Jaén está tan lejos como Australia

  • Toñánez, el paraguayo que llegó en 1969, colgó las botas en Sidney, añora Triana y prepara el regreso a su país · El zaguero aún recuerda cuando vivió desde la grada de Pasarón la muerte de Pedro Berruezo

El hotel Fleming en la puerta Carmona. Una pensión en Heliópolis. Una casa en la calle Alfarería, de Triana. Son las Sevillas que recuerda el testigo de un Sevilla Fútbol Club que también conoció el almíbar de los éxitos y los sinsabores de algún contratiempo. Los aficionados de los setenta recordarán perfectamente estas combinaciones defensivas: Chacón, Toñánez, Hita; o Toni, Toñánez, Hita. En cualquier caso, Rafael Toñánez, el dueño de estos recuerdos, es un paraguayo de Asunción, donde nació en 1946, que convivía en la zaga sevillista con andaluces de Coria, de Utrera o de Algeciras.

Toñánez vino a Sevilla el sábado a Ikea y a ver el Sevilla-Barcelona. Volvía a la ciudad que descubrió en la temporada 1969-70. Vive en Jaén y prepara un regreso a su país que imagina definitivo. Recoge velas y fotos de su paso por Nervión. Incluidas las de aquella primera temporada, con Max Merkel, míster Látigo, en el banquillo. "Quedamos terceros, por delante del Madrid. Al Barcelona le ganamos 3-0. Ese día expulsaron a Eladio, hay una foto en prensa en la que se me ve dándole de chilena".

Rafael Toñánez es uno de los cinco futbolistas paraguayos que se trajo a España Epifanio Rojas, un hombre que había dejado la práctica del fútbol por los negocios en Chile. En España se hizo cargo del lote el intermediario armenio Bogossian. "Íbamos al Atlético de Madrid, pero ya había hecho sus fichajes, y se habló del Sevilla". Recuerda al quinteto: Zárate, Giménez, Candia, Baby Acosta y él mismo. Los dos que se quedaron. "Nos hicieron una prueba, pero Baby dijo que él no hacía prueba, que traía un palmarés de goleador en Argentina". El Sevilla se americanizó con Sebastián Fleitas y Víctor Espárrago.

No pudo debutar contra el Atlético de Madrid porque no tenía todavía sus papeles en regla. Lo hizo en el campo del Valencia, con triunfo sevillista con gol de Baby Acosta "de carambola". Toñánez cuenta que Merkel le preguntó si Acosta era tan bueno como decían. "Le dije que sí, que tuviera paciencia". Ese Sevilla sólo hincó la rodilla contra el Atlético de Madrid, y le estropeó al Athletic de Bilbao de Iríbar y Chechu Rojo una Liga que tenía en el bolsillo.

Más que a un equipo de fútbol, parece que Toñánez vino a una escuela de idiomas: Max Merkel, Dan Giorgiadis, Ernest Happel. Con Giorgiadis perdió la titularidad. "Dijo que había mucha monotonía. Hizo cambios y el equipo se fue a Segunda". A Happel le pasaban unos informes en los que se agigantaban las cualidades del rival, "aunque fuera el Orense".

Se fue enamorando de la ciudad. En Sevilla nacieron sus dos hijos: Natalia Raquel y Rafael José. Sólo regresó a su país el verano de 1971 para casarse en Asunción con Miriam, su mujer, la madre de sus hijos, la abuela de sus cuatro nietos: los tres varones, Santiago Rafael, Francisco Javier, Rafael Joaquín, nacieron en Paraguay; la única niña, Sofía, en Jaén.

Fijo en las alineaciones del buen aficionado, se fue al Recreativo de Huelva, donde estuvo dos temporadas "justo antes del ascenso a Primera". Dos años más en Andorra, jugando en la Tercera Catalana, y se fue a colgar las botas a Australia. "Mis niños eran muy pequeños. Firmé por un equipo de Sidney. Me dijeron que iban segundos, era verdad, segundos por la cola. Me mintieron en eso y en el dinero. Al mes me volví".

Un concuñado lo hizo devoto del Cachorro; un amigo, costalero de la Estrella. Un paraguayo de Triana, donde llegó a abrir una tienda de tejidos con ropa de señora y caballero. Estuvo entrenando en Sevilla: juveniles de Nervión, Salesianos, Colspe. Se volvió a Paraguay, a su pesar, pero España volvió a abrirle las puertas con el fichaje de su yerno. Un prestigioso radiólogo que formó parte del equipo que le diagnosticó el tumor al presidente de su país. La oferta profesional era en Sevilla, "pero al final lo mandaron a Jaén". Para Toñánez, eso está tan lejos de Sevilla como Australia. Por eso prepara sus maletas. Al 0-2 del sábado le superpuso el 3-0 de las fotos de su álbum.

Sólo marcó un gol… en su portería. "La paré con el pecho y no me entendí con Rodri. Menos mal que íbamos ganando 3-0 al Pontevedra". Un rival que entonces era fijo en Primera y que asocia con algo mucho más dramático que un autogol. "Yo vi desde la grada de Pasarón la caída fulminante de Pedro Berruezo. Ese día no jugué, porque a los que habíamos jugado el miércoles en Santander el partido de Copa nos dio descanso el míster". Un golpe tremendo que revivió con la muerte de Antonio Puerta.

Una sobrina de Toñánez es la novia de Manuel Padilla, hijo del librero bético. Ha sido el contacto familiar que le permitió al periodista localizar entre olivos a este icono del sevillismo que colgó las botas en las antípodas.

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