El fraude llega al 7% de los productos que compran las familias españolas

  • El Instituto Nacional de Consumo analizó en 2007 un total de 8.500 muestras de alimentos y tejidos · Varias asociaciones ciudadanas piden al Gobierno en el Día de los Consumidores más implicación

El Instituto Nacional de Consumo (INC) analizó 8.500 muestras de productos alimenticios o textiles sospechosos en 2007, lo que supone 2.500 más de las que se analizaban al inicio de la legislatura pasada. El año pasado se detectó fraude en el 7% de los productos (595), en los que se verificó que no cumplían con lo descrito en su etiqueta.

El etiquetado de un producto debe permitir conocer si una prenda de vestir tiene fibras animales o si un fiambre de pavo no contiene ningún otro tipo de carne en su composición. Se asegura así que el consumidor lo compre o lo rechace de acuerdo a sus apetencias, necesidades de salud (relativas al gluten o el colesterol, por ejemplo) o incluso sus creencias religiosas, dado que los judíos o los musulmanes rechazan determinados tipos de alimentos.

Las muestras de productos son analizadas en el Centro de Investigación y Control de la Calidad (CICC) ubicado en Madrid y considerado un laboratorio de vanguardia a nivel europeo, por las novedosas técnicas de las que dispone, que permiten análisis basados en estudios sobre ADN, RNA, proteínas o anticuerpos, o en técnicas físicas como microscopía electrónica. "Se detectan fraudes, pero no son mayoritarios", dijo la directora general de Consumo, Ángeles de las Heras, en una jornada de puertas abiertas del CICC con motivo de la celebración del Día Mundial de los Derechos de los Consumidores, que se celebra hoy.

Las muestras que llegan al laboratorio pueden tener dos procedencias: bien porque forman parte de las dos o tres prospecciones específicas que se realizan de forma anual o bien porque son productos que los inspectores de mercado han considerado previamente que son sospechosos. En ese caso de acción directa de la inspección, se toman tres muestras. Si el primer análisis detecta fraude, se hace un segundo análisis que, si da igualmente fraudulento, pone en marcha el proceso legal y sancionador. Si el resultado de la segunda muestra no coincide con el de la primera, se analiza la tercera muestra, que es la que resuelve la duda. "El sistema de control de consumo existe y es seguro", explicó el doctor Agustín Pons, director del CICC.

Saber con certeza cuál es el contenido de un producto alimenticio va en ocasiones mucho más allá de las simples preferencias del consumidor. Así, los musulmanes deben conocer previamente si un alimento es halal o permitido por el Corán porque no presenta en su composición ingredientes o sustancias provenientes de animales prohibidos, como el cerdo. Las personas que profesan el judaísmo deben estar seguras a través del etiquetado si la carne procede de cuadrúpedos rumiantes o de pezuña hendida. Un caso similar es el de los hindúes o los shiks, cuya religión les veta el consumo de carne de vaca.

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