Una semana completa

Un jarrillo de agua para refrescar el caminar de los costaleros de la Fe. Un jarrillo de agua para refrescar el caminar de los costaleros de la Fe.

Un jarrillo de agua para refrescar el caminar de los costaleros de la Fe. / canterla

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Los tambores secos de la Banda de Cornetas de Nuestro Padre Jesús de la Expiración anunciaban algo distinto a lo que por la misma calle La Fuente el Domingo de Ramos llegaba con la mayor algarabía en las marchas de la Banda de la Salud, que se acercaban a San Pedro para acompañar a las cofradías. Ahora todo se ha consumado, es Viernes Santo; el Señor ha muerto y esa es la representación plástica y catequéticas de las cofradías en la calle.

La jornada viene de una Madrugá intensa y multitudinaria. La Virgen de la Amargura entraba en su templo en la mañana tras las horarias de las 11:30 entre los vivas a la Reina de la Concepción y un hermoso homenaje musical a la Patrona de Huelva en el 25 aniversario de la coronación canónica, con la marcha Corazones cinteros que le canta a la Virgen de la Cinta.

Llegaba con la alegría de una intensa Madrugá que se abría a las cuatro en punto de la mañana con la Marcha Real que la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno interpretaba a la salida de la Cruz de Jerusalén, titular de la cofradía. El Señor de Huelva salía tras un largo cortejo de nazarenos morados. Una noche para vivir con Él y amanecer con Él, cuando le acaricia la brisa salobre de la mañana en la Plaza Doce de Octubre.

Este año el Nazareno no realizó la Carrera Oficial y recorrió las calles paralelas a esta con gran fervor, conduciéndole hasta la iglesia de las Hermanas de la Cruz donde realizaron estación de penitencia. Se evitó situaciones de inseguridad y la lamentable imagen de los palcos vacíos. Durante las siete horas y media de la procesión se sucedieron las saetas y las numerosas ofrendas de flores por todo el recorrido.

La jornada de la tarde del Viernes Santo se trastocó entera por la rotura de la sujeción de un varal en el palio de la Virgen de la Caridad. Las salidas se retrasaron y con ello también la entrada en la Carrera Oficial. La buena sintonía en las hermandades llevó a que se invirtiera el orden de entrada, haciéndolo primero la del Descendimiento y luego la Fe, para darle tiempo a esta última a llegar.

La jornada del Viernes Santo tiene muchos matices, uno de ellos son los rostros hermosos de las dolorosas. Un día en el que destacan belleza y sencillez en estas vírgenes aunque no lleven a su alrededor los vivas ni lo popular de otras procesiones por la jornada seria y de rigor como es el Viernes Santo. El incidente del varal no restó en ningún momento nada a la fuerza con la que camina la cofradía desde el barrio de Viaplana hasta el centro de la ciudad. Es la que pone sello popular en una jornada clásica. Es la más joven del día y los sonidos son distintos, lo mismo que el andar de su paso de palio. Un barrio con la cofradía que recuperó lugares como la Plaza de San Pedro o la ermita de la Soledad. Ocurre que los desajustes horarios y la inversión en el orden de Carrera Oficial hizo que el Descendimiento estuviera recogiéndose y en ese momento pasara La Fe, pero todo caminó bien dentro de lo que suponen situaciones anómalas como la vivida.

El Descendimiento muestra escenas hermosas a su salida de la parroquia mayor de San Pedro. El grupo escultórico conmueve y más ahora al verlo sobre la cruz plana y recordar la desafortunada caída en su capilla. Hay detalles de la policromía que llaman la atención como las marcas de los latigazos y las huellas de la cruz en el hombro. Lo mismo que en las manos que se acarician, la del Cristo con el rigor mortis con la de Nicodemos que le sujeta y tiene color de vida. El paso del palio de la Resignación iba muy elegante, con bouquets cónicos de orquídeas. Continúan la elegancia en los bordados de la nueva bambalina trasera.

La Cofradía del Santo Entierro lleva la representación de las hermandades y de las autoridades que acuden al entierro del Señor, lo que por otra parte permite conformar una cofradía con tres pasos que a su vuelta de la Carrera Oficial se ve especialmente mermada. Así el camino de regreso, que es corto, se hace difícil. Salvado esto la escena de la cofradía en la calle muestra detalles de cambios como el paso de las Angustias, con nuevos candelabros y con el sabor de su procesión extraordinaria de octubre, cubierta con un manto negro.

Hay detalles que es bueno recordar como es la presencia de la mujer portando el paso del Cristo Yacente. No es labor fácil, pero es una muestra más de la integración de la mujer en la cofradía y eso se debe visualizar. Ellas tienen su sitio.

La Soledad presentó un cortejo muy compacto y nutrido. Lo anuncian unos niños con esquila, marcando la sobriedad del caminar de la cruz de guía. El capataz Francisco Cumbrera realizando, como siempre lo ha hecho en este y en otros pasos de la Semana Santa, un magnífico trabajo, de seriedad y buena labor, por eso se le aprecia. El conjunto del paso muy bien, resalta la nueva cruz arbórea que va a su espalda. La Soledad cierra las jornadas procesionales en la Carrera Oficial.

Todo espera a que concluya la Semana Santa con la jornada gloriosa del Domingo de Resurrección y la salida del paso del Resucitado desde la iglesia de Nuestra Señora del Pilar en la barriada del Pilar.

A partir de ahora queda la desarmá, recogerlo todo y llevar los pasos a los almacenes. Hay cofradías que para aliviarlo trasladan sus pasos en camiones. No hay que olvidar que los costaleros son artistas del costal y no profesionales de las mudanzas; pues con esto de que para sacar los pasos de la Semana Santa hay chavales que llevan hasta cinco, se los imaginan en cinco desarmá. Pues no.

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