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Un viaje de historia local

  • Los hombres sacan a las mujeres a bailar a cambio de que den la 'perrilla pa la luz'

Tradición a flor de piel. Esta fiesta se remonta a los tiempos de antaño, cuando servía para que los hombres "echaran el ojillo" a las mujeres. Tradición a flor de piel. Esta fiesta se remonta  a los tiempos de antaño, cuando servía para  que los hombres "echaran el ojillo" a las mujeres.

Tradición a flor de piel. Esta fiesta se remonta a los tiempos de antaño, cuando servía para que los hombres "echaran el ojillo" a las mujeres.

Entrar en una colá es como retrotraerse al origen de una fiesta de la que se tiene constancia documental desde finales del siglo XIX.

Estos espacios están profusa y ricamente ornamentados, además de presididos por la Cruz y protagonizados por la mujer alosnera, que se encarga de su preparación y ornamentación durante las semanas previas a la celebración de la fiesta, y que durante la misma espera sentada la llegada de las reuniones de mozos, que las invitan a bailar la seguidilla alosnera (una variación de la sevillana, pero con sólo tres secuencias), tras lo cual ella le pide la famosa perrilla pa la luz, una especie de propina que se entregará finalmente a la mujer de más edad y que antiguamente servía para pagar los gastos del combustible usado para la iluminación. Hoy sirve para sufragar los gastos de la decoración de la colá. La mujer se sienta de nuevo, hasta que otro hombre la vuelve a sacar a bailar.

Cuando una reunión de mozos llega a una colá, se queda en el espacio de entrada y quien de ellos desee bailar se acerca por el pasillo a la mujer escogida, mostrándole su deseo. La mujer elegida nunca podrá negarse a bailar con el hombre que la haya escogido y saldrá a bailar a lo que se conoce cono el llano o parte central de la colá. Todos cantan seguidillas para que las parejas bailen. Los hombres de la reunión acompañan con sus guitarras y las mujeres con panderetas, palillos y palmas.

Las Cruces de Alosno son cruces domésticas que, situadas en casas, garajes o trasteros, se transforman en colás porque históricamente se instalaban en los llamados coladeros de las viviendas, o lugares por los que se accedía al corral de la casa sin pasar por ella.

La colá parece recrear un antiguo salón de baile que, desde el Lunes de Pascua, las mujeres alosneras se encargan de instalar. Para Lola Hermoso, de la cruz de la calle Ayamonte, es una tradición "antiquísima, cuyo origen exacto desconocemos". Lo que sí tienen muy claro los vecinos de Alosno es que "desde varias semanas antes de la fiesta, las mujeres nos reunimos para decorar y preparar la colá, donde todo es pura artesanía y cuyos objetos decorativos son muy antiguos, estando muchos de ellos hasta incluso restaurados".

La de la calle Ayamonte es una pequeña Cruz de madera tallada y dorada, inscrita en una aureola en forma de rombo también tallado. La preside un Sagrado Corazón labrado y policromado rojo, colgando de sus extremos ramos de uvas, y decorada la aureola con ramos de frutas y angelitos policromados. Hermoso añade que dicha cruz "procede de La Habana (Cuba), aunque desconocemos cuándo, cómo y por qué acabó aquí".

Orgullosa del mantenimiento de la tradición, Hermoso también subraya "el papel fundamental de la mujer en la fiesta, aunque también el del hombre, porque "antiguamente era en las colás donde los mozos echaban el ojillo a las mozas, y de aquí han salido siempre muchas parejas que después han formado una familia".

Un extremo que confirma Sampedro Feria, que a punto de cumplir los 90 y pandereta en mano, afirma que los mejores recuerdos que se le vienen a la mente son de las Cruces de Mayo que ha vivido desde que era una niña hasta ahora, son los "muchos noviazgos, y después matrimonios, que he visto nacer y florecer en la colá, incluso de forasteros que han venido a visitar la fiesta y que han conocido una mujer alosnera con la que después se han casado".

Son ya más de las dos de la madrugada y cruces como la de El Santo, un madero dorado con forma de corazón a modo de orla, donde están labrados en relieve la cruz y los signos de la pasión de Cristo, con policromados en tonos verde y grana, son un hervidero de cante y baile a cuyas puertas esperan su turno varias reuniones de hombres bebiendo y entonando fandangos alosneros. Lo mismo pasa en la cruz de Las Azucenas, del tipo ramificada con forma de rombo donde no se aprecia la silueta y revestida de flores doradas y hojas plateadas, así como en las restantes cruces que se reparten por el caserío alosnero.

Pasadas ya las tres de la madrugada, en la cruz de la calle Santos, también ramificada con forma de rombo donde no se aprecia la silueta y revestida de flores doradas y hojas plateadas, las mujeres ya no dan abasto a salir al llano de la mano de los cientos de hombres que pueblan las calles alosneras, dispuestos a seguir bailando hasta el amanecer.

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