Clinton ofrece dinero y acorrala a China para forzar un acuerdo

  • La solución a la disputa entre China y EEUU se antoja clave para salvar la cumbre de Copenhague.

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La cumbre del clima en Copenhague se prepara para sus últimas negociaciones, mientras el núcleo central de las discusiones se centra en la disputa entre Estados Unidos y China, los dos grandes contaminadores globales, que mantienen un tenso pulso para ver quién cede ante el rival.

Un movimiento maestro de esta partida correspondió a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. Su intervención ante el plenario sorprendió, al anunciar que Washington está dispuesto a contribuir al fondo global de 100.000 millones de dólares hasta 2020, necesario para que los países pobres del planeta puedan luchar contra el cambio climático.

Pero, siguiendo el principio político no escrito de la reciprocidad (el quid pro quo), Clinton exige ahora "transparencia" a China. Bajo esa palabra se oculta parte de la clave que podría desbloquear las negociaciones y salvar la cumbre, que parecía esta tarde abocada al fracaso.

Aunque el primer ministro chino, Wen Jiabao, se ha comprometido a que su país reduzca sus emisiones de C02 en función del PIB (la denominada "intensidad carbono"), ha rechazado en numerosas ocasiones las peticiones para una verificación de esas promesas por terceras partes (independientes).

A lo que sí se comprometió China fue a recortar sus emisiones de C02 de forma "transparente", aunque reiteró que no aceptará la supervisión de ningún organismo internacional. "Prometemos que nuestras acciones (de reducción de emisiones) se harán de forma transparente y que se llevarán a cabo bajo la supervisión de la ley y bajo los ojos de la prensa", subrayó el negociador chino Hu Yafei, quien hablaba en nombre del primer ministro de su país, Wen Jiabao. China consideraría las inspecciones de parte de un organismo internacional como una "injerencia" en sus asuntos internos.

Precisamente, en su intervención ante el plenario, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró que ni China ni Estados Unidos pueden permitirse un fracaso de esta "cita histórica". Ni Pekín ni Washington "pueden eludir su responsabilidad ante el mundo", subrayó.

Mientras, los asistentes a la cumbre, en la que participan cerca de 120 líderes mundiales, esperan con una mezcla de ansiedad y esperanza la llegada, prevista para mañana, viernes, del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien podría dar el impulso definitivo a un acuerdo junto con Jiabao.

Conscientes de las dificultades de la situación y para intentar buscar los consensos, se ha celebrado al margen de la cumbre climática, una mini-cumbre de la Unión Europea, con la presencia -entre otros- de José Luis Rodríguez Zapatero, del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, del presidente francés, Nicolas Sarkozy y del primer ministro laborista británico, Gordon Brown.

Mientras tanto, otros líderes mundiales, como el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, también hicieron un llamamiento al acuerdo y en ese sentido, Lula instó a no dejarse guiar por el egoísmo. "No es políticamente racional ni moralmente justificable poner los intereses corporativos y sectoriales (en referencia a los lobbies industriales, muchos de los cuales no tienen interés en un acuerdo) por encima del bien común de la humanidad", aseguró.

También la canciller alemana, Angela Merkel, expresó su preocupación por la posibilidad de un fracaso de la cumbre, que pretende superar el actual Protocolo de Kyoto, que expira en 2012. "Tenemos una responsabilidad colectiva", alertó. Por su parte, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, lanzó la voz de alarma y pidió un acuerdo porque en caso contrario -dijo- "las generaciones futuras no nos lo perdonarán".

Clinton recordó el compromiso de reducción de emisiones asumido por su país: un 17 por ciento en 2020 respecto a los niveles de 2005; un 30 por ciento en 2025; un 42 por ciento en 2030; y más de un 80 por ciento en 2050. Pero de ahí, Estados Unidos no saldrá. China parece también encasillada en su última oferta de un 45 por ciento de reducción de C02 en función de su PIB, y tampoco parecía esta tarde dispuesta a cambiar esa postura, que considera "suficientemente generosa". "El momento de acusar a China ya ha pasado. Estamos perdiendo un tiempo precioso para avanzar en las negociaciones", aseguró uno de los miembros de la delegación china.

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