Adela Úcar, '21 días'

"Cada reportaje te deja, de una u otra forma, una pequeña cicatriz"

  • La periodista de Cuatro disfrutaría adentrándose 21 días en "temas imposibles" como el reporterismo de guerra o la cárcel.

Tras varios años recorriendo el mundo con los documentales de Discovery Channel, a esta bilbaína parecía que nada podría sorprenderla. Pero hace dos años Cuatro dio un giro radical a su vida cuando la puso al frente de 21 días, de la productora Bocaboca. "Porque no es lo mismo contarlo que vivirlo", asegura la reportera en el arranque de cada programa. Y así debe ser. Adela Úcar se convierte cada mes en protagonista en la sombra de sus reportajes. La sencillez y la naturalidad con la que afronta cada tema siguen siendo su mejores tarjetas de visita y hoy se mete en la pel de los ludópatas

-A pesar de que ésta es su cuarta temporada, todavía sigue sorprendiéndose con sus reportajes...

- Eso es lo que procuramos. Piensa que si se acaba la sorpresa, se pierde una parte importante del programa. En cada reportaje hay una parte de factor sorpresa que aporta mucho a la esencia de 21 días y con la que, además, se suele identificar el espectador.

-Cada vez tienen que afinar más los temas para diferenciarse de otros programas de reportajes. Esta vez la hemos visto convivir con una comunidad menonita, que vive ajena al progreso, y pronto la veremos buscando oro en Perú. ¿A quién se le ocurren los temas?

-Generalmente suelen partir del equipo de 21 días, pero hay veces que los espectadores nos proponen temas a través de las redes sociales. Suele ser gente comprometida y que ve el programa. No sólo nos apuntan posibles temas, sino que también nos critican y nos dan consejos. Yo acepto muy bien las críticas y soy de las que se va a la cama dándole vueltas a lo que me han dicho. Hay temas que nos gustarían hacer, pero que por las características del programa son imposibles.

-¿Por ejemplo?

- Me encantaría pasar 21 días en la cárcel o como corresponsal de guerra, pero son dos temas imposibles. El primero porque ni he delinquido ni soy funcionaria de prisiones, por lo tanto, no podría permanecer 21 días entre rejas; y el segundo, porque si pasara algo sería una responsabilidad grande no sólo para el programa sino para el Gobierno por autorizarlo.

-En estas cuatro temporadas, ¿Hay alguna experiencia que le haya marcado?

-Cada reportaje, de una u otra forma, te deja una pequeña cicatriz porque date cuenta que son 21 días viviendo los temas en primera persona. No obstante, los más extremos son los que más te impactan. Si tuviera que elegir sólo uno te diría que el primero, el del vertedero. Me marcaron las circunstancias de abandono, droga y contaminación que viven los que acuden a trabajar allí cada día.

-¿En alguna ocasión ha pensado que el reportaje que grababa le venía grande?

-Hay situaciones que te sobrepasan, pero es también interesante que reflejes la situación difícil por la que estás atravesando. Así se humaniza la figura del periodista y queda constancia de que ni somos fríos ni sabemos qué nos va a pasar. Este tipo de situaciones difíciles son parte de la noticia porque le dan sentido a lo que está ocurriendo a tu alrededor. Cuando sientes que tu vida está en peligro ves la realidad que vive cada día esa persona a la que acompañas. Lo que te pasa a ti da una dimensión a lo que pasa en cada situación.

- Un formato como éste ¿tiene una vida corta para el reportero que se pone al frente?

-En cierto modo sí, por el agotamiento físico y psíquico que produce. En cada reportaje debes poner una entrega enorme, tanto profesional, como personal y psicológicamente. El año pasado estuve nueve meses fuera de casa, a lo que hay que añadir la exposición a la que te somete este programa. Te muestras no sólo como periodista sino como persona. Dejas al aire cómo eres y no puedes separar tu vida personal de la laboral.

-¿Que es lo primero que hace cuando llega a casa después de cada reportaje?

- Independientemente de la hora a la que llegue, me gusta meterme en la cama y quedarme parada mirando mis cosas. Llego con ganas de hablar poco y con ganas de comerme todo lo que me gusta. Como si fuera Navidad.

-¿Y le da tiempo a desconectar entre programa y programa?

-A veces no. Siempre pasa lo mismo. Cuando estoy en casa no me apetece marchar, pero cuando llego al avión se me ha pasado y ya tengo la cabeza en el reportaje.

-Después de haber recorrido medio mundo como reportera de viajes y de haber convivido con tantas personas ¿Qué le gustaría hacer?

-De momento tengo marcha en el cuerpo y me gustaría seguir. Cuando cambie 21 días por algo más sosegado me encantaría profundizar en la radio y en la prensa. Son mis asignaturas pendientes. Quizá ese día llegará cuando sea madre.

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