El SOC pide a la Junta que actúe para humanizar la situación de las chabolas

  • Diego Cañamero visitó ayer dos campamentos en la zona de las Madres

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La comitiva del Sindicato de Obreros del Campo (SOC) y el mismo secretario general del sindicato, Diego Cañamero, se quedó ayer desolada tras visitar dos de los asentamientos de inmigrantes que existen en la provincia de Huelva. Ambos están ubicados junto a la laguna de las Madres en Palos de la Frontera, en uno hay alrededor de 600 personas y en el otro no menos de 150, según la estimación que hizo ayer Diego Cañamero.

Este, que también es el portavoz nacional del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), se va a reunir hoy a primeras horas de la mañana con la delegada provincia de Empleo, Mª José García Prat, para solicitar que "se actúe humanitariamente" en estos asentamientos en los que los inmigrantes, en su mayoría subsaharianos, sobreviven "en condiciones muy por debajo de la dignidad humana".

Cañamero, que afirmó que el 80% de ellos carece de permiso de trabajo y que el 20% restante "puede que tenga algún permiso", afirmó que "no se entienden los contratos en origen para trabajar en el campo mientras existan aquí inmigrantes en estas condiciones". Los inmigrantes caminan por las tardes entre 10 y 20 kilómetros para intentar trabajar unas horas, "pero pocos lo consiguen porque los empresarios no pueden arriesgarse a tener a gente que no está regularizada".

Por poner algunos ejemplos, Cañamero aseguró que, al menos, dos veces a la semana se levantan a las cuatro de la mañana para ir hasta Mazagón en busca de la bolsa que reparte Cáritas. También la Cruz Roja, "de vez en cuando, llega para repartir algunos elementos básicos". Pero la realidad es que estas personas ayer "estaban comiendo los desperdicios que habían encontrado en el basurero de un matadero, es decir, restos de pollo, algo de oveja...". Esto al margen de que carecen de agua potable, la mínima atención sanitaria y que sobreviven bajo unas chozas improvisadas entre los pinos.

Cañamero también subrayó que "tienen mucho miedo a cámaras, fotógrafos o cualquiera que se aproxime porque piensan en los desalojos que les deja sin estas lamentables posibilidades que logran tener entre los pinos".

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