Cartaya se vuelca con el Auto del Descendimiento

SIN la imperiosa necesidad de mirar al cielo como el resto de cofradías, la hermandad Sacramental del Santo Entierro de Cristo de Cartaya sí pudo en la tarde-noche del Viernes Santo escenificar un año más el tradicional Auto del Descendimiento de Cristo de la Cruz.

Marcada por el solemne y riguroso luto y silencio, esta ancestral ceremonia congregó una vez más a cientos de fieles en el interior de la parroquia de San Pedro Apóstol de Cartaya para presenciar uno de los momentos más emotivos y singulares de toda la Semana Santa Andaluza. Tal es así, que ya se han dado los primeros pasos para su catalogación como Bien de Interés Cultural por parte de la Junta.

Se trata de un acto que tiene sus orígenes en el siglo XV y que existió en numerosos puntos de la geografía española, en la mayoría de los cuales ha desaparecido como es el caso del que se celebraba en Alcalá del Valle, que perduró hasta la Guerra Civil. Se sigue celebrando, además de en Cartaya, en algunas otras ciudades como es el caso de Peraleda de la Mota (Cáceres) o Bercianos de Aliste (Zamora). La primera referencia escrita de su existencia hallada por el catedrático de Historia cartayero José Román, data del año 1279 en Zamora. Más cercana estaría la que se celebraba en la catedral de Sevilla desde mediados del siglo XV y que desapareció, al igual que la anterior. En Cartaya lo protagoniza una de las hermandades más antiguas de la localidad, la Sacramental del Santo Entierro de Cristo, de la que se tienen referencias desde el año 1599.

Es por ello por lo que cada año el Descendimiento se convierte en una de las más importantes señas de identidad de la Semana Mayor cartayera. Durante el mismo, los Santos Varones, siguiendo la dramática y antigua narración del también ancestral Sermón de la Pasión (pronunciado este año por el Hermano Mayor de la Sacramental, Vicente José Acevedo), desclavaron y descendieron una vez más la imagen del Cristo Articulado de su Cruz, la cual se sitúa en el Altar Mayor de la parroquial de San Pedro tras un velo rojo que se descubre cuando el orador llega al punto oportuno de la narración.

La imagen yacente fue presentada a su Madre, en esta ocasión la Virgen de Nuestra Señora de la Esperanza, antes de ser expuesta en brazos de los Santos Varones a la adoración de los fieles mediante un devoto besa pies. Tras recorrer el templo el Cristo se coloca en la urna para salir en procesión, que este año quedó suspendida por la lluvia.

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