Ni una vuelta al ruedo en un festejo que resulta anodino

  • Abellán, Marco y Marín, fueron silenciados en un festejo en el que se lidió un encierro de Conde de la Corte, que retornaba tras 10 años a Pamplona

El festejo celebrado en el día grande, el día de San Fermín, en la denominada Feria del Toro resultó un tostón debido al poco empuje de los toros de Conde de la Corte, de pinta negra, que en su conjunto estuvieron bien presentados, con dos astados por encima de los 600 kilos. Pero una cosa fue la fachada y otra lo que llevaban dentro. Ninguno de los toros transmitió y las faenas carecieron de vibración y de interés para el público. Ni la zona de sol, con los mozos dedicados a sus cánticos, ni la de sombra, en la que se encuentran muchos aficionados veteranos, disfrutaron con un espectáculo que resultó plúmbeo en su conjunto y que se saldó con la indiferencia del público, con el resultado de seis silencios, si es que aquí, en la plaza de Pamplona, de se puede hablar de silencio. Parte del protagonismo, a priori, corría a cargo de la ganadería, Conde la Corte, que retornaba después de 10 años de ausencia al coso de Pamplona.

La carencia de empuje impidió desarrollar la buena condición que se atisbaba en algunos ejemplares del Conde en la que era la primera corrida de toros del abono pamplonica, tras la de rejones del domingo y el aperitivo novilleril del sábado. Los astados de la divisa extremeña, nobles pero carentes de raza y fuerza, abortaron el lucimiento de un espectáculo en el que la terna actuante, integrada por el madrileño Miguel Abellán, el local Francisco Marco y el barcelonés Serafín Marín, mostró su entrega en varias fases de la función.

Con Miguel Abellán se vivieron momentos angustiosos en la primera faena de la tarde. El diestro madrileño sufrió una fuerte voltereta, con la consecuencia de un puntazo en el glúteo, tras perder pie al entrar a matar, después de una labor en la que se justificó. Ante el cuarto, un buen toro, con clase, pero que se apagó pronto, comenzó toreramente el trasteo, pero todo se vino abajo. También sufrió en este toro otro revolcón.

Francisco Marco estuvo voluntarioso con el parado segundo, con un inicio de faena de rodillas y llegó a conectar en algún momento con los mozos, pero no pudo armar faena por el toro. Con el quinto también se la jugó sin fruto alguno. Desde la larga cambiada de rodillas con la que lo recibió hasta la suerte suprema, con una faena porfiona de por medio y un epílogo en el que apostó por las cercanías.

Serafín Marín consiguió sacar algunos muletazos de entidad a su primero, dando distancia. Pero el animal no duró y todo quedó en una prometedora faena. Con el deslucido toro que cerró plaza, el diestro barcelonés estuvo muy centrado.

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