Las otras reglas del Santuario

  • El Ayuntamiento de Almonte somete la aldea de El Rocío a un mayor control urbanístico con la elaboración de un Plan Especial de Protección. El objetivo es conservar la fisonomía del enclave

Aparcadas las inherentes connotaciones religiosas, la aldea de El Rocío es un lugar único en el mundo por la identidad urbanística que la envuelve, gracias al hecho de haber sabido conservar esa esencia de núcleo urbano con calles sin asfaltar y flanqueadas de emblemáticas y señeras construcciones de estilo típicamente andaluz. Señas de identidad que configuran y brindan un empaque singular a todo el conjunto arquitectónico.

Con objeto de perpetuar y velar por la conservación impertérrita de estos patrones, el Ayuntamiento de Almonte ha dictado unas normas urbanísticas, recogidas en un Plan Especial de Protección del Santuario y la aldea de El Rocío, en las que se detallan los instrumentos que se pueden utilizar para garantizar que la fisonomía de este enclave almonteño no se vea modificado en el tiempo, como consecuencia de la evolución urbanística o de la ejecución de obras de mejoras en los inmuebles que le despojen de toda su esencia y de las líneas que evocan su sabor añejo.

El ambicioso documento, que ya se encuentra plenamente en vigor tras su aprobación inicial por el Consistorio almonteño, tiene su área de actuación en todo el perímetro de la aldea que comprende desde la zona norte de la Plaza de Doñana hasta los alrededores de la ermita de la Virgen del Rocío.

De este modo, las viviendas particulares y las casas de las hermandades que están catalogadas como de especial protección dentro de este plan deberán de "respetar los colores tradicionales de las fachadas, su fisonomía" e incluso, en algunos casos, su área edificada.

Como no podía ser de otra manera, la medida aprobada garantiza que, en términos arquitectónicos, el santuario rociero continúe siendo el eje y emblema urbano, para de esta forma "preservar" el condicionante histórico de que fue la ermita mariana la que generó a su alrededor una sociedad anexa a su cultura.

Con estos fines, la norma prohibe que ningún edificio supere en altitud a la ermita de la Blanca Paloma. Este rasgo, junto con el compromiso de no asfaltar las calles del área de actuación, pretende lograr que las futuras generaciones puedan divisar la misma estampa de El Rocío que la que vivieron sus antepasados.

Pero no sólo en la ordenación urbana, fachadas de las viviendas y casas de hermandades se concentra este plan, sino que, en cierto modo, también actúa en su esencia misma al objeto de resguardar todos sus extremos, ya que, por ejemplo, las cuadras para caballos, carruajes o charrés también tendrán de conservarse.

En este sentido, para los inmuebles con los niveles de protección más altos se rechaza explícitamente cualquier aumento en la edificabilidad, de forma que estas áreas no podrán ser bajo ningún concepto transformadas.

La concejala de Ordenación del Territorio del Ayuntamiento de Almonte, Azucena León, reconoce que la nueva norma urbanística tiene un carácter "restrictivo" y su fin no es otro que impedir que determinadas edificaciones no rompan la fisonomía y la estirpe de las viviendas asentadas en la zona.

No obstante, la edil socialista precisa que era necesario abordar el alumbramiento de una batería de medidas que protejan de forma clara unos inmuebles que tienen un valor patrimonial y paisajístico muy importante dentro del conjunto de la aldea.

Concretamente, el área de protección del Plan Especial de Protección abarca a 73 inmuebles residenciales, 13 casas de hermandades y, cómo no, a la totalidad del Santuario rociero.

El documento recoge igualmente tres niveles de protección para las casas de hermandad y cinco para los inmuebles residenciales. En el primer nivel de se incluyen todas las chozas marismeñas que aún se mantienen en pie en la aldea, al objeto de no perder estos últimos eslabones de una construcción tan autóctona.

En este sentido, en el plan se precisa que "debido a escasez y rareza en la actualidad" de estas viviendas, éstas deben contar con una protección especial con el fin de no se pierdan del paisaje urbano. Del mismo modo y para que la medida no sea percibida por los propietarios como un inconveniente, tanto la Consejería de Cultura como el Ayuntamiento de Almonte van a realizar sendos estudios en los que valorarán la viabilidad y conveniencia de incentivar la conservación de estas edificaciones.

En lo que atañen a las casas de hermandades filiales, estas valoran con suma cautela este documento, más que nada porque desconocen su contenido más allá de las líneas maestras aparecidas en los medios de comunicación.

Quien si se ha manifestado públicamente ha sido la Hermandad Matriz de Almonte, quien en boca de su presidente, José Joaquín Gil, ha resaltado que ve con buenos ojos la puesta en marcha de esta iniciativa que deja como centro de la cultura de la aldea al santuario de la Virgen del Rocío.

El Ayuntamiento se congratula que mediante la aplicación de medidas de carácter urbanístico se garantice la protección de la fisonomía de El Rocío y, más concretamente, del santuario, que con ello continuará siendo el santo y seña de la aldea, no sólo a nivel religioso sino también arquitectónico. Paralelamente, las normas urbanísticas que rigen la aldea seguirán su curso y velarán porque el crecimiento urbano continúe con los patrones arquitectónicos típicos del lugar.

Pero hay más, porque a pesar de que los fieles y devotos de la patrona almonteña conforman el grueso de turistas que se acercan cada año a la aldea, el Ayuntamiento almonteño es consciente de que existe otro perfil de turistas más seducido por el modelo arquitectónico y por la singularidad de un espacio único en el mundo. De ahí que con estas medidas proteccionistas se pretenda perpetuar este peculiar patrimonio urbano y brindar a los visitantes una oferta que no se circunscriba de modo inexorable al ámbito religioso.

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