000 euros, lo más que les facilitan es una inestable y desvencijada barcaza de unos doce metros de eslora en la que meten a 150 personas con una petaca de combustible, la cual arrojan al mar sabiendo que uno de sus destinos más probables es una muerte casi segura". Así de claro lo explicó Aníbal después de meses de rescate de personas del Mediterráneo, "pero sobre todo sacando del agua muchísimos cadáveres".

"Es una experiencia muy dura y desagradable -aseguró-, pero a la vez bonita cuando ves que salvas vidas". Un hecho del que Aníbal se ha terminado de dar cuenta tras este emotivo reencuentro porque "es cuando realmente te percatas de que lo que estás haciendo sirve para algo, y eso es muy gratificante".

Como padre de dos niños, los peores y mejores momentos de Aníbal durante su participación en ambas misiones están relacionados con menores. Y es que según sus palabras, lo que más le ha impactado en negativo ha sido la imagen del cadáver de un niño de apenas un año que flotaba en aguas del Mediterráneo; al que tuvieron que izar a bordo de la fragata, o los 300 muertos que tuvieron que sacar del mar después de haber podido rescatar con vida a otras 200 personas en una misma operación. "Después de ver esas horrorosas imágenes te puedes llevar varios días sin conciliar el sueño", aseguró. No obstante, prosigue, "compensa cuando ves las sonrisas de aquellos otros niños a los que has podido salvar la vida, los cuales no paran de abrazarte y de jugar cuando ya están sanos y salvos a bordo de la fragata. Eso es impagable".

Aníbal Bernal también quiere poner de relieve tanto el "olvido" al que están sometidas las personas que diariamente se juegan la vida buscando un futuro mejor para ellos y sus familias, como la "imagen distorsionada que muchos tienen en Europa de ellos". Y es que según sus palabras, "se trata de personas muy pobres y que solo buscan una vida mejor, gente con ningún tipo de maldad ni crueldad y a las que, solo con mirar a los ojos, te transmiten el enorme miedo que tienen por la situación tan calamitosa y peligrosa que están atravesando".

"De hecho -continuó-, Emmanuel se dedica ahora en España a la venta ambulante, un trabajo que nadie quiere, a pesar de lo cual, cuando nos encontramos me dijo que se sentía muy feliz solo por el hecho de haber logrado su gran objetivo: llegar a Europa".

Aníbal Bernal pasa ahora unos meses en El Rompido, con su familia y junto al mar en el que a tanta gente ha visto morir y del que a tantas otras personas ha podido salvar la vida, pero a miles de kilómetros de "aquel horror olvidado por todos". Subraya que los amaneceres y atardeceres son igual de bonitos en ambos puntos y se relaja a orillas del Piedras viendo pasar los barcos. Unos barcos bien distintos a los que surcan continuamente las aguas del Mediterráneo, donde la muerte es el principal pasajero.

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