EL PERSONAJE

“Tengo fe en las personas y en la posibilidad de redención”

  • Javier Gutiérrez. Realizador y director de '3 días'

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Ala Tierra sólo le quedan tres días. Un meteorito de grandes dimensiones se estrellará en ese plazo de tiempo contra el planeta, arrasando con todo. Pero esta vez el foco de la cámara no se posa sobre los habitantes de una gran ciudad para mostrar lo que ocurre cuando se acaba el tiempo. El realizador Javier Gutiérrez ha preferido enseñarnos el Apocalipsis en un pueblo de la España profunda, que bien podría ser andaluz. Su película fue galardonada con la Biznaga de Oro en el último Festival de Cine de Málaga.

Si le quedaran tres días ¿qué haría?

Un cortometraje. ¡Los primeros los hacía en tres días!  

Lo suyo es vocación.

Pensándolo bien, supongo que iría con la gente que quiero, para estar con ellos, a un sitio especial, a pasar los últimos momentos con ellos.

¿A quién le rezaría?

Soy poco de rezar. Aunque creo que hay algo más, no se si Alá o Dios, soy muy respetuoso con todas la religiones.

¿Hay esperanza tras el Apocalipsis?

Muchas veces en la vida se producen pequeños milagros que nos ayudan a darnos cuenta de que hay algo mágico. Esa magia tiene que estar justificada por algo, da igual cómo lo llamemos.

Pero su película es pesimista.

Mi película es una historia de redención de un personaje que a lo largo de su vida ha sido gris, no ha conseguido nada y que en sus tres últimos días, en una situación límite, saca a relucir lo mejor que hay en él.

Otros sacan lo peor.

En esos momentos de cara o cruz aflora lo que hay en cada cual. La cuenta atrás influye en los personajes. Se va a acabar el mundo. Es una combinación interesante.

¿Tiene fe en las personas?

Tengo fe en las personas y en la posibilidad de redención. Creo que alguien puede dar lo mejor de sí mismo para ayudar a su familia en un momento límite. Siempre hay algo que nos mueve y hacer salir lo bueno que hay dentro de nosotros.

Retrata un lugar muy duro, de la España profunda.

Es una visión extrema y fantástica de la Andalucía profunda, de esos pueblos de Andalucía y la Mancha que conocí de pequeño, de ese clima tan seco, el polvo en los caminos, las rancheras… todo llevado al extremo.

¿Ahora hay menos sordidez?

He tomado referencias de cuando era pequeño y las he llevado al cuento apocalíptico. Sé que lo que enseño no tiene nada que ver con la Andalucía de ahora. Antes no había campos de golf, ni nada verde.

Ni móviles, ni internet...

En un pueblo de los de ahora tendrían una televisión plana, internet y YouTube, y estarían hablando de la amenaza del meteorito por el teléfono móvil.

¿Cómo se aficionó al cine?

El cine me interesa desde que recuerdo, casi desde párvulos. Dibujaba cómics en el colegio, que eran como los story boards que hago ahora.

¿Y los llevaba al vídeo?

Fui de los primeros alumnos que hice trabajos en vídeo, para Filosofía. ¡Mis cortos de cine fantástico tenían muy poco que ver con la asignatura!

¿Por qué se decanta por lo fantástico?

Porque lo fantástico te da mucha libertad para imaginar. Es una forma de evasión, que te permite construir un mundo diferente en todos los sentidos.

¿No le gusta el mundo real?

Me gusta el mundo real, pero en la fantasía puedes jugar a inventar cualquier cosa y que la gente llegue a creerlo. En el momento en que entras en una sala de cine y cambias las normas, todo vale.

¡Pero estudió Derecho!

No tiene nada que ver, ni me interesaba nada la carrera. Me pasaba las clases de Derecho romano haciendo story boards de los cortos que empecé a hacer cuando llegué a Madrid.

Pues sí que iba descaminado.

Tenía claro que quería dedicarme al cine, pero entonces no existía la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid, ni la carrera de Comunicación Audiovisual. Soy autodidacta.

¿Para qué le sirvió la carrera?

Creo que el Derecho me ha ayudado a comprender mejor la estructura de este mundo. En paralelo, mientras estudiaba, hacía teatro, vídeo y monté un grupo de gente amateur para sacar adelante proyectos independientes.

¿Y después?

Cuando acabé la carrera tenía unos cuantos premios, como treinta o así, por los cortos. Monté una productora independiente y me lancé a producir con los ahorros de los premios y las subvenciones del Ministerio de Cultura.

¿Cuál fue su primer éxito?

El primer corto, Brasil, tuvo muchos premios internacionales. Se estrenó en el festival de Sitges y, después de ganar, estuvo de gira por todo el mundo. Me dieron el premio de los estudios Universal y me invitaron a Los Ángeles.

No debe ser nada fácil destacar, con tanta competencia.

He tenido muchísima suerte. He hecho de todo, reescribir guiones, videoclips, desarrollar proyectos con productoras norteamericanas que luego no han salido…

¿Qué subyace en el fondo de sus guiones?

En mis trabajos tiene mucha importancia el factor tiempo. En todos mis cortos siempre he sacado un primer plano de un reloj. Y en esta película había uno preparado, pero no lo pude rodar. 

¿Le preocupa el tiempo, siendo tan joven?

La verdad es que el tiempo se me pasa muy rápido. Miro para atrás y me siento igual que cuando cogía mi cámara de vídeo con los amigos, aunque ahora todo lo que hago tiene más repercusión en la prensa.

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