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Una joven lleva seis años a la espera de la sentencia por una violación en París

  • Marta Leandro fue agredida sexualmente por un enfermero en un hospital de la capital francesa

  • El agresor fue condenado en primera instancia pero recurrió el fallo del tribunal

La joven onubense Marta Leandro reside en Villablanca. La joven onubense Marta Leandro reside en Villablanca.

La joven onubense Marta Leandro reside en Villablanca. / J. Landero

Una joven de Huelva, aunque actualmente vecina de Villablanca, Marta Leandro Rico, denunció públicamente ayer martes que lleva seis años esperando que se dicte sentencia definitiva en Francia tras haber sido víctima de una violación en un hospital público del distrito parisino de Clichy por parte de uno de sus enfermeros, el cual ya fue condenado en primera instancia por los hechos y que recurrió la sentencia.

En declaraciones a Huelva Información, la joven manifestó que el pasado lunes día 22 debía haberse celebrado una vista oral en París para resolver definitivamente el recurso presentado por la defensa del acusado, pero que "se suspendió a última hora por cuestiones técnicas", posponiéndose para el próximo mes de septiembre, "alargándose otros ocho meses la ya de por sí dilatada agonía que vengo padeciendo desde 2012".

Un hecho que la ha llevado a dar a conocer su caso con el objeto de que "se haga justicia cuanto antes", ya que el enfermero, a pesar de estar condenado en primera instancia, "sigue ejerciendo", aunque ya no en el hospital público donde sucedieron los hechos, dado que la sentencia de inhabilitación que pesa sobre él "aún no es firme".

Según ha relatado Marta, los hechos sucedieron en 2012, cuando siendo estudiante de Psicología en la Universidad de Huelva llevaba ya aproximadamente un año residiendo en la capital francesa con una beca Erasmus.

La noche del sábado 21 de enero, afirma que sufrió una crisis de epilepsia idiopática que le provocó una "crisis de ausencia" o una "especie de catatonia", estado en el que "recibes impulsos y eres consciente de lo que pasa alrededor, pero no puedes comunicarte con nadie en ese momento".

Como consecuencia de ello, la joven estudiante onubense fue trasladada al hospital del distrito de Clichy "con una consciencia, según los médicos, de 8 sobre 10", que le permitió notar "cómo me hacían un masaje cardiaco". En este sentido, y una vez ingresada en el centro hospitalario, "noté que me penetraban con un dedo o algo similar en la cavidad vaginal". Debido al estado de semi inconsciencia en que se encontraba "en un principio pensé que me estaban limpiado o poniéndome una sonda por una posible pérdida de orina", así como recuerda que en ese momento "junto a mi camilla había un enfermero, y una enfermera más alejada".

De esta forma, y sin prestar mucha atención a lo que pasaba "porque pensé que se trataba de una cura o algo similar, me quedé dormida -prosigue- para despertar aproximadamente entre dos y tres horas más tarde en un pequeño box hospitalario con la luz apagada y con una puerta abierta".

Durante el tiempo que estuve dormida "no sé lo que pudo pasar" pero al despertar "pude ver al trasluz" a un hombre "que luego me di cuenta que era el mismo de antes, el cual no sabía que yo estaba consciente y que me metió la mano entera en la vagina, y me tocó el pecho izquierdo".

Igualmente, apreció cómo esa misma persona, de la que recuerda que era "alta, delgada, con gafas y con perilla" restregó al menos dos veces su mano por su vagina "para olérsela después acercándoselas a la nariz". Fue entonces cuando Marta fue plenamente consciente de que "pasaba algo que no era normal", por lo que "le agarré el brazo, comencé e gritar y vinieron varios enfermeros".

Estos hechos llevaron a la joven onubense a poner una denuncia de forma inmediata contra el enfermero en base a los rasgos físicos que "claramente" recordaba de él mismo, "pasando entonces cosas muy extrañas, como que sus propias compañeras de planta no notaban que contase algo que ellas no supieran ya de antemano".

Tras un largo y penoso periodo de tiempo, al principio sola en París, durante el que tuvo que buscar abogado, y en el que solicitó ayuda, entre otras instituciones a la Embajada de España en París (de la que lamenta el escaso apoyo recibido) y hasta a la Universidad de Huelva (que según ella le fue de una gran utilidad), en febrero de 2016 fue citada por primera vez para juicio, el cual se anuló "en el último momento por falta de intérprete".

La siguiente fecha en la que se la llamó tuvo que acudir a la capital francesa para el juicio "embarazada de siete meses" y la vista "se volvió a suspender también por una cuestión técnica". No obstante, en febrero de 2017 "dejé a mi hija de dos meses en España y por fin se celebró el juicio". El enfermero justificó ante el tribunal en la vista oral, prosigue, que "no pudo tocarme por tomar una medicación por esclerosis que le privaba de deseo sexual". Finalmente "salió culpable,y fue condenado a un año de cárcel, que no cumplió por no tener antecedentes, y a 5.000 euros de indemnización".

No obstante, "contra todo pronóstico" presentó un recurso "avalado por uno de los abogados penalistas más importantes de Francia", un hecho que "siempre nos ha extrañado mucho porque inicialmente contaba con un abogado de oficio".

El lunes tendría que haberse celebrado de nuevo la vista para la revisión del recurso y nuevamente se ha suspendido, esta vez por petición del abogado del acusado, con lo que "de nuevo vemos que la pesadilla no termina".

Marta sólo quiere "que se haga justicia" y ha pedido toda la ayuda posible para que este asunto se solvente de forma definitiva, ya que después de seis años "todavía este hombre, condenado por violación, sigue sin pagar su culpa".

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