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El fútbol exige un mínimo de ganas (2-1)

  • El Sevilla cae ante el Leganés por la sencilla razón de que no llega a comparecer tras el éxito en la Liga de Campeones

  • De la saturación evidente en los casos de Banega y Franco Vázquez a la desidia en Nolito…

Banega conduce el balón, perseguido por los jugadores del Leganés. Banega conduce el balón, perseguido por los jugadores del Leganés.

Banega conduce el balón, perseguido por los jugadores del Leganés. / Inma Flores

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El Sevilla le echó una nueva mancha a su ejercicio 2017-18 y lo que es peor, esta vez lo hizo por pura desidia, no por incapacidad. Los sevillistas no supieron prolongar el estado dulce después de la histórica clasificación contra el Manchester United por la sencilla razón de que decidieron tomarse una mañana de sesteo en su visita al Leganés. Fruto de ello, lógicamente, cayeron derrotados y, ojo, que todavía se le puede complicar hasta el objetivo menor, el básico, de no cumplir con las obligaciones de cualquier profesional de disputar todos los partidos en los que se ven obligados a participar como si en ellos se entregara una copa al final del mismo.

No sucedió eso, para nada, con todos los profesionales que comparecieron en la fría mañana de Butarque. El Sevilla, después del éxito en la Champions, salió con casi los mismos futbolistas al césped, exactamente todos menos Nolito, Layún y Ben Yedder, pero su imagen no tuvo absolutamente nada que ver con la que ofreció en Old Trafford. Montella no fue capaz de transmitirles la misma motivación a los suyos y éstos, sencillamente, pensaron que tenían suficiente con andar por el césped a la espera de que les cayera la breva por madura para sumar un triunfo más que necesario.

Nada que ver con la realidad. A pesar de que el Leganés tampoco se parece en nada al que disputó las semifinales coperas contra ellos y de hecho llegaba después de una racha indigna, los locales fueron con más interés por todos los balones, pelearon lo suficiente para hacerse acreedores al triunfo y al final acabaron festejándolo después de un litigio que dejó muy poco para el recuerdo por parte y parte.

Pero el partido sí tiene motivos para ser diseccionado con calma. Montella no varió para nada el esquema de juego y siguió apostando por la misma base con la que se está manejando desde su llegada. El problema no estaba en el descanso, que desde el martes, cuando los suyos se exhibieron en Old Trafford, hasta el domingo habían tenido tiempo de sobras para la recuperación; la cuestión a analizar está en la saturación de determinados futbolistas que tienen una capital importancia en este equipo.

En este sentido, llamaron poderosamente la atención los casos de Banega y Franco Vázquez, pues los dos argentinos parecieron saturados de tantas exigencias. Ambos perdieron muchos balones durante el primer periodo y de esta manera arrastraron al resto de los suyos, que veían cómo se rompía la principal canalización del fútbol de la escuadra de Montella. Es lógico preguntarse al respecto por qué Roque Mesa y un segundo delantero, léase Sandro o quién fuese, no tuvieron una oportunidad desde el arranque. Claro que esto puede sonar a ventajismo después del resultado final, pero es evidente que tanto Banega como Franco Vázquez transmitieron durante todo el choque que no tenían la mente fresca para manejar a los suyos.

Ambos, sin embargo, pueden tener el eximente del esfuerzo al que se están viendo obligados desde que el entrenador italiano se hizo cargo del equipo y apenas le ha dado minutos de descanso, algo, por otra parte, que siempre quieren todos los futbolistas. Más lacerante puede ser el caso de Nolito, al que Montella quiere meter en la pelea, pero que se empeña en devolver la camiseta una semana tras otra. El partido del sanluqueño fue de lo más decepcionante, cabe esperar que incluso para él mismo si tiene el amor propio que se le supone por sus gestos.

Nolito no fue capaz de generar ni una sola acción de peligro por su perfil, ni siquiera cuando realizó tres fintas en el minuto 16 y su disparo se estrelló en un futbolista del Leganés después de esos caracoleos. Pero no sólo eso, su físico parecía el de un futbolista que había jugado en Manchester con una ficticia prórroga incluida. El colmo fue cuando en un córner en corto ni siquiera estuvo atento al saque pese al grito de Sergio Rico y ahí se generó el gol de Bustinza. Un verdadero desastre que se agudizó en el segundo periodo cuando se resbaló cada vez que el balón se le acercó antes de ser sustituido sobre la hora de juego.

Por supuesto que sería injusto centrarlo todo en Nolito, también hay que resaltar la incapacidad de Montella para reaccionar con los cambios, pues hasta el minuto 62 no se propuso agitar el juego cuando los suyos perdían y eran incapaces de reaccionar. Ahí lo que ideó fue un hombre por hombre, con Sandro por Nolito, pese a que el canario se mueve mucho mejor por dentro. El Sevilla, está claro, no reaccionaba y bastó con una pérdida de Sandro para que el castigo fuera cruel en una jugada en la que el Leganés arranca cuando comprueba que nadie lo seguía, señalándose en ese 2-0 N’Zonzi al partir tarde en busca de Eraso.

Con 2-0, el Sevilla sí movió algo el árbol, acumuló delanteros, pero sólo le sirvió para marcar ya tarde, cuando incluso había perdido a Sarabia por una tarjeta que sólo vio Alberola Rojas. Aunque qué más da, los cuartofinalistas de Champions ya habían perdido desde mucho antes por la sencilla razón de que no habían comparecido en Butarque. El fútbol exige un mínimo de ganas, al Sevilla y al mejor equipo del mundo.

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