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Sólo queda esperar la primavera

  • El Sevilla de Míchel, ya con un balance negativo, tiene que empezar a mirar con preocupación la tabla y resucitar con la entrada de la nueva estación. La afición, muy elogiada por el rival, se homenajeó.

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El próximo miércoles, día 21, entra la esperada primavera, mientras el Sevilla viaja a Santander. En El Sardinero afronta la primera de dos salidas que pueden marcar el rumbo de las últimas once jornadas. Y al equipo de Míchel, que ya presenta un balance negativo (tres derrotas, dos victorias y un empate) no le queda otra que resucitar, como la primavera, para no meterse en un lío. Europa, no, realismo.

Ayer el Sevilla cumplió con el guión, quiso y no pudo ante un equipo superior, un Barcelona que ganó con comodidad y que no sólo gana por su excepcional panoplia ofensiva, sino que también venció en la puesta en escena defensiva. Este equipo, esta plantilla, tiene a demasiados futbolistas que, por actitud, aptitud o edad, no saben defender. Y eso es letal ante el equipo de Guardiola, en el que Messi no sólo es el emblema de su juego preciosista, sino el primero en hostigar con criterio y capacidad física a los defensores contrarios. Baste un ejemplo para ilustrar la superioridad en la faceta defensiva del Barça: en el minuto 49, Pedro hostigó de tal forma a Reyes en el área azulgrana que los sevillistas reclamaron penalti. Un atacante defendiendo a otro en su propia área, algo que es casi imposible pedirle a Kanoute y que sí habría que solicitar de otros futbolistas que no saben o no quieren, desde el propio Reyes hasta Manu del Moral o Rakitic.

Es la misma cantinela de siempre, ésa que dicta que el Sevilla juega con demasiados efectivos, y efectistas, atacantes para acabar muriendo por la inanición de su medular y su defensa. Es el agujero blanco que persiste semana tras semana por una equívoca filosofía de juego que está dejando a este equipo con números paupérrimos, pues tampoco sabe sacar provecho de su presunto talento ofensivo. ¿27 goles en 27 partidos y 33 puntos? Ésa es la realidad.

Míchel, optimista y hasta bromista en la víspera, debería ir pensando en cómo sacarle rédito a este grupo, en quien pocos confiaban que pudiera tutear al Barcelona. La distancia es sideral y se plasmó sobre el campo, en un ejercicio de impotencia ante el que reaccionó la afición sevillista dándose un homenaje a sí misma. Los cinco minutos finales con la grada norte cantando sin parar y siendo seguida por gran parte del estadio fue una manifestación de resignación y de autoafirmación, un esto es lo que hay que no merma la lealtad a un escudo y una camiseta. Su actitud impresionó al rival: "Partidazo en el Pizjuán, ambientazo como siempre. ¡Qué afición tiene el Sevilla!", puso Víctor Valdés en su Twitter. Y Thiago lo secundó: "Se me ponía la carne de gallina con la afición del Sevilla. Nota, 10".

Por ganas, por voluntad y hasta por ocasiones aisladas pero claras, el Sevilla mereció al menos un golito, para que su hinchada soltara en un grito unánime esa sensación de impotencia y fuera premiado su aliento. Al menos eso, pero en realidad, incluso si el cabezazo de Manu no hubiese ido a la escuadra o hubiera afinado en alguno de sus remates o Kanoute hubiese acertado al final, el resultado habría sido el mismo, la derrota de un equipo que no tiene lo mínimo para asustar al gigante azulgrana. Sólo cabe esperar que resucite desde ya, aprovechando que llega la primavera.

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