Los costaleros de siempre

  • el recuerdo. Los antiguos costaleros de Huelva merecen un reconocimiento que aún no se les ha dado por las nuevas generaciones de hermanos costaleros ni por la Semana Santa en general

En la actualidad se hace necesario saber recordar con respeto para que a nosotros nos recuerden de la misma forma. Cada uno somos fruto de nuestro tiempo, de la Semana Santa que vivimos, que conocimos primeros y que por convencimiento nos unimos a ella.

No se puede estar en una esquina y querer hoy pregonar lo que sólo fue una anécdota. Podemos, injustamente, confundir el todo por la parte. Cuando hoy lo que se hace necesario es recuperar ese tiempo perdido, ese eslabón que une -en este caso que nos ocupa- a aquellos otros costaleros del puerto, los que se ganaban un jornal pero seguro que encontraban en un respiro debajo del paso ese aliento necesario para ofrecer una plegaria al Dios que habían llevado por Huelva para que otros, nosotros, les viéramos o pudiéramos acompañarle con la túnica penitente. A los jóvenes de hoy hay que enseñarles Huelva, para que hundan su amor en el corazón de la ciudad, criticando aquello que no fue bueno, pero elogiando lo que sí lo merece.

Recuerden o escuchen quienes no lo sepa que los pasos se contrataban sólo por los que calzaban, nadie de relevo por fuera, eso era un lujo para las estrechas economías de las hermandades; había menos trabajaderas para los mismos pasos de hoy, con lo cual entraba menos personal; las candelerías eran macizas, no había mesas de aluminio ni nadie pensaba en aligerar los canastos. Durante todo el recorrido tenían la magnífica escolta de la pareja de la Guardia Civil, al ladito mismo de los faldones y cualquiera se asomaba.

Aún hay críticas que son injustas porque han querido generalizar una labor y hay quienes se han jactado en fomentar una leyenda negra como si todos los pasos y en todas las épocas se iban dejando tirados. Eso fue una vez y con una cuadrilla, cuando había más pasos que costaleros y las hermandades no supieron afrontar este problema y se lo echaron sobre la cerviz de hombres que portaban los pasos. Se olvidan de aquella cuadrilla de 'hermanos costaleros' que dejó tirada a su hermandad y ha sido hasta hoy -hasta hace muy poquito tiempo- una rémora el tema de los costaleros.

Hay quien habla de malas prácticas de los costaleros de siempre debajo de los pasos. Recuerda que cuando se levantaba el paso se podía ver el reguero del orine, ja, ja, ja... refiere el contertulio. Algo injusto si se quiere generalizar; hablen con algún costalero de las primeras cuadrillas de hermanos y pregúntenles lo que era echar un cigarro bajo el paso, o vean aún a capataces delante de los pasos fumando. Pero se olvidó el invitado de esos otros penitentes de aquella época y de ahora haciendo 'pis' detrás de una tapia o entrando en una taberna o en un bar de hoy. O aquel que hemos visto este año en un vía crucis hablando con el móvil, lógicamente no con Dios; o aquellos con el capirote levantado y comiendo churros. Pero tampoco sería justo generalizar.

En fin, hay que recordar el buen trabajo de los costaleros que nos precedieron, de lo que significaron para nuestra Semana Santa. Honor a las cuadrillas de Chato Román, Leonardo, los Recamales, Campitos, Fortes, los Campero, Biedma, Lobato, 'El Papi', Vicente Garrido, Enrique Izquierdo 'El Pío', Manuel Izquierdo 'El Biruta', José Vázquez, y 'Los Comía', capataces de dentro. Esta es nuestra historia aun por recuperar; hay que acabar con la leyenda negra.

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