Una cofradía de barrio con un estilo y un andar propios

  • La cuesta del Cristo de las Tres Caídas, uno de los lugares con más aglomeración del día, volvió a suscitar gran interés

Un nuevo Lunes Santo en El Polvorín y en la Huerta Mena. La Hermandad de las Tres Caídas, con sus 650 nazarenos, salió a las calles de la ciudad en una jornada soleada que invitó a acompañar el desfile procesional de una de las cofradías más admiradas por los onubenses.

El portentoso y restaurado paso de misterio, toda una joya tallada por José Oliva en 1948, asomaba poco a poco por la puerta de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en una de las salidas más difíciles de las hermandades onubenses. La luminosidad vespertina dejaba ver entre las sombras del templo la imagen de Jesús de las Penas en su tercera caída. Momentos después, la Virgen del Amor salvaba los dos canceles del templo. En esa última levantá previa a encontrarse con los onubenses, el capataz del palio animaba a sus costaleros ante el evidente esfuerzo. Con la frase "¡Qué bonito es ser de las Tres Caídas! ", el palio abandonaba el templo. Una vez en la rampa, las marchas Reina del Amor y Pasan los campanilleros acompañaron al palio hasta la avenida Federico Molina. Y de allí, tras los pasos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, al centro de Huelva.

En la plaza Niña se vivieron momentos íntimos a la llegada de los pasos al convento de las Hermanas de la Cruz. Y su transcurrir por la Carrera Oficial, con el carácter alegre y de barrio de la hermandad, dieron sensacionales imágenes para recordar durante mucho tiempo. Se nota, y mucho, cuando Tres Caídas llega a la Placeta.

Pero el momento más esperado por los cofrades y onubenses que siguen a esta hermandad es, sin duda, la subida del paso de misterio por la cuesta que lleva el nombre de su titular. Los costaleros que no se encontraban bajo las trabajaderas hicieron un cordón de seguridad para que el paso pudiera avanzar por este enclave, para evitar los problemas vividos el año pasado por la alta aglomeración.

Los últimos momentos, antes de su recogida, se vivieron en las recoletas calles de la Huerta Mena. Saetas y marchas se sucedieron hasta llegar al templo. Y así se puso el broche final a una jornada que se vivió con mucha intensidad cofrade.

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