El apoyo afectivo disminuye la aparición del estrés infantil

  • Los menores responden a las exigencias del entorno como lo hacen los adultos generándoles ansiedad

Los menores se encuentran en la cultura de consumo de bienes, de conocimientos, de tiempo, convirtiéndose en protagonistas y víctimas de la misma, pues las exigencias adultas pueden trasladarse a ellos. Según el psicólogo Bruno Moioli, quien recientemente ha publicado el libro Soñar para Ganar junto a Emilio Sánchez Vicario, "a través del aprendizaje social, de la observación de modelos de conducta, los menores aprenden a responder a las exigencias del entorno como hacen sus adultos, prestando más atención al resultado que a los procesos, con poca tolerancia a la frustración, etc.".

Cada niño reacciona distinto ante el estrés y aunque es posible mencionar algunos indicadores, los síntomas de estrés infantil varían de acuerdo al entorno familiar y escolar. La principal diferencia del estrés infantil respecto al adulto es que los menores no son conscientes de lo que están sufriendo y generalmente son los adultos quienes detectan que algo no funciona. Según Bruno Moioli, entre los síntomas físicos del estrés infantil están el dolor de cabeza, el dolor estomacal o las pesadillas, y entre los emocionales la irritabilidad, las preocupaciones o la ansiedad.

Además, el especialista señala que cuando nos referimos a problemas de ansiedad en niños y adolescentes estamos reflejando una situación más delicada que en los adultos, "ya que pueden condicionar gravemente su desarrollo y madurez, asimismo, estos se mostrarán en el rendimiento académico y las relaciones familiares. Se sabe que la ansiedad en la infancia suele constituir la base de los trastornos de la vida adulta".

Para abordar esta situación psíquica, además de ser conveniente que al menor lo vea un profesional de la psicología infantil que ayude a eliminar o reducir la sintomatología, "es esencial que el niño tenga amigos, y tenga tiempos de juegos y distracciones. También los padres deben alentar al niño a hacer preguntas, así como a expresar sus inquietudes, preocupaciones y miedos; fomentando sentimientos de autoestima del menor, utilizando estímulos y afecto y tratando de que se involucre en situaciones en las que pueda tener éxito, es decir, la mejor solución para el estrés infantil es brindar el apoyo afectivo necesario para que ellos se puedan sentir comprendidos y queridos", aconseja el psicólogo Moioli.

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