El caos y la 'improvisación danesa' eclipsan la cumbre de Copenhague

  • La segunda semana de la cumbre comenzó con el centro de conferencias colapsado y con miles de periodistas, delegados y miembros de ONG soportando colas de nueve horas en la nieve.

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La segunda y decisiva semana de la cumbre mundial del clima en Copenhague comenzó de la peor manera posible: con el centro de conferencias colapsado y con miles de periodistas, delegados y miembros de organizaciones no gubernamentales soportando colas de más de nueve horas bajo el intenso frío nórdico. El caos organizativo de las Naciones Unidas sumado a la -inesperada- improvisación danesa serán difíciles de olvidar.

"!Avergüénzate, Naciones Unidas!", "queremos entrar, ¡queremos entrar ahora!" y "ONU, sois unos tercermundistas" fueron tres de los lemas que más se escucharon al comienzo de la segunda semana de la cita mundial contra el cambio climático, que pretende sentar las bases para un acuerdo que supere al desfasado Protocolo de Kioto.

Muchos periodistas llevaban desde las 09:00 en una cola interminable, soportando el frío intenso, con la vana esperanza de conseguir una acreditación para lograr traspasar las puertas del lugar donde se desarrolla la conferencia, el recinto Bella Center, a una media hora del centro de la capital danesa, colapsado por cerca de 20.000 periodistas.

A la ya de por sí difícil prueba de resistencia física (y psíquica), con vientos gélidos, y una cruel mezcla de lluvia y copos de nieve a modo de martillo, se sumó la falta de cualquier tipo de información por parte de la policía danesa encargada de velar por la seguridad, que parecía sorprendida -y por supuesto desbordada- por una situación que se le escapó de las manos.

El avance de la cola, en el que se mezclaban reporteros, miembros de ONG o delegados, fue a paso de tortuga. La situación se hizo especialmente penosa porque esa serpiente humana llegó a alcanzar más de medio kilómetro de distancia.

Un sencillo cálculo permite comprobar que el movimiento fue casi imperceptible, para desesperación de las miles de personas que intentaban acceder al centro. Cuando, por fin, se atisbó la entrada del Bella Center, la masa fue informada de que una de las máquinas para realizar las fotografías de acreditación se había estropeado. La respuesta de los sufridos periodistas fue inmediata: "¡La ONU nos trata como animales, los periodistas tenemos también derechos humanos!". El enfado es comprensible. Muchos de los profesionales de la información llegaron a las 09:00 o 10:00 y a las 18:00 de la tarde todavía no habían logrado su objetivo.

La durísima espera sólo tuvo algunos momentos más dulces cuando algunos grupos de activistas de la organización Greenpeace o plataformas de vegetarianos pacifistas se mezclaron con los miles de personas para realizar proselitismo a su manera: unos repartiendo folletos y otros regalando bocadillos.

Los bocadillos de la ONG vegetariana SOS salvad el planeta fueron -de hecho- el único momento agradable de la sufrida espera. Ni la policía danesa ni los guardias de seguridad de la ONU fueron capaces de salir del recinto a comprobar si alguna de las personas que esperaban, algunos desde hacía 8 horas, había sufrido una hipotermia o algún colapso cardíaco.

A la pregunta sobre si era posible "obtener información" sobre la lentitud en las acreditaciones, la respuesta de uno de los policías daneses fue muy clara: "Lo siento señor, éste no es territorio danés, se trata de una conferencia de la ONU y este es territorio de la ONU". Según avanzaban las horas, el grito se hizo cada vez más fuerte. "Somos seres humanos, la ONU nos trata como bestias" fue uno de los más coreados.

Desde hace varias semanas, los organizadores de la cumbre mundial del clima en Copenhague sabían que sería en la segunda -de las dos semanas que dura el evento- cuando era previsible la mayor afluencia de público. No obstante, según se ha visto, la alarmante falta de previsión, el caos organizativo y la desidia, tanto de las autoridades danesas como de los bien pagados efectivos de las Naciones Unidas, han dejado la imagen de la organización internacional y del pequeño país del norte de Europa en una posición pésima.

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