Ser mejor tampoco le vale

  • El Decano supera en juego al UCAM sobre el césped, pero cae en un partido que no supo amarrar tras empatar

  • Los universitarios marcan con un penalti que no fue y en su único tiro

Urko Arroyo festeja el segundo tanto del UCAM Murcia ante la desolación de los jugadores del Decano. Urko Arroyo festeja el segundo tanto del UCAM Murcia ante la desolación de los jugadores del Decano.

Urko Arroyo festeja el segundo tanto del UCAM Murcia ante la desolación de los jugadores del Decano. / reportaje gráfico: la opinión de murcia

Ni siendo mejor ni superando al oponente ni levantando un partido muy cuesta arriba. Nada. Este Recre está metido de lleno hasta el cuello en un problema mayúsculo al que le queda ocho semanas por delante para dictar sentencia. Quien no lo quiera ver se engaña. Este equipo está metido en una dinámica destructiva. Ya sabe que tiene cuatro finales en casa y otras tantas fuera. Tiene que arañar cada punto, entender que es un conjunto que pelea por la permanencia y amarrar lo que le falta. Da igual como lo saca adelante, pero tiene que conseguirlo. Y si le toca a Huelva de nuevo, que lo pida. Hoy es 19 de marzo. Hace dos años ya.

Cuando uno es el equipo pequeño sabe que con muy poco le van a dar un palo. Es una de esas injusticias máxima del fútbol. Es más sencillo que se hunda el que está abajo. A veces no hace falta ni tirar a puerta para derrotarlo. Si te toca estar por encima el viento te sopla de cara, mientras que cuando estás abajo cualquier impedimento se vuelve un contratiempo difícil de sobrellevar. El UCAM hizo muy poco, prácticamente nada, pero se vio a la media hora con ventaja en el marcador y luego se dedicó a contemplar el partido. ¿Qué había hecho? Nada. Tener la pelota en ocasiones sin demasiada fluidez y meter un balón al área para que el colegiado pitase un penalti de cachondeo. No fue más que un forcejeo en el área. Marc Fernández rentabilizó el regalo arbitral para elevar el gol al marcador. No se lo creía ni el UCAM.

Hasta entonces, muy poco y lo que hubo fue albiazul. Quiso controlar el partido el Recre por aquello de las dudas locales. La salida de los de Negredo fue mucho mejor que la local, con el equipo bien plantado y sin conceder apenas un metro a su rival. Incluso se acercó en varias ocasiones al área de Javi Jiménez. La mala noticia para las opciones albiazul fue que la mayor parte de los balones al área fueron desde la esquina y en la pizarra el saldo de esta campaña es nulo.

Con la ventaja en el marcador se tranquilizó el UCAM. Supo Luis Casas que el Recre tiene serios problemas para generar fútbol con fluidez. Le dio el balón y lo esperó con tranquilidad. Con eso le valía para llegar al descanso por delante y sin tirar a puerta en 45 minutos. Sólo un poco de agresividad recreativista hubiese complicado el partido al UCAM. De carácter anda corto este Decano. Y ya puede buscándola porque de donde está se sale sudando sangre si es preciso.

La sensación de vulnerabilidad del UCAM aumentó la indignación con la derrota parcial. Ni siquiera con el gol en su casillero fue mejor. Regresó el partido como se fue. Con el Recre mejor que su rival, que seguía viéndolo sin mostrar síntomas de nerviosismo. Luis Casas dio la instrucción clara de esperar a que el Decano se descubriese. Tal vez porque no tenía recursos para más.

El Decano necesitaba intensidad, verticalidad y sangre. En esta plantilla después de 30 partidos pocos futbolistas lo garantizan. En el banquillo el capitán Núñez y tal vez Boris. Poco más. El delantero catalán fue el primero en entrar. Después de una hora cambió el plan Negredo para buscar el fútbol con más presencia. Si no podía generar fútbol, tendría que provocarlo con segundas jugadas.

El UCAM cedió metros ante el empuje albiazul. Con el rival metido en su campo le tocó el turno a Iván Agudo. Más pólvora. El Recre tenía delante a un oponente timorato y frágil al que no había sido capaz de poner en aprietos serios siquiera porque su problema es que la superioridad raras veces la traduce en peligro. En cuanto lo hizo encontró el premio. Una jugada de Rafa de Vicente por la derecha la remató Boris al fondo de la portería en el 78.

Había hecho lo más complicado, que era levantarse. Tenía ser inteligente para amarrar un punto bueno después de tener el partido perdido. Pero no lo hizo. Un equipo que pelea por la salvación mata por cada punto. En lugar de eso permitió al UCAM lanzar un único ataque. Tremendo lo de los murcianos. Fue suficiente para que Urko Arroyo hiciese el segundo. Aquello de la alegría y la casa del pobre elevado a la máxima exponencia. La entrada de Núñez ya poco pudo aportar. El punto era de oro después de la jornada y cómo se había puesto el partido, pero no hay manera. Para salir de abajo hay que pensar como un equipo de abajo y actuar como tal. Parece que todavía no ha quedado claro.

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