LA JORNADA

Domingo de palmas y azahar en la calle

  • Nació ayer un día de esos que gustan para Semana Santa, dejó el tiempo que Huelva tuviera el Domingo de Ramos que el año pasado no tuvo de procesiones por las adversidades climatológicas.

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La mañana fue de palmas, la misa en la Catedral abre todas las procesiones de palmas presidida por el obispo de Huelva, monseñor José Vilaplana Blasco, y las hermandades y el Consejo. En San Pedro el barrio vive el día del Señor de la Borriquita y se reparten a primeras horas de la mañana las palmas y se adornan los balcones, mientras en la iglesia se prepara la procesión de palmas, este año presidida por el sacerdote José Arturo Domínguez Asensio, con la ausencia en el recuerdo para todos de Felipe Fernández Caballero, un párroco que se ha retirado en silencio por enfermedad. Una procesión que era el preámbulo litúrgico de la salida del Señor a lomos de la borriquita, que ya estaba iluminando por sus candelabros y la Señora de los Ángeles se iluminaba con la cera de su candelería. Luego la lecturas del día en la que participaron de narradores dos mujeres. La mañana era de visitas tradicionales, de intercambios de flores, de saludos fraternales entre las hermandades, de visitas del Obispo; del Ayuntamiento, que preside el alcalde Pedro Rodríguez, y también del grupo socialista que va por su cuenta también a tener un encuentro con las cofradías previo a su salida. También una mañana que algún capataz destina a subir hasta El Conquero, para pedir por sus hombres a la Patrona de Huelva, a Nuestra Señora de la Cinta, para que la tarde sea gozosa desde San Pedro cuando se abra el portalón de la Puerta del Mar.

Esa tranquilidad era la que se respiraba de manera muy breve en la plaza de San Pedro hasta que comenzaban a verse acompañada por ese movimiento tan esperado como son las capas rojas de los penitentes de la Borriquita. Es entonces cuando ya la Semana Santa se respira en la calle, cuando los costaleros de Jesuli Flichi, se iban acercando costal bajo el brazo. Todo era ya Domingo de Ramos, con tantas ganas que la cruz de guía se puso en la puerta diez minutos antes, este año la primera levantá se la dedicaron en recuerdo de Ignacio Garrido antiguo portador de la misma. Pero esta que es una procesión de los niños, en la que Huelva ponen en la inocencia de ellos todo el patrimonio que es su Semana Santa, sus cofradías esencia de tradición, religiosidad y vida de la ciudad, tenía la ausencia de una niña y por ello el recuerdo emocionado por Mari Luz.

Y salía a la calle a su plaza por el porche ‘Ángeles, Reina y Madre’ como le dicen en su nueva marcha compuesta por Saúl García. Allí le despedía desde la ventana el párroco José Arturo Domínguez y el presidente del cabildo, Juan Mairena. En la plaza de San Pedro la gran algarabía también tenía su ambiente de siempre, con su vendedor de coquis incluido, con Miguel Tenorio, que mantiene esta peculiar tradición.

La Virgen de los Ángeles dejaba San Pedro con una hermosa petalada desde una casa muy cofrade y con sabor de mecida de palio de Campanilleros, mientras ya el Señor se dirigía hacia Tres de Agosto, para esa parada ante la iglesia de las Madres Agustinas, una comunidad como su hermandad muy pendiente de las cofradías.

En el Sagrado Corazón de Jesús tiempo de recuerdos este año para José García Moya, ‘Pepe Bellido’ que ayer contemplaba desde el cielo cofrade la salida de su Hermandad de la Sagrada Cena a la que estuvo vinculada dando siempre ejemplo de cofrade. Bellido era de aquellos que se subían al paso del Señor para que no faltara nada y cuando se recogía la cofradía era un invitado más a esa cena de Jesús del Amor, hoy también invitado en esa morada celestial y de recuerdo para todos. Un año este en el que la hermandad recuperaba aquella plasticidad del misterio en el que iban algunos apóstoles d de pie. Este año se iniciaba la restauración con San Pedro -con su llave- y San Andrés -con muñequeras a modo de ir a pescar-, este último iba de pie. El Señor lucía un artístico mantolín morado con esos pliegues valientes que hace Pedro Ceada, vestidor de la cofradía.

Detrás la Agrupación Musical Santísimo Cristo del Amor, que celebraba su treinta aniversario. El discurrir por Huelva del paso de la Sagrada Cena fue portentoso, sin duda son de esos que marcan. Hay lugares especiales para verlo como fue este año la plaza de El Punto. Fue una vuelta magnífica con todos los adjetivos cofrades. Allí lo hacía con la marcha ‘Alma de Dios’ que le tocó su banda y fue todo un deleite de chicotá hasta entrar en la calle Berdigón. De ahí la cofradía se dirigió hasta la plaza Niña para el rezo de las Hermanas de la Cruz, entró con la marcha ‘A María’, una nueva composición dedicada en el recuerdo a Mari Sánchez. Luego una parada muy especial como fue ante la iglesia de la Esperanza, donde el año pasado tuvieron que refugiarse por la lluvia y retornar a su casa. Pero este año no fue así y el paso del palio de la Virgen del Rosario entró en El Punto, llegó a Huelva desde El Polvorín, con la marcha ‘Macarena’ y hubo un reguste cofrade hermoso. Un palio que este año tenía un frescor nuevo en el exhorno floral, con detalles tan curiosos como la libélula de plata y granates que había quedado como posada en el manto de la Señora, a la que este año se le dedicaba la marcha ‘Un rosario en El Polvorín’, de Rubén Fernández Tellez, que fue interpretada a la salida, donde hizo la levantá un antiguo capataz de la cofradía, Rafael López Fuentes. La Virgen del Rosario también llevaba un lazo blanco en recuerdo de un niño fallecido de la cofradía, Francisco Javier Morano. Este año hay que destacar la participación de 15 alumnos del Cuerpo Nacional de Policía, hermano mayor honorario de esta hermandad y que iba representado por el Comisario de Huelva Casimiro Pachón, que había donado el fajón de comandante que lucía la Señora. Allí en la representación oficial estaban las hermandades del Cautivo de Ayamonte, así como del Rosario de Riotinto y la Hermandad de la Fe de Huelva. Junto al hermano mayor, Emilio Muñoz Jorva, iba José Vargas Tallón, hermano de honor de la cofradía.

Este Domingo de Ramos se vivió con intensidad en la calle y sólo pasaron unas horas para que la plaza de San Pedro volviera a verse de nuevo repleta de gente para recibir a la Hermandad de Mutilados que bajaba de San Sebastián. Lo hacía este año en una estación de penitencia que dedicaban en memoria de Mari Luz. Allí el paso del Cristo de la Victoria se levantaba a las órdenes de un gran capataz como es José Carlos Martínez, que este año cogía el martillo del Señor después de haber sido antes capataz de la Virgen de la Paz, que lucía con toda su hermosura en su palio blanco. La primera parada de la cofradía fue en la ermita de la Soledad, donde puntualmente le esperaba la Hermandad del santo Entierro. Era Huelva entonces un hervidero ya con tres cofradías en el centro, con la carrera oficial abierta y esperando la llegada de la Hermandad de la Redención que lo hacía por la avenida Manuel Siurot. Se ponía entonces notas de silencio junto a la parroquia de San Pedro, con toda sobriedad y con la belleza romántica y los cánticos del coro, todo un contraste en el Domingo de Ramos.

En la calle La Fuente los tambores y cornetas de la Banda de Jesús Nazareno cubrían toda la calle e iban anunciando esa cercanía ya del palio de la Paz con toda su belleza entrando en la plaza de San Pedro, por la esquina del cartel de la Semana Santa de este año. Volvía a darle la alegría a la plaza con ‘Aniversario macareno’. En La Fuente, la Hermandad de la Cinta los esperaba, ya la noche estaba en la ciudad, esperando el retorno en puntos como la subida por la Cuesta de las Tres Caídas, o por esta misma calle a la Borriquita y la Sagrada Cena que estrenaba recorrido subiendo por el Barrio Obrero.

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