Espectáculo a medio gas

  • Los sevillanos Antonio Nazaré y Oliva Soto y el albacetense y debutante Juan Luis Rodríguez recibieron sendas ovaciones · El festejo, de dos horas y media de duración, tuvo escaso contenido

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Todo quedó a medias. Media entrada, aproximadamente. Novillos a medias en su juego y novilleros que no consiguieron trasladar pasión a los tendidos. El festejo se hizo eterno, con dos horas y media de duración. Y Antonio Nazaré, Oliva Soto, que se despedía en la Maestranza como novillero, y el debutante Juan Luis Rodríguez no dieron ni una vuelta al ruedo.

La novillada de El Serrano, bien presentada y de juego dispar, no se lidió completa. El tercero, que se cayó reiteradamente, fue sustituido por otro del mismo hierro y el cuarto se destrozó el cuerno izquierdo al estrellarse contra un burladero y en su lugar saltó un ejemplar de Macandro, aceptablemente presentado y mansote.

El novillero que más calentó el ambiente fue Oliva Soto con el quinto astado, el mejor del encierro, un animal que cumplió en los dos primeros tercios y sirvió para la muleta. El camero lo recibió con lances a la verónica en su línea, un punto barroca. Brindó al cónclave el último novillo que lidiaba en la Maestranza. Fue un animal con clase. La tarde, con ya casi dos horas sin apenas pasajes artísticos reseñables, se vencía. Y el público, anhelante, se rompió en una gran ovación en un buen inicio de faena de Oliva con la diestra, con muletazos muy toreros. La música también se enganchó de inmediato a lo que parecía un acontecimiento. El torero hilvanó otra serie de buen corte con la diestra y otra con la zurda. Pero el novillo acabó por los suelos, la música se esfumó y el halo emocional desapareció. Al torero le sobró otra tanda, que resultó machacona. Únicamente se salvó en el epílogo un par de chispazos, como una crujiente trincherilla. Por lo arropado que estuvo el torero, parecía que podía llegar incluso a ser premiado con un trofeo. Pero en la suerte suprema no mató al primer envite. Y tras una estocada casi entera desprendida precisó de un descabello. Tardó mucho en caer el novillo y los ánimos del público se enfriaron. Recibió una fuerte ovación que recogió en los medios. Cuando iniciaba la vuelta al ruedo, la interrumpió ante las protestas de parte del público. Lo mejor, sin duda, el acierto en la ligazón y el dejar respirar al novillo, además de esos destellos que caracterizan la personalidad de Oliva, como un muletazo con la diestra, a pies juntos, citando de frente. Lo suyo, visto lo visto, hubiera sido preciso un resultado categórico de cara a su inminente alternativa en la próxima Corrida del Corpus.

En su primero, que brindó al empresario Eduardo Canorea, Oliva se mostró nervioso en la primera parte de una faena en la que debió doblarse y castigar a un novillo que cabeceó mucho y le enganchó reiteradamente la muleta. Mató mal.

Antonio Nazaré cosechó otra ovación en el novillo que abrió plaza, noble, pero escaso de fuerzas. Esbozó buenos lances, con naturalidad, aunque le enganchó el engaño. Con la muleta, en los medios, labor entonada por ambos pitones, con algunos muletazos suaves y templados y un serio revolcón, que acabó en un varetazo en la parte posterior del muslo derecho. Ahí acabó todo. Oliva se llevó un susto y la taleguilla rota por el glúteo cuando realizaba un quite en este novillo. Con el sobrero de Macandro, muy deslucido, Nazaré no tuvo opción para el lucimiento y estuvo desacertado con la espada.

El debutante Juan Luis Rodríguez despertó interés con el marmolillo tercero. Anduvo con cabeza, buena colocación y buenas maneras, robando muletazos, aunque faltó emoción y lucimiento artístico por la carencia de acometividad del novillo.

Con el sexto, que no rompió, el torero tampoco pasó la frontera de la precaución. Casi toda la labor la realizó fuera de cacho. Mató, sin dilación, de una estocada y escuchó por ello una ovación.

La única novillada del ciclo continuado resultó un fiasco. Exceso de metraje en un espectáculo a medio gas.

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