La moda que viene

  • El cambio de estación trae nuevos estilismos, entre los que destacan las prendas en tonos pastel, los lunares y los vaqueros de campana

El calendario y el Corte Inglés lo afirman: ya es primavera. Aunque las recientes e incesantes lluvias y las bajas temperaturas parezcan indicar lo contrario, la estación de las flores ya está aquí y es hora de cambiar los oscuros e invernales estilismos por otros más alegres y coloridos. Como cada año, la llegada de la primavera trae consigo tendencias mucho más divertidas que ya son todo un clásico, aunque cada temporada aparecen estilismos que se convierten en la estrella de la estación. Este año no iba a ser menos.

Si hay un color que esté en boca de todos ese es el violeta. Símbolo de la lucha feminista, este tono se ha podido ver durante todo el mes de marzo como reivindicación del papel de la mujer. Ahora el violeta se traslada a la moda y se convierte en el color estrella de la temporada. Vestidos, camisas y chaquetas, en su mayoría, son las prendas en las que se aprecia esta tonalidad, aunque no es la única protagonista de esta temporada. Acostumbrados a recurrir a tonalidades llamativas, como el verde, el naranja o el amarillo, esta primavera toman el relevo los tonos pasteles. Rosa palo, celeste bebé, amarillo claro o verde babi son los colores que toman fuerza esta temporada. En su mayoría, estos tonos están presentes -sin combinarse con otros colores- en vestidos, camisas y pantalones de pinza. Aunque jugar al contraste también es un acierto si se mezclan con tejidos vaqueros y desenfadados para no caer en un look demasiado azucarado.

Algo más aburridos que los colores predominantes en anteriores primaveras, estos conviven en los percheros con tonalidades más vivas que, lejos de presentarse en prendas monocromáticas, se entremezclan con otros colores para crear estampados de tipo tropical. Bombers -muy presentes en los armarios desde hace varios años-, sobrecamisas, cortavientos y kimonos se decoran con estos estampados que consiguen aportar alegría a estilismos más monocromáticos.

Clásico donde los haya, los vestidos negros regresan pisando fuerte. El negro es un color con el que siempre se acierta. Elegante, sobrio, femenino y tremendamente versátil, este color se convierte en el aliado perfecto esta temporada. Aunque esta primavera se observa en vestidos muy por encima de la rodilla y de corte años 70, el negro -una vez más- se puede emplear en cualquier traje y acertar. Aunque no es el único clásico que toma peso esta temporada. La mítica gabardina vuelve a estar presente esta temporada, algo de agradecer si vuelve a llover de forma insistente. De estilo oversize, a esta prenda se le asocian las tonalidades camel pero en esta ocasión las tendencias invitan a apostar por el rojo. Un estilismo muy de moda esta primavera es el pantalón vaquero con camiseta de rayas marineras y la gabardina roja. El toque del look lo aportan unas zapatillas deportivas en blanco.

En contraposición al monocromatismo de los colores de moda esta temporada aparecen los estampados. Con mucha fuerza llegan a las tiendas los lunares, en especial el estampado Pretty woman. Aquel vestido ocre con lunares blancos que lucía Julia Roberts sirve de fuente de inspiración para monos, faldas y todo tipo de vestidos. También se llevan los fondos negros con el topo en blanco -y viceversa- en bodys vaporosos y vestidos abotonados.

En lo referente a las prendas, las faldas midi siguen siendo un básico esta temporada. De corte años 50 y en seda, se puede combinar con un salón o con zapatillas deportivas para aportar al estilismo algo de informalidad. A las midi las acompañan también las faldas de napa (en tonos pastel) y las minifaldas vaqueras abotonadas en el centro y con las costuras en blanco. A pesar de que puedan resultar incómodos, los monos también están en auge esta primavera, en todas sus versiones: lisos, estampados, sofisticados o informales.

Dos tendencias muy potentes esta primavera son el look provenzal y el denim. Si años atrás lo étnico estaba en auge, esta temporada se llevan los vestidos folk, sueltos, en blanco y con flores. Muy informales pero con un toque de sofisticación, aportan juventud a cualquier estilismo. En el caso del vaquero, que nunca pasa de moda, la reinvención es clave. Los pitillos se sustituyen por cortes rectos (con flecos a la altura del dobladillo), las chaquetas se adornan y se agrandan y las campanas de principios de los 2000 se convierte en las grandes rescatadas.

El mundo del calzado permanece prácticamente inalterable, siendo las plataformas las protagonistas indiscutibles. Aunque los zapatos tipo babuchas -confortables pero de estética cuestionable- pretenden ser competidores directos de este tipo de calzado.

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