El Plan llama a los cofrades

  • La Diócesis reconoce la importancia de las hermandades como realidad parroquial

Hay temas importantes que no se deben dejar escapar y eso ocurre con la presentación del Plan Diocesano de Evangelización 2010- 2014 realizada por el obispo de Huelva, José Vilaplana Blasco.

Es sumamente significativo que se le dedique todo un capítulo a la atención pastoral de la piedad popular. Sin duda es un hecho importante el reconocerla como una realidad de la parroquia que en este Plan se pretende dinamizar. Una parroquia abierta para el que todo que lo necesite acuda a ella, que es como recuerda monseñor Vilaplana, la fuente de agua fresca que está manando continuamente la sabia del Evangelio. Por una parte está el reconocimiento intrínseco del valor de la religiosidad popular y hay una referencia doctrinal clara y real de lo que hoy se vive, poniendo de manifiesto que a través de ella existen "expresiones particulares de búsqueda de Dios y de la fe", en palabras del Papa; se habla también de sus limitaciones y de la exigencia de dar una respuesta evangelizadora para descubrir los valores que encierra.

Deja claro que es necesario que la parroquia, a la vez que evangeliza la religiosidad popular, redescubra también la fuerza evangelizadora que ella encierra en su propia naturaleza. Unos fieles que en estas expresiones de piedad popular "manifiestan su sed de Dios, que debe ser tenida en cuenta", reconoce. Hay bastante claridad en el planteamiento y lo mismo que se reconocen a las hermandades como el marco adecuado para una experiencia cristiana indica que deben ir más allá de la "simple preocupación por la salida procesional". Se pide una presencia más activa de los cofrades porque hay parroquias donde se caracterizan "por la presencia de hermandades, pero no de hermanos". A pesar de todo es clave la frase que se toma de Benedicto XVI: "Las procesiones ponen de manifiesto un testimonio público de fe en una sociedad en la que afloran el olvido y la negación de Dios".

En las líneas de actuación de educar, purificar y recuperar la piedad popular de los fieles, se habla de formación y oración.

Hay aspectos resbaladizos al entrar en la expresión misma de la religiosidad popular, en su forma particular de mostrar la fe. Dentro de la lógica se pide dignificar los cultos litúrgicamente y educar a todos sobre los espacios celebrativos que se deben respetar. Pero se añade y ahí es donde pueda verse una intromisión sino se entiende bien, que hay que evitar "el excesivo exorno que rodea a las imágenes". En tiempo de crisis hay algunas moderaciones en otros gastos cofrades, en eternas hipotecas, que sí deben ser tenidos más en cuenta. El exorno parte de la reminiscencia barroca que en nada tiene que estar reñido con el carácter evangelizador de los cultos.

Una idea reiterada en muchas ocasiones que de nuevo vuelve a ser propuesta es la asamblea diocesana de hermandades y cofradías. De celebrarse debe buscar no sólo la dimensión oficialista de juntas, sino llegar a cofrades de a pie que tienen mucho que decir, de lo contrario de poco servirá. Hay, además, propuesta de revisión de la normativa diocesana sobre hermandades, aunque las existentes son de 1997 están más necesitadas de aplicación que de revisión. Un Plan Diocesano de Evangelización bastante realista donde no hay que olvidar el divorcio que ha existido siempre entre hermandades-parroquias y parroquias-hermandades. Por ello este capítulo es importante dentro del Plan Diocesano al asumirlas como una realidad que está ahí, otra cosa es que la cofradía asuma su razón natural de ser parte de la parroquia y que esta a su vez la entienda. Lo importante es que esta es una llamada a la participación del cofrade en la parroquia.

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