Feliz reaparición del rejoneador alicantino Andy Cartagena, que corta dos orejas

GANADERÍA: Toros de Los Espartales, con movilidad, salvo el quinto. TOREROS: Bohórquez, silencio. Cartagena, dos orejas. Galán, ovación. Moura, silencio. Mota, vuelta tras petición insuficiente. Manzanares, palmas. Incidencias: Plaza de toros de Castellón. Más de tres cuartos de entrada en tarde soleada.

Dos orejas y su correspondiente salida a hombros sellaron en Castellón la vuelta a los ruedos del rejoneador Andy Cartagena. Ocho meses ha durado el calvario de Andy Cartagena, contando día a día los grados que a duras penas iba ganando en la flexión de su pierna derecha, desde que hizo el 3 de julio del año pasado el paseíllo en Barcelona. Tres veces en el quirófano y tratamientos de dura rehabilitación. Cartagena, de 31 años, no ha perdido en este paréntesis un ápice de frescura en su estilo. El mismo ímpetu en su forma de interpretar, mezcla de heterodoxia y clasicismo. Como sigue fiel al planteamiento de citar de frente y reunirse al estribo, para que el toro tenga sus ventajas y surja lo auténtico: el toreo de poder a poder. Prologó su actuación un emotivo brindis a su padre y a su hermano, éste banderillero a sus órdenes. Y ya, muy bien en la forma de parar y fijar al toro, en corto y con temple. Dos rejones de castigo certeros y ajustados. Cuatro banderillas, arriba y reunidas. Y dos cortas al violín. Entre medias, un vistoso vaivén para citar, piruetas a la salida y espectaculares galopes a dos pistas. Mató a la primera y paseó las dos orejas en clima de apoteosis. Cartagena ha vuelto mejor que nunca.

Fermín Bohórquez firmó una actuación muy pura, arriesgando mucho, certero al clavar. Pero mal al matar. Sergio Galán, igualmente muy valiente, tampoco acertó con el rejón de muerte. Joao Moura se tomó más ventajas, rápido y despegado, también porque su toro colaboró menos. Noelia Mota se justificó con una entonada actuación, supervalorada por el cariño del tendido. Y José María Manzanares lució buenas maneras, aunque un tanto frío. Asimismo el rejón de muerte fue su gran hándicap.

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