San Sebastián, símbolo religioso

  • A los peones y oficiales que trabajaron se sumó la nómina de afamados artistas como Carmen Laffón, que hizo casi todas las vidrieras murales · El proyecto surgió en la década de los 50 en el siglo pasado

Una locura. Así calificaron muchas personas el proyecto de construcción de una nueva ermita de San Sebastián en Valverde del Camino para acoger a la imagen del Señor del Santo a mitad del siglo pasado. Una locura que permite contar en la actualidad con un edificio religioso moderno que destaca en un alto donde antes los molinos batían el viento para proporcionar el pan a los valverdeños.

Un grupo de vecinos de la localidad -todos pertenecientes a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas y Primitiva Cofradía de Jesús del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad- planificaron la construcción en la década de los cincuenta del siglo pasado de una nueva ermita que sustituyera a la ruinosa edificación que se encontraba a las afueras del núcleo urbano de Valverde del Camino, cuya advocación estaba conferida a San Sebastián.

El proyecto, como casi todos los de este tipo, contaba con más ilusión que recursos económicos pero al final, pese a los años de escasa riqueza, permitieron ver erigida la nueva casa de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, conocido en Valverde como El Señor del Santo. Los donativos de los valverdeños hicieron realidad el proyecto. La primera piedra fue colocada en el 23 de marzo de 1952. Nueve años después estuvo terminado el templo, que fue consagrado por el Obispo de Huelva Pedro Cantero Cuadrado un domingo 12 de marzo de 1961. Se conoce, según el documento que apareció en el interior del retablo de la anterior ermita, que la anterior capilla se construyó antes de 1752 por orden del Cabildo Catedral hispalense y que era costumbre que en las llegadas a Valverde de los jueces comisionados y visitadores del cabildo, primero realizaran una parada en la capilla de San Sebastián y desde ahí partiera la comitiva hasta la parroquia.

Los años no dieron tregua a la vetusta construcción y por su estado se vio la necesidad de elevar una nueva capilla "moderna y atrevida" como entonces la calificó el arcipreste de Valverde.

El nuevo templo fue diseñado por los arquitectos Antonio Delgado y Alberto Balbontín que se inspiraron en la arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Parece ser que más concretamente en los trabajos del maestro Diego Antonio Díaz autor, entre otras obras, de la Capilla del Silencio, en Sevilla o de la Parroquia de Umbrete.

La estructura de la ermita de San Sebastián está compuesta por una planta rectangular de Cruz latina, con crucero poco profundo cubierto de cúpula y capillitas laterales que soportan tribunas. Tras el altar mayor, camarín en planta alta, cripta en la baja y lateralmente sacristía, sala de junta y almacén.

Junto a los arquitectos del proyecto, la dirección técnica o la persona que buscó la hermandad para desarrollar el proyecto fue José Cano. Pero junto a los oficiales y peones que trabajaron por su salario en la obra, hay que unir a todos una nómina destacada de artistas que también contribuyeron al enriquecimiento del mismo. Son los casos de Carmen Laffón, afamada artista y autora de casi todas las vidrieras murales del templo. El mosaico del altar mayor también es trabajo destacado de un gran artista nacional como fue Javier Calvo. También se utilizaron para la construcción y decoración materiales nobles como madera de caoba llegada desde Santo Domingo, mármol de Alicante y Macael y un largo etc. A los nombres de consagrados artistas se unen los trabajos y, no menos importantes, artesanías de valverdeños que con su afán de colaboración y entrega a la hermandad pusieron su granito de arena realizando todo tipo de trabajos.

La unión de muchas voluntades hizo posible esta edificación religiosa que hoy es referente entre los monumentos artísticos de Valverde del Camino. A base de sellos -pequeños donativos dinerarios que daban los valverdeños y que se intercambiaban por pequeños sellos que se pegaban en las llamadas libretas de ahorro-, donaciones de materiales de construcción o de trabajo se hizo realidad el proyecto no sin salvar muchas dificultades y de tener, como se dice en Valverde, "la perra amarrá" -adeudar dinero- en muchos sitios. De todo esto la hermandad fue informando durante los nueve años con la edición de un boletín para contar con todo lujo de detalles el proceso de construcción de la nueva ermita. Esa serie de ediciones se cerró con una denominada 'Historia de una ermita', que puso el punto y final.

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