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Menos activado, cualquier cosa (1-2)

  • El Sevilla se despide de su modélica racha casera ante la Real al no llegar a conectarse jamás al juego. Ni siquiera con el rápido gol tras el descanso y la expulsión de un rival reaccionaron los hombres de Emery.

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Punto final a la excelente racha del Sevilla en el Ramón Sánchez-Pizjuán por la sencilla razón de que los nervionenses afrontaron el encuentro con una activación cero. No fue sólo encajar un gol en una jugada de estrategia apenas al minuto y medio de juego por un despiste de Krychowiak en el marcaje, fue una sucesión de insensateces desde el minuto uno hasta el 96, que es el resultado del tiempo añadido por Clos Gómez. Los anfitriones jamás agarraron las riendas del juego y fueron lo más parecido a cada vez que han ejercido como forasteros, sin orden, con futbolistas haciendo la guerra por su cuenta, sin saber las circunstancias del juego incluso cuando la Real Sociedad se quedó con un futbolista menos con muchos minutos por delante. En lo único que no se parecieron al catálogo de partidos como visitantes fue en que sí buscaron la portería de Rulli.

Pero eso no fue suficiente para doblegar a una Real Sociedad que se envalentonó con el gol inicial y no tuvo nada que ver con esa imagen de equipo indolente que ha mostrado en la mayoría de sus partidos tanto con David Moyes como con Eusebio Sacristán. Los donostiarras sí corrieron esta vez hasta la extenuación y tal vez ésa fuera la circunstancia que no se esperarían los futbolistas que defienden la camiseta del Sevilla. Con tantos vídeos como les ponen de los rivales, habrían sacado la imagen de que enfrente estaría un adversario que rara vez le mete sangre a su juego y que se diluye como un azucarillo cada vez que se siente apretado en el campo. Evidentemente, esta vez no fue así y en ello tuvo mucho que ver tanto el planteamiento de su entrenador, sin ningún delantero referencia, como la propia puesta en escena de un Sevilla que parecía que no se estaba jugando lo que aún le quedaba por pelear en esta Liga.

Y se utiliza el verbo quedar en pasado porque tras este primer traspié como local después de muchos meses el objetivo por el que estaban luchando los nervionenses se va ahora a los nueve puntos de diferencia, que son los que tiene a su favor el Villarreal tras los resultados de ayer. De no suceder algo cercano a lo sobrenatural, el cuadro de Unai Emery deberá pensar ya en otras cosas y esta vez lo será, además, por sus propios deméritos, por no ser capaz, entre otras cosas, de haber sumado ni uno solo de los seis puntos que ha litigado con el club de los amores del entrenador nacido en Fuenterrabía.

Yendo por partes, sin embargo, hay que centrarse en el análisis de lo sucedido ayer, en la pérdida de ese aura del Sánchez-Pizjuán por parte de un Sevilla que no había caído en su feudo en Liga desde que lo había avasallado el Celta con los calores del verano aún. Emery no logró activar a sus futbolistas ni con sus palabras en la previa ni con sus entrenamientos a puerta cerrada de la semana ni con la elección de los hombres para afrontar este choque. Para empezar, porque no fue capaz de reaccionar a los elementos que también ponía en liza una Real sin ningún delantero puro. Parecía evidente en el planteamiento inicial que sobraba un medio centro defensivo y que faltaba otra pieza de ataque más cerca de Gameiro. Justo lo que decidió el técnico vasco en el descanso con la sustitución de Iborra por Cristóforo, algo que, como opinan algunos entrenadores más viscerales como Paco Jémez, no estuvo muy claro porque no se produjo en torno a la media hora cuando ya se hizo tan evidente ese error de planteamiento del juego.

Pero Emery, tal vez por el reparto de los minutos tan científico que establece para administrar los esfuerzos con lo que le viene encima a los suyos, decidió que no debía modificar nada hasta el intermedio y el resultado fue que los suyos ya se fueron a esa fase de recuperación con dos tantos en contra. ¿Demasiada distancia?, puede ser, pero cuando está enfrente esta Real Sociedad todo es posible debido a su carácter escasamente competitivo en la mayoría de las ocasiones, no ayer por supuesto.

El Sevilla, con esos dos medios centro defensivos, no fue capaz de colocar a uno de ellos entre los centrales para sacar el balón desde atrás tras el golpe que había supuesto el gol inicial de la Real. Ni Krychowiak ni Cristóforo se acercaban a Sergio Rico para que los centrales se abrieran y comenzara la elaboración del juego. El resultado fue que los donostiarras daban un paso adelante y presionaba hasta provocar un pelotazo por parte del guardameta o de uno de los centrales al verse hostigados.

El castigo se incrementó cuando Krychowiak aumentó un poco más su mala racha contra este equipo y puso el cero a dos. Más o menos fue cuando el Sevilla disparó por primera vez a puerta en un doble intento de Gameiro y Vitolo y cuando el francés tuvo la primera ocasión clara en un buen pase de Banega. Entonces llegó el segundo mazazo, con un Reyes absolutamente perdido y con todo el equipo sin norte, lo que parecía indicar que la cuestión ya era poco menos que imposible.

Pero no, la Real, esta Real, otorga segundas oportunidades al rival y nada más reanudarse el juego regaló el penalti de Markel Bergara a Krychowiak. El partido, aunque le pareciese mentira a la mayor parte de los sevillistas, volvía a abrirse para los locales. Esto provocó un mayor brío del Sevilla, ya con Iborra por Cristóforo, pero los hombres de Emery pecaron de un exceso de conducción, de darle muchos toques al balón. Ni siquiera cuando la Real se quedó con diez por la autoexpulsión de Markel Bergara, fue capaz de activarse de verdad el cuadro local. Eran intentos individuales, centros de Mariano que casi siempre topaban con el rival más cercano, todo muy obtuso. Sólo Gameiro pudo marcar cuando se lo regaló la propia Real, pero tampoco. No estaba el día para el Sevilla, que se cerró la puerta de la Liga, y sólo cabe esperar para sus intereses que con este partido se haya activado para la cita en Bilbao del jueves...


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