Las fiestas de las cruces de mayo concluyen hoy con la 'gira'

  • Desde el pasado sábado, los integrantes de las cruces del Llano y de la Fuente protagonizaron distintos momentos de 'piques' debido a su histórica rivalidad

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Almonaster la Real termina hoy con la celebración de las cruces de mayo, unos días festivos que ha contado con el beneplácito de la meteorología y la asistencia de numeroso público a los actos más tradicionales de esta actividad.

Dos son las hermandades que se encargan de mantener y desarrollar esta fiesta: La del Llano y de la Fuente, que también ha derivado a alguna de sus aldeas como es el caso de Aguafría y Las Veredas

Durante este último día se desarrolla la llamada 'gira', que supone una nueva jornada campestre, un día de convivencia y de hermandad para cada una de las dos hermandades, para culminar con una entrada apoteósica de todos los vecinos en el pueblo, hacia las 11:00 de la noche, al compás de los fandangos de las cruces y las diversas manifestaciones musicales de todo este ritual que significa la conservación de esta tradición tan ancestral. A todo esto se unirá una impresionante salva de cohetes.

No obstante, las actividades de ambas cruces se iniciaron el pasado sábado. En todas ellas, la mujer es, sin lugar a dudas, la protagonista. Como referente máximo, las mayordomas, un cargo que este año recae en María José Martín, en la Cruz de la Fuente, y Carmen Arroyo, en la Cruz del Llano.

Estas dos hermandades, rivales entre sí, se encargan de decorar los dos monumentos que se erigen a sus respectivas cruces y que se localizan en el caso de la Cruz de la Fuente en las cercanías de la Fuente del Concejo y, en el caso de la Cruz del Llano, en los aledaños del a Plaza del mismo nombre.

Las cruces de Almonaster cuentan con unos elementos característicos que han hecho que esta fiesta perdure a lo largo de los años, una fiesta que nos devuelve a la naturaleza en todas sus manifestaciones, desde el domingo de 'chubarba', la tarde de las flores, el romero, la 'gira'; en definitiva, todo nos recuerda, precisamente, la vinculación del hombre con la propia naturaleza.

El papel de la mujer en esta fiesta es esencial, tal y como ocurre en tantos otros lugares en donde se celebra la fiesta de la Cruz, un poco, como la representación viva de la diosa de la naturaleza y de la fecundidad, y que, año tras año obraba el milagro de devolver la vida a los campos. En ese sentido, es la que ostenta la mayor representatividad.

Tras la presentación de la mayordomas ante sus respectivas cruces el sábado, ya de madrugada se produce lo que se conoce como 'la noche de los pinos', una costumbre que sólo se circunscribe a esa noche y en donde tienen lugar los tradicionales fandangos de 'pique', una manifestación folklórica que ha contribuido a hacer de esta fiesta algo prácticamente único. En primer lugar, los hermanos de la Cruz de la Fuente acudieron a los terrenos de la Cruz del Llano, y después, al revés, de forma que se desarrollaron los momentos claves para cantar estos fandangos que son fruto de la improvisación y en donde, tal y como recuerda el alcalde, Manuel Ángel Barroso, "salen a la luz cuestiones de los personajes protagonistas de cada año".

Esto significa que todos los años se cuenta con un repertorio distinto y novedoso, con unas letrillas de una gran ironía y una gran chispa y en donde se pone de manifiesto ese pique sano entre las dos hermandades.

El domingo se inició con el romero de la Cruz de la Fuente y por la tarde, con el de la Cruz del Llano y en donde la mayordoma y hermanas de una y otra hermandad cantaron el romero, siguiendo toda una serie de rituales.

Tras la reunión de las serranas en la Cruz ya adornada y la recogida de la mayordoma, de la Cruz, portando la bandera de la hermandad y acompañada por las diputadas, la comitiva se trasladará a las afueras del pueblo donde espera a caballo el mayordomo, acompañado también por dos diputados. Tras hacer entrega de la bandera al mayordomo y regresar al pueblo, comenzaron las ofrendas de romero a las cruces, la iglesia y en el propio Ayuntamiento, ofrendas que realizaron en primer lugar el mayordomo seguida de la mayordoma y siempre finalizando en la cruz propia.

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