Manuel Roméu comparte su ilusión ante una Semana Santa "con solvencia"

  • El hermano mayor de La Cinta pronuncia un pregón en el que entreteje erudición, Evangelio y las advocaciones de las cofradías de la capital Su nieto le 'acompañó' en su intervención

Un hombre sincero, maduro, pero de inquietudes jóvenes. Esa fue la persona que se subió ayer al escenario del Gran Teatro para pronunciar el pregón oficial de la Semana Santa de Huelva de este 2014. Manuel Roméu Martín, actual hermano mayor de La Cinta, derramó su corazón ante todos los asistentes con un texto didáctico y evangélico, "cargado de ilusión" y sin olvidar un fuerte acento choquero, que vertió en el amor que dirigió a los titulares de todas las hermandades de penitencia de la capital.

Era la segunda vez que Roméu era invitado a ser pregonero de la Semana Mayor de la capital. En esta ocasión, y tal y como lo había anunciado con anterioridad, no iba a respetar el tradicional orden de los días de la Pasión con sus correspondientes hermandades. En esta ocasión optó por la cronología que aportan los Evangelios, plasmándola en los distintos titulares de la capital que dan forma plástica a lo que se puede leer en el Nuevo Testamento. Su relato dio comienzo así, en el Señor de la Entrada Triunfal en Jerusalén para acabar con el Resucitado. El segundo protagonista del pregón fue su único nieto varón, Álvaro, a quien se lo dedicó y con el que recorrió, como si se tratara de "una crónica periodística", los hechos "acaecidos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor". El inicio del pregón -tras encomendarse a su querida Virgen de la Cinta- fue, sencillamente, sobrecogedor: "Huelva, la Huelva de mis amores, mi Huelva de siempre, me vuelve a dar hoy, 19 años después, la oportunidad de estar pregonando de nuevo a nuestra sin par Semana Santa, la que ha ido poco a poco creciendo y cimentado sus raíces en la fe hasta llegar hoy a disfrutar de esa solvencia que posee" para, acto seguido, recordar algunos de los cofrades que en los años más recientes han dejado este mundo; entre otros: Juan Manuel Gil, Pepe Peguero, Fermín Tello, Lola Carrasco, Manolo Mateo Domínguez o el pequeño Javi Zamora.

No olvidó Roméu recordar el año en que se ubica este su segundo pregón: el cincuentenario del Patronazgo de La Cinta de la ciudad de Huelva y los 25 años de la declaración de la Virgen Chiquita como Protectora de las hermandades de penitencia. Hizo una apología del mundo cofrade y de los distintos sectores que lo integran: bandas y agrupaciones musicales, todo un ejemplo de entrega y dedicación; priostías, grupos de jóvenes, acólitos y costaleros, entre otros. Sobre estos últimos confesó un deseo personal: "Cuánto me agradaría / lo digo como lo siento, / si Dios me diera a mí vida / y pudiera conocerlo / que cuando fuera mayor / me dijese a mí, mi nieto: / ¡Dame abuelo tu bendición, / que quiero ser costalero".

Orgulloso de la Semana Santa onubense, aquella en la que "todos los hombres se sienten hijos y todas las mujeres, madres", describió la transformación que la ciudad sufre cuando llegan esos días: "El gran auto sacramental de la Semana Santa, espléndidamente todo organizado, hace que nuestra ciudad se llene de luz y de color y se vista de preciosa primavera para prestarse a conmemorar el hecho más importante acaecido en la Historia de la Humanidad".

Las Hermanas de la Cruz merecieron también una mención especial por acoger siempre con cariño a las cofradías a su paso por la Plaza Niña: "¡Cuánto hay que agradecerles! / ¡Tanto amor no tiene precio!, / cuánto saben de dolores / de amor y padecimiento".

Echando mano de los textos evangélicos y de referencias históricas y eruditas, Manuel Roméu fue entretejiendo todo ello con el mensaje que cada hermandad de penitencia aporta a estos días de Pasión. Aunque no escatimó cariño con ninguna de las cofradías que pisan las calles onubenses en estos días, había lógica expectación para cuando llegara el momento de referirse a Buena Muerte, hermandad de quien fue hermano mayor.

A la Virgen de Consolación se dirigió así: "Han convertido tus penas, / en las suyas, Madre mía, / han hecho de tu amargura, / rezos de avemarías, / tu tristeza han conseguido / transformarla en alegrías, / ¡Ay, Virgen de Consolación! / Madre y Señora querida, / todo ello se lo debes / a las que tanto te cuidan, / que en Huelva tanto se quieren, / ¡nuestras Madres Agustinas!". El pregón incluyó pinceladas de temas actuales que competen tanto a las cofradías como al mundo cristiano en general. Así, tuvo referencias al aborto, haciendo una apelación inequívoca al derecho a la vida; la persecución de las ideas católicas en diferentes ámbitos de la sociedad española y, ya en un contexto más interno, el papel que las hermandades tienen dentro de la Iglesia diocesana.

El pregonero no olvidó las referencias que sobre este tema hizo, recientemente, el papa Francisco, que definió las hermandades como "un tesoro que tiene la Iglesia", añadiendo que "no son lícitos los recelos y enfrentamientos que a veces se dan entre hermandades y párrocos".

Su "crónica periodística" concluyó, lógicamente, con la Hermandad del Resucitado, pero no así su pregón. Una vez más, cedió el protagonismo a la Virgen de la Cinta, "la que lleva medio siglo / como Patrona huelvana, / en devoción a unos hijos / que la adoran y a aclaman, / en una Huelva que late / locamente enamorada, / con la mejor de las Madres, / nuestra Cinta Coronada".

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