Los secretos mejor guardados del mar

  • Una oceanógrafa cartayera detecta en Groenlandia la muerte de corales de aguas frías por el cambio climático

  • Patricia Zunino vive por su trabajo en la Bretaña gala

Patricia Zunino Rodríguez (34 años) es una joven científica natural de Cartaya que vive desde el año 2012 por motivos profesionales en la Bretaña francesa, concretamente en la ciudad de Brest, donde ha podido recientemente hacer realidad uno de sus sueños: descubrir algunos de los secretos mejor guardados del mar.

Y es que esta joven oceanógrafa ha participado en un estudio, junto con un grupo de investigadores del centro donde trabaja, el Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial del Ifremer (Instituto Francés de Investigación y Desarrollo del Mar), que ha realizado un importante hallazgo para la ciencia: que los corales de aguas frías y profundas del Atlántico Norte también se están muriendo como consecuencia del cambio climático, con lo que se evidencia al mismo tiempo que los corales tropicales no son los únicos que están sufriendo los efectos de dicho fenómeno.

La revista científica 'Nature' se ha hecho eco de la investigación y las conclusiones

Como consecuencia del trabajo, que ha tenido una enorme repercusión mediática, y que sobre todo supone un interesante descubrimiento a la hora de luchar contra los efectos del cambio climático en el Planeta, Patricia Zunino también ha visto cumplido lo que ella misma considera "el sueño de todo científico": que Nature una de las revistas científicas más importantes a nivel mundial, donde se publican las investigaciones más punteras y con mayor impacto, se haya hecho eco del descubrimiento, y haya publicado recientemente un artículo donde se detallan las conclusiones de su trabajo.

Patricia Zunino ha señalado a Huelva Información que su "pasión" siempre ha sido "el mar, la mar…". De esta forma, cuando tenía 10 u 11 años y vivía en Cartaya, cada vez que iba a la playa y miraba el horizonte pensaba: "lo grande que es el mar, y la de cosas que hay por descubrir en su interior". Fue entonces cuando despertó su vocación por las Ciencias del Mar, carrera en la que se licenció en el año 2006 en la Universidad de Cádiz, donde realizó igualmente un máster en Oceanografía.

En 2012 defendió su tesis doctoral Detección y cuantificación de los efectos del cambio climático sobre las propiedades físicas del Mediterráneo Occidental, la cual realizó en el centro del Instituto Español de Oceanografía de Fuengirola. Durante la elaboración de dicha tesis tuvo la oportunidad de realizar diferentes estancias en centros de investigación internacionales como la Universidad de Lieja (Bélgica), el Istituto di Scienze Marine de La Spezia (Italia) o el National Oceanographic Center de Southampton (Reino Unido).

Nada más concluir la tesis se trasladó a la ciudad francesa de Brest, en lo que la propia Patricia denomina el "Finisterre galo", donde durante cinco años trabajó en el Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial del Ifremer. Inicialmente se fue por un periodo delimitado de tiempo, con el objeto de proseguir su carrera como investigadora, la cual "en cierto modo te obliga a desarrollar tu labor científica en otros países para poder volver más tarde a España y optar de esta forma a una plaza fija como investigadora". Pero "por el momento no tengo intención de regresar a España por motivos profesionales -prosigue- aunque siempre estoy deseando volver a mi pueblo, Cartaya, para pasar unos días con la familia y amigos y disfrutar de nuestra bella tierra, la cual hecho mucho de menos sobre todo por su maravilloso clima".

Según relata esta jovencísima y brillante oceanógrafa onubense, durante la realización de su tesis y las posteriores postdoc (contratos de duración determinada que se hacen después de un doctorado), se especializó en Oceanografía Física, que, en términos generales, se basa en el estudio de las propiedades físicas del océano, tales como sus corrientes, la temperatura, la salinidad, la densidad, y otras propiedades más específicas como la vorticidad potencial o la energía cinética. Igualmente se ha especializado en determinados aspectos de la biogeoquímica, como por ejemplo el ciclo del carbono en el océano. En concreto, sus investigaciones abordan la variabilidad de estas propiedades del océano y su relación con el cambio climático. "Es decir -detalla- observamos y cuantificamos como estas propiedades están cambiando en el océano, con el fin de conocer si ello es debido a la variabilidad natural, o si por el contrario son intensificados y/o debidos al cambio climático".

Con el análisis de todos los datos que ha ido recopilando, los diferentes grupos de investigación con los que la joven cartayera colabora han escrito y publicado numerosos artículos en revistas científicas de prestigio internacional como Geophysical Research Letters, Biogeochemical Cycle o, más recientemente, Nature, que "es el sueño de todo científico".

Es en ésta última donde se ha publicado el artículo sobre el importante hallazgo en relación a los corales de aguas frías y profundas del Atlántico Norte Subpolar. Y es que "con nuestras medidas de propiedades físicas y biogeoquímicas del océano, hemos demostrado cómo estos corales, al contrario de lo que se pensaba hasta ahora, también se encuentran en peligro por uno de los efectos del calentamiento global, la acidificación del océano que, de forma muy básica, es la disminución del pH de los océanos" detalla.

Como oceanógrafa, Zunino utiliza todas las formas posibles que actualmente se usan para la recopilación de los datos necesarios para conocer las propiedades del océano, aunque según detalla principalmente trabaja en base a los datos que se miden directamente en campañas oceanográficas. Un hecho que le permite haber podido participar, por el momento en numerosas campañas oceanográficas por el Mar Mediterráneo, y Océanos Atlántico Tropical y Subpolar, llegando incluso hasta las costas de Islandia y Groenlandia.

Otra de las metodologías más usadas por la joven investigadora cartayera para la recopilación de datos es mediante boyas autónomas, un sistema enmarcado en un programa internacional llamado Argo, que se inició en el año 2000, y que se basa en largar al océano boyas autónomas que derivan en profundidad (normalmente a 1.000 metros), y que cada un cierto periodo (10 días aproximadamente), suben a la superficie midiendo la temperatura y la conductividad (propiedad a partir de la cual se determina la salinidad) de toda la columna de agua. Una vez en superficie dichas boyas envían los datos a los satélites, que posteriormente los remiten a los centros de procesado en tierra. Finalmente señala que otra metodología común en su trabajo para la obtención de datos son la instalación de instrumentos de medida en barcos de rutas comerciales.

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