La obra de León Ortega, 25 años después de su muerte

  • Esta es la primera Semana Santa que sus imágenes procesionan tras ser protegidas por Cultura Cuidada restauración del Descendimiento

En este año que se cumple el 25 aniversario del fallecimiento del escultor Antonio León Ortega (Ayamonte, 1907-Hueva, 1991) se vuelve a constatar que Huelva sigue fiel al cuidado de una obra escultórica que marca, de manera muy especial, gran parte de la iconografía procesional de la Semana Santa de esta provincia.

El mejor ejemplo ha sido la vuelta al culto de las imágenes del Sagrado Descendimiento, el pasado día 28 de enero, tras sufrir la caída del grupo escultórico por quebrarse la cruz que lo sujetaba en su capilla. Eso ocurrió el 6 de mayo y el deterioro fue tan grave que todos se preocupaban por un buen arreglo. Sin embargo, eso se ha conseguido, fueron repuestas al culto como aparece en la imagen que ilustra esta información, como si no hubiese pasado nada. Pero sí ha pasado mucho, no ya el sufrimiento vivido por la junta de gobierno, los hermanos y devotos, sino que lo más importante es que la Hermandad del Descendimiento ha recibido el afecto y cariño de toda la Huelva cofrade que se solidarizó con la cofradía del Viernes Santo.

Esta semana la cofradía celebra los cultos cuaresmales que se iniciaron ayer, a las 21:00, y hasta el sábado, que será a las 20:30.

El insigne escultor e imaginero ayamontino, afincado en Huelva, Antonio León Ortega, falleció en nuestra ciudad el 9 de enero de 1991, a los 83 años de edad y tras la retirada forzosa por enfermedad. Había recibido galardones como el Onubense del Año, en 1984, que concede Huelva Información, o el premio de la Asociación para la Defensa y Protección del Patrimonio Cultural de Huelva. Consiguió el reconocimiento de Huelva tras una larga y fructífera labor, principalmente destinada a restituir las imágenes en iglesias y hermandades que fueron destrozadas en los incendios y asaltos a los templos de la provincia en el inicio de la Guerra Civil.

El significado de su obra puede resumirse con sus propias palabras: "Me preocupo más del espíritu que de la forma, por encima de la forma quiero la expresión. Siempre me ha gustado la austeridad de la imaginería castellana. Va a mi temperamento y, por eso, trato de dar el mismo sentido a mi obra y a mi vida".

El cuerpo del artista, vestido con el hábito franciscano, fue velado en la Escuela de Artes y Oficios que lleva su nombre, donde recibió el homenaje de la ciudad, y, en especial, de las cofradías.

La de 2016 será la primera Semana Santa que las imágenes de León Ortega procesionen tras ser protegidas por la Consejería de Cultura que la incluye en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

Esta inscripción se fundamenta por los valores históricos y artísticos, como se indica en la referida resolución de 29 de abril del pasado año.

El escultor Antonio León Ortega se encuentra considerado como un relevante exponente de la imaginería religiosa de Huelva, con obras representativas en toda la provincia al ser uno de los imagineros más demandados de cuantos trabajan en la misma. Su producción escultórica estuvo destinada no sólo a corporaciones religiosas e instituciones civiles, sino que también cubrió con su trabajo numerosos encargos particulares. Dado lo fecundo de su obra, ésta se encuentra repartida principalmente por toda la provincia onubense, e igualmente fuera de ella.

Con esta catalogación se hace saber a los propietarios, titulares de derechos y simples poseedores de los bienes que tienen el deber de conservarlos, mantenerlo y custodiarlos, de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores. Asimismo, deberán permitir su inspección por las personas y órganos competentes de la Junta de Andalucía, así como su estudio por las personas investigadoras acreditadas por la misma. Se les comunica a los propietarios, titulares de derechos y simple poseedores de los bienes que será necesario comunicar a la consejería competente en patrimonio histórico la realización de cualquier obra o intervención con carácter previo a las mismas.

Las imágenes de León Ortega poseen tres etapas diferentes. En sus comienzos empieza a demostrar su dominio de la anatomía, el modelado y el dibujo. El autor se ve influenciado por la escultura impuesta por los ideales oficialistas, se inspira en modelos barrocos, sin caer en sus formas exacerbadas, hasta realizar el Cristo de la Sangre (1950), en el que estiliza, relaja e insinúa la anatomía. A partir de ese momento apuesta por la sencillez.

Su segunda etapa, la más productiva, que abarca la década de los cincuenta y los sesenta, está marcada por una evolución lógica de la etapa anterior, que deriva en un manierismo muy personal. La tercera y última etapa abarca desde finales de los sesenta hasta mediados de los ochenta. En ella retoma el gusto por un renacimiento clásico de etapas anteriores, e investigar con nuevas soluciones estilísticas.

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