Utensilios de la lidia

Aquilatar la bravura

  • Varas, banderillas y estoque, esenciales en el espectáculo

Además de los avíos: el capote y la muleta, con los que el torero dibuja lances y pases, a lo largo de la lidia a pie se emplean distintos utensilios. Así, durante el primer tercio, el picador emplea la vara de picar para ahormar al toro; en el segundo, el banderillero se luce a cuerpo limpio y prende las banderillas o avivadores y en el último tramo, el diestro utiliza la espada en la suerte suprema para culminar su labor. Y en caso de que sea preciso, el propio torero descabellará con el verduguillo e incluso cabe la posibilidad de que al toro lo remate el puntillero con la puntilla.

En distintos puntos de España hay fabricantes especializados que sirven a los toreros estos utensilios y que constituyen trabajos artesanales que, por norma, pasan de padres a hijos. Hablamos con dos de ellos, que son los de mayor facturación en su especialidad, y que cuentan con el respaldo de los profesionales. Sus trabajos están destinados a toreros de España, Francia y América.

El puyero José Muñoz, con taller en Alcorcón (Madrid), explica: "La vara que hacemos es de madera de fresno americano y la puya, que es de acero, es una pirámide triangular que afilamos hasta ajustarla a las medidas exigidas. Cuando es una puya usada, la desmontamos y la limpiamos con hipoclorito sódico. Fue una medida preventiva que nos exigieron cuando la enfermedad de las vacas locas y que continuamos aplicando voluntariamente para que queden bien desinfectadas. Se venden en cajas de 14 puyas y el precio por caja es de 300 euros. A lo largo de un año servimos puyas para 1.600 corridas y de media se emplean en cada festejo una decena". El trabajo es de tradición familiar. Según José García: "Mi padre ya continuó en este trabajo desde 1947. Antes estuvo en manos de familiares suyos, que lo iniciaron en 1900. Todo el mundo lo ha conocido por Pedro el puyero y dirigió la empresa desde 1947. Yo empecé a trabajar con él a los 10 años. Tengo 63 años y ahora cedo el testigo a mi hijo José, que tiene 38 años. Aunque estudió Derecho y Ciencias Económicas, se dedica a ello por afición. No es un negocio para hacerse ricos, pero da para vivir honesta y honradamente".

La empresa que dirige José García también fabrica banderillas. En este caso, tras varios percances graves en los años 80 y 90, entre ellos el de Javier Vázquez, que perdió un ojo al clavársele el palo cuando toreaba de muleta, el tipo de banderilla cambió. Según el fabricante, "el palo es de madera de haya y el arpón de acero. Antes, al clavarlas se mantenían enhiestas. La actual banderilla de seguridad (que saqué en 1997), al clavarla se retrotrae y queda colgando gracias a un muelle que libera su péndulo al ejecutar la suerte el banderillero. La operación de montaje es algo más complicada que la banderilla de antaño por el sistema que digo. Pero los materiales son los mismos y se visten igual, con papel de seda. Fabricamos 100 pares al día".

En cuanto a los estoques, Enrique Muñoz, que trabajó en la mítica casa Luna, ya desaparecida, montó su negocio hace dos décadas. Ahora lo dirige su hijo Luis Enrique Muñoz y en la empresa trabaja como empleado especializado Juan Pablo Benito. Según Enrique Muñoz "empleamos un acero especial, del que no quiero desvelar su procedencia. El trabajo es muy laborioso porque todo ello es un proceso a mano. En un mes se pueden fabricar dos o tres espadas. Los pasos son los siguientes: se forja, golpeando el acero, en fuego; se la hace, es decir se da la medida solicitada; se templa con un aceite de temple; se le dan cortes; es decir, se la afila o vacía; se pule la espada con un disco de pulido y por último se la viste, colocándole en la empuñadura las cintas y gamuza". En éste caso, el proceso lo realiza una misma persona en el taller y el coste de una espada para la suerte suprema es de 1.102 euros. También fabrican verduguillos, con el mismo tipo de acero y precio. Y puntillas, también de igual material, con puño de madera y un coste de unos 100 euros.

El verduguillo se diferencia fundamentalmente de la espada en la cruceta que lleva próxima a la punta. Debido a que saltaban habitualmente las espadas a los tendidos y hubo incluso accidentes mortales, como sucedió en La Coruña, cuando saltó un estoque a la hora de descabellar Belmonte, fue en la temporada de 1934 cuando se abrió un concurso y entre los 50 inventos presentados se eligió el del diestro madrileño Vicente Pastor.

La espada

Tiene una longitud máxima de acero de 88 centímetros desde la empuñadura a la punta. Y el verduguillo tiene un tope fijo en forma de cruz de 78 milímetros de largo, compuesto de tres cuerpos; uno central o de sujeción de 22 milímetros de largo por 15 de alto y 10 de grueso, biseladas sus aristas, y dos laterales de forma ovalada de 28 milímetros de largo por 8 de alto y 5 de grueso. El tope ha de estar situado a 10 centímetros de la punta del estoque.

La vara

Según el Reglamento Andaluz "será de madera de haya, fresno o de cualquier otro material sintético resistente…las puyas tendrán la forma de pirámide triangular de acero, con aristas o filos rectos y caras planas, y sus dimensiones, serán: 26 milímetros de largo en cada arista por 19 milímetros de ancho en la base de cada cara o triángulo; estarán provistas en su base de un tope de madera o plástico PVC que sujete la pirámide. El referido tope, de forma cónica, deberá tener 25 milímetros de diámetro en su base inferior y 50 milímetros de largo, terminado en una cruceta fija de acero, de brazos en forma cilíndrica, de 50 milímetros desde sus extremos a la base del tope y un grosor de 8 milímetros… La longitud total de la garrocha o la vara con la puya ya colocada en ella será de 2,55 a 2,70 metros. En las novilladas con picadores se utilizarán puyas de las mismas características, pero se rebajará en tres milímetros la altura de la pirámide".

Las banderillas

El Reglamento Andaluz exige que "las banderillas deben ser de modelos que se retrotraigan o cuelguen tras su incursión, con empuñadura de madera no superior a 22 milímetros de diámetro y con una longitud total del palo, incluida la empuñadura, no superior a 70 centímetros, y de un grosor no superior a 18 milímetros de diámetro… El arpón será de una longitud no superior a 60 milímetros, de los que 40 milímetros serán destinados al arponcillo, que tendrá una anchura máxima de 18 milímetros".

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