El esqueleto de una nave industrial es la casa de una decena de inmigrantes

  • Los 'sin papeles' sobreviven en ella desde hace varios días

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En el polígono 'El Prado' de Lepe, en una nave inacabada rodeada de prósperas empresas de todo tipo, sobreviven desde hace unos días una decena de inmigrantes africanos sin papeles, que, como explica su portavoz, tienen engañadas a sus familias en sus países sobre su estado.

Falinac, de 21 años, es uno de los 10 inmigrantes de países como Senegal o Mali que han hecho suyo el techo de la nave para vivir, porque la estructura tiene poco más, ya que la empresa que la iba a construir a principios de siglo no la terminó, y por paredes cuenta tan sólo con algunas columnas.

Este senegalés afirma que, como sus compañeros, tiene engañados a sus familiares en su país, "porque ellos creen que trabajo en un almacén de venta de materiales de construcción, pero estoy aquí, durmiendo en colchones en medio de una nave", y todo ello a escasos metros de un salón de celebraciones en el que el jueves pasado almorzaron decenas de personas a 30 euros el cubierto.

Con un español correcto, Falinac explica que llegó a España hace un año y medio, a bordo de una patera, y desde entonces ha estado compartiendo las campañas de la naranja en Valencia y la costa de Huelva.

Hace 10 días llegó a Lepe junto a unos amigos también africanos y con algunas mantas, colchones y poco más montaron el campamento en el que viven precariamente, resguardándose durante el día de los 25 grados de calor de la costa de Huelva, pero sufriendo las mínimas de menos de 10 grados casi al raso durante la noche.

Lo peor del caso, al menos en el aspecto laboral, es que todos ellos trabajan de forma esporádica, a pesar de no tener "papeles" que les autoricen a ello.

La fórmula es sencilla: hay zonas concretas en la localidad donde los inmigrantes son recogidos, y son contratados prácticamente por horas y días, tanto que en el caso de Falinac afirma que ha trabajado sin tener documentación por 50 céntimos de euro por caja de naranja recogida, lo que le ha supuesto tener unos 30 euros al final de la jornada.

El dinero les dura poco, y se va rápidamente en comida y algunos artículos de higiene personal, porque llama la atención que, a pesar de su situación, su aseo personal es incuestionable.

"Pero pasamos hambre y frío", se lamenta mientras termina una de las latas de atún que una vecina de la zona les ha proporcionado de forma voluntaria, al tener conocimiento de que se encontraban acampados y sin recursos.

Sobre los recursos de la localidad para atenderles, Falinac asegura que no sabe nada de los servicios sociales ni de ninguna ONG, pero se siente seguro y protegido por la Policía, "que a veces pasan por aquí, y nos ven, pero nunca nos molestan ni nos dicen nada".

Por el momento, los inmigrantes acampados permanecerán en la localidad durante alguna semana más, mientras tengan la suerte de que algún empresario les capte alguna que otra mañana entre las decenas de subsaharianos que se exhiben como mano de obra barata al pie de la carretera, lo que parece que no cambiará mientras su oferta tenga demanda y su trabajo tenga dinero a cambio pero no documentación que lo avale.

"Después, cuando pasen los días, volveré a Valencia, a recoger naranjas", pero cuando Efe lo visitó su prioridad no era trabajar, sino esperar que la solidaridad de los vecinos de Lepe les proporcionase leña para no sufrir demasiado el frío de la noche.

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