Un pregón cofrade envuelto en la elegancia femenina

  • Esther Bazán Gasch dijo que la mujer no debe ponerse barreras en las hermandades

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Comenzó este Domingo de Pasión tan especial para Esther Bazán Gasch en la mayor de San Pedro, como tantas cosas en su vida, junto al Señor de Pasión y la Virgen del Refugio. Allí, con los suyos, con su hermandad y con el Consejo.

Era un día especial y la Huelva cofrade lo sabía, una mujer venía a ocupar un sitio que también le pertenece, el de la tribuna de oradores del pregón de la Semana Santa de Huelva. Un día que el Gran Teatro aunque envuelto en el Domingo de Ramos se vestía también de luto para recordar a Mari Luz, hubo por ella y en solidaridad con sus padres lazos negros y un minuto de silencio.

Esther Bazán entró en el Gran Teatro con la inquietud de todo pregonero, su toque femenino se notaba desde ese mismo instante, llevaba junto a su pregón, con tapas bordadas por mujeres de su hermandad, un lirio morado. Vestida con discreción y elegancia, con mantoncillo negro, con collar y brazalete en la pulsera verde. Escuchó atentamente cada compás de las dos marchas, primero Madrugá y luego Amargura, con la Banda Municipal de Música de Huelva, que dirigía Fernando Navarro. Lo iba sintiendo y engañando también el nerviosismo del momento, seguía la música con su respiración, a veces con su movimiento, como los compases de un palio o en un vals y cerraba los ojos en aquellos momentos álgidos de la marcha, incluso acariciando su vientre, anuncio de su esperada maternidad.

En el acto se encontraban el obispo de Huelva, monseñor José Vilaplana Blasco; el alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez González; el teniente alcalde delegado de Cultura, Manuel Remesal; el delegado de hermandades, el vicario Diego Capado; el presidente del Consejo, Modesto Fernández Jurado, y los miembros de su junta Antonio Torres y Carlos Castillo.

Y terminó 'Amargura' y la pregonera se dirigió a su atril, no llevaba medalla alguna y depositó allí su lirio morado.

Se enfrentaba ella, como mujer y como cofrade, a su pregón y quería dejar claro desde el principio que en su elección todos subrayaban su condición de mujer para romper esa tradición de hombres frente a este atril, pero "sigo pensando que el único miedo está en sentarse ante el folio en blanco y ser capaz de transmitir todas las vivencias y los sentimientos que para cada uno supone ver una hermandad en la calle". Aseguró que la mujer ha tenido en la Semana Santa el lugar que ha deseado y dijo que no podían ponerse barrera alguna y habló de igualdad.

Ponía ya este pregón acariciando la criatura que lleva en su vientre y le cantaba allí una nana "con marcha de palio, con un mecer de la cuna, con una procesión de palmas". Tuvo el pregón este inicio de intimidad familiar a la que recurrió en varios momentos para destacar lo mucho y bueno aprendido en su familia que le llevó por la senda del Señor de Pasión y a la Virgen del Refugio, a los que dijo que seguía aun en la lejanía de Madrid donde vive.

Quiso que su pregón fuera "un paseo por los sentidos, olores, sabores, colores, sensaciones", porque "la Semana Santa se percibe escuchando en el silencio y distinguiendo en la oscuridad de las calles los colores de la Pasión". Entró así en un pregón a través de una poesía que dedicó a los cristos, cogiendo el llamador para hacer un recorrido clásico por los días de la Semana Santa. Eran las 12.30 de la mañana cuando empezaba y las dos y diez cuando después de dedicar una poesía a las vírgenes invocaba el verde de su Virgen donde se refugia, para echar su pregón a tierra con un "ahí quedó". Tuvo el pregón momentos íntimos, vibrando más en la prosa con numerosas reflexiones llenas de actualidad, en algunas ocasiones demasiado densas, pero no exenta de sentido. Se le notó su dominio ante el micrófono, al ser una mujer de la radio, sólo interrumpió su disertación en una ocasión para beber, aunque sí se le dedicaron hasta una veintena de aplausos, uno compartido con don Manuel González el vicario para el que pidió un aplauso, compartido con el compromiso de las personas dedicadas a la generosidad como tienen las Hermanas de la Cruz. Habló de la guerra civil al mencionar al Cristo de la Victoria y lo dedicó al llanto en las dos orillas. Recordó en otro momento a amigos fallecidos y situaciones ingratas de la vida, pidió compromiso ante el terrorismo y ante la vida diaria poniendo un poco de humildad en los incensarios, porque dijo que aquí estamos sobrados de gente disfrazadas. Pero sobre todo habló de caridad, para que "la estela del paso pueda convencer".

Como era de esperar dedicó la parte más sentida a su Hermandad de Pasión y allí con ellos recorrió los momentos más íntimos de sus vivencias en su barrio y en Madre Ana. Otros momentos de su pregón estuvo en el Lunes Santo que se extendía en la subida de la Vía Paisajista y no olvidó al Nazareno en su Madrugá, al que le llamó el Padre de todos los cristos. Ni tampoco a las vírgenes del Miércoles Santo, a Victoria y Esperanza.

A los costaleros también les habló del saber estar y con ellos, con los cristos y las vírgenes, redondeó su pregón.

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