Tres cuartos de siglo de trabajo y devoción

  • El Cristo de la Victoria y la Virgen de la Paz procesionan ante el fervor de una ciudad entregada en la apertura de la Semana Santa

Después de 75 años muchos empujan por seguir dando pasos poco a poco en esta fe". Así exclamó el capataz del Cristo de la Victoria, David Hidalgo, a sus costaleros en la llamada de la primera levantá del misterio en el interior de la parroquia de San Sebastián. Y es que la Hermandad de Los Mutilados está de enhorabuena. La cofradía que cierra el Domingo de Ramos cumple 75 años de su fundación. Y para ello, en esta fecha tan señalada, la primera levantá al cielo del Cristo de la Victoria correspondió para el hermano más antiguo, Diego Cabrera; mientras que el homenaje en el paso de palio fue para la hermana más joven, Bárbara Rodríguez, con tan sólo 10 meses.

La de ayer no fue una estación de penitencia más para la cofradía del Domingo de Ramos. Nunca es una más. Pero la de ayer fue un recuerdo especial a tres cuartos de siglo en los que el trabajo, el esfuerzo, la dedicación y la devoción han sido algunos de los pilares fundamentales de la hermandad. El Cristo de la Victoria lució casi totalmente despojado de sus vestiduras. Una estampa que no contemplaba en las calles de Huelva desde hace años.

La finura se apoderó de la salida del misterio y la Virgen de la Paz. Una salida complicada debido a la estrechez de la puerta de la parroquia. Pero no se quedó ahí, la elegancia y la hermosura continuó en ambos pasos mientras descendían la rampa ante los ojos vidriosos de los cofrades onubenses.

Una vez que la cofradía estuvo al completo en la calle, el cortejo se alargó y comenzó su recorrido en busca del centro y la Carrera Oficial donde llegó con la noche pintada en el cielo. La Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno, en el misterio, y la Sociedad Filarmónica de Pilas, en el palio, fueron los encargados de poner la música durante un recorrido plagado de onubenses. Claveles morados, rosas y alhelíes en el misterio; y jacintos, orquídeas, rosas melocotón y flores de tono cálido en el palio, pusieron la fragancia a una ciudad que se transforma cada Domingo de Ramos. Un aroma de alegría por los que están, y de melancolía por los que no, después de 75 años. Por aquellos que están en el cielo y a quienes recordó Diego Cabrera en la primera levantá.

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