Pablo Aguado deja una buena impronta en su debut en Madrid

plaza de las Ventas Ganadería: Novillos de Hermanos Sánchez Herrero, de grandonas y destartaladas hechuras, y muy deslucidos por su manifiesta invalidez. Primero y cuarto, por si fuera poco, desarrollaron muchas complicaciones. TOREROS: Miguel Ángel León, estocada tendida y catorce descabellos (silencio tras aviso); y estocada caída (silencio). José Ruiz Muñoz, nuevo en esta plaza, casi entera tendida (silencio); y estocada atravesada (silencio). Pablo Aguado, (nuevo en esta plaza): estocada trasera y descabello (vuelta al ruedo tras petición de oreja, con dos avisos); y pinchazo y estocada (ovación tras aviso). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Domingo 3 de abril de 2016. Un quinto de entrada en tarde gris y fría, con ligera llovizna al principio y fuerte chaparrón al final.

El novillero Pablo Aguado dejó muy buena impresión en la tarde de su debut en Las Ventas, en la que dio una vuelta al ruedo después de imponerse a un encierro inválido e infumable de Hermanos Sánchez Herrero, con el que se estrellaron de bruces tanto Miguel Ángel León como José Ruiz Muñoz.

El manto grisáceo del cielo de Madrid fue un presagio de lo que dio de sí la primera novillada del año en la monumental de Las Ventas.

Un espectáculo de lo más decepcionante por el deslucido comportamiento del sexteto de utreros perteneciente a la ganadería de Sánchez Herrero, que resultaron unos inválidos totales.

¿Para qué están los veterinarios? y, aún más, ¿para qué el presidente, que los mantiene después en el ruedo? Lo dicho, tarde para olvidar por el fiasco ganadero, a pesar de la buena imagen que dejó del debutante Pablo Aguado. Un oasis en la siberia madrileña.

Y eso que no tuvo tela que cortar en su primero, novillo sin fuerza alguna, con el que, no obstante, Aguado dejó detalles que hacen atisbar en él un sello que aúna personalidad, gusto y torería.

No fue faena compacta por lo poco que se prestó el inválido, sin embargo, tuvo interés a pesar del largo tiempo que estuvo delante, llegando a sonar dos avisos, el primero antes de montar la espada. Trajo gente Aguado, de ahí se explica la petición de oreja que hubo, mas todo quedó en una vuelta al ruedo con división de opiniones.

A la puerta de chiqueros se fue Aguado a recibir al que cerró la tarde, al que lanceó después con soltura y arrebato a la verónica. En la muleta volvió a calar el sevillano, toreando de maravilla por naturales de frente y a pies juntos. Detalles aromáticos, pocos pero muy buenos ante otro claudicante antagonista.

León jugó los brazos con destreza en las verónicas de recibo al que abrió plaza, un novillo de exageradas hechuras por altón y montado, y que se movió descompuesto, soltando la cara y echando el freno de mano en la muleta.

El joven sevillano porfió en las dos primeras tandas a derechas, pero a partir de ahí el animal empezó a acortar aún más el viaje, poniéndose complicado, tanto que, después de un desarme, llegó a pegarle un topetazo en el pecho cuando ensayaba el toreo al natural. Ahí se acabó todo. El petardo con el descabello, también fenomenal.

El cuarto fue un novillo pegajoso, a pesar de aparentar tener un buen pitón izquierdo por como colocó la cara en los capotes. Pero no. El de Sánchez Herrero se revolvía como una lagartija en la muleta de un Miguel Ángel León que demostró oficio aún sin llegar a estructurar faena, y que volvió a pasar algún que otro momento de apuro.

Ruiz Muñoz tuvo las peores de las suertes con el novillo de su debut en Madrid, inválido total, y que el presidente decidió mantener en el ruedo a pesar de sus continuas claudicaciones, derrumbándose incluso en banderillas.

Volvió a desplomarse en las probaturas de muleta, donde estuvo más tiempo en el suelo que de pie. El enfado de la gente, para qué decir, acorde con la desolación del sobrino nieto de Curro Romero.

Con el cuarto, y después de pasar alguna fatiga con el percal, Ruiz Muñoz optó por desentenderse de la lidia, encomendándose a su subalterno Alcalareño para que lo pusiera en el caballo. Y, como no podía ser de otra manera, se afligió pronto el hombre en la muleta ante un novillo muy deslucido por blando y descastado.

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