Sacar el balón de atrás, déficit que preocupa o que debería preocupar

  • Los últimos partidos demuestran que el Sevilla no tiene a los jugadores idóneos.

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La clara victoria en el marcador final sumada por el Sevilla en el partido del jueves en Santander (0-3) no debe esconder una de las limitaciones que más problemas está acarreando al equipo de Míchel esta temporada. De hecho, lo expuesto en determinadas fases del duelo ante el Racing alimenta incluso más las dudas sobre una cuestión que está lastrando el comportamiento correcto de un equipo de fútbol.

Una de las cuestiones que Míchel ha querido cambiar a su llegada al Sevilla, reconocido por varios futbolistas de la zona de atrás, es la manera de sacar el balón jugado desde la defensa. Pero ello, si  no es con los jugadores idóneos, puede convertirse en un problema más que en una virtud y algo de eso le ha pasado al Sevilla en los últimos encuentros. Para empezar, la decisión de Míchel de confiar en Palop como portero titular ha acabado mermando este aspecto, ya que el valenciano ha demostrado poseer peor juego de pies que Javi Varas y termina complicando muchas posesiones cuando la delantera rival presiona. Los centrales, ante la nueva consigna de Míchel, también tratan de hacer circular en corto el balón y se encuentran con un grave problema: la ausencia de un medio centro que se ofrezca para ser el siguiente peldaño en esa salida del balón desde atrás. Medel tiene otras virtudes, pero no es precisamente ese jugador que se incruste entre los centrales, reciba el balón de espaldas, se dé la vuelta e inicie una jugada de ataque. Para eso se necesita una personalidad distinta y el Sevilla, a día de hoy, no tiene ese jugador. Sólo Campaña, el día que jugó como último centrocampista en Anoeta, se acerca algo a ese papel sin llegar a serlo.

Al final, todo desemboca en que la defensa se acaba liando ante la falta de apoyos, se ve obligado a ceder el balón atrás y Palop termina por lanzar en largo, muchas veces rifando y perdiendo la posesión al estar presionado. Sólo cuando Fazio es uno de los centrales esta cuestión mejora, pero no excesivamente.

Por poner algunos ejemplos en los tres últimos partidos, basta con hacer memoria y recordar cómo el Sevilla le dio vida al Sporting en El Molinón -con dos pésimas entregas de Cala-, cómo estuvo a punto de hacerlo con el Racing en la primera parte -en esta ocasión con acciones dubitativas de Palop con los pies- o cómo ante el Barcelona se veía más veces a Escudé sobrepasando la línea de los medios centro. Por no recordar los regalos que Spahic ha protagonizado durante todo el año al querer intentar sacar el balón jugado. Eso está muy bien, pero cuando se puede.

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