Nuevas plantaciones de eucaliptos amenazan con desertizar Doñana

  • La Estación Biológica y Ecologistas esperan que Medio Ambiente pare esta "agresión sin precedentes" propia del 'franquismo forestal' · Las fincas Cerrado Garrido y Cochinato, junto al corazón del Parque

Que el eucalipto tenía ideología quedó patente en el Diario de Sesiones de la Cámara Baja en 1979. Allí el diputado por Huelva y secretario general del PSOE, Carlos Navarrete, proclamó ante la atónita pluma de Luis Carandell: "El eucaliptus es un árbol de derechas porque sólo produce beneficio al empresario. Es genocida porque afecta a la fauna y a la flora. Es anticristiano porque va contra lo que debe ser el idílico paraíso terrenal; y es además un vampiro vegetal, analfabeto e imperialista". Navarrete hablaba así con conocimiento de causa: el desarrollismo franquista de los tecnócratas de los 50 plantó cien mil hectáreas de este árbol en Huelva para alimentar a la Empresa Nacional de Celulosas (ENCE). El Parque Nacional de Doñana no se libró de la plaga que ocupó más de 10.000 hectáreas de su territorio aun desprotegido. En 1959, las administraciones públicas de la mano de empresas privadas intentaban transformar la marisma y los biotopos. Alarmados por tal voracidad, el científico español José Antonio Valverde y un grupo de ornitólogos europeos convocó una reunión científica internacional de carácter urgente que fue el germen de lo que es hoy la Reserva de la Biosfera más importante de la Comunidad Europea.

Desde entonces hasta ahora la Administración central, Autonómica y la Unión Europea se han gastado miles de millones de pesetas, hoy euros, en 'limpiar' Doñana de eucaliptos. Pero ahora, y al calor de una laguna competencial entre las Consejerías de Innovación, Medio Ambiente y Agricultura los eucaliptos están volviendo a colonizar los humedales.

Los grupos conservacionistas y la misma Estación Biológica de Doñana han dado la voz de alarma pues en dos fincas ubicadas en Cerrado Garrido y Cochinato, entre Aznalcázar e Hinojos, en plena marisma, se está preparando el terreno para la siembra de lo que Navarrete consideraba hace treinta años un "árbol de derechas, genocida y anticristiano".

Exageraciones lingüisticas y demagogias políticas aparte, el regreso del eucalipto supone una amenaza de primera magnitud para la Reserva.

El director de la Estación Biológica de Doñana, Fernando Hiraldo, no da crédito a lo que está sucediendo ya y recuerda que en los últimos lustros se han eliminado 10.000 hectáreas de eucaliptos, un programa que aún está en marcha por lo que prefiere pensar, advierte, que "la Consejería de Medio Ambiente parará esta agresión medioambiental sin precedentes".

Hiraldo asegura que sembrar el entorno con este árbol sería letal para Doñana. Subraya que un eucalipto consume 30 litros al día. "Es una verdadera bomba de extracción de agua del subsuelo", dice. Basta hacer una simple regla de tres para visualizar la catástrofe: en cada hectárea caben 1.400 eucaliptos, o lo que es lo mismo, un consumo de 42.000 litros de agua por hectárea /día. "Sería como colocar junto a Doñana varias ciudades como Sevilla", explica.

Fernando Hiraldo cree que "carece de sentido volver al cultivo del eucalipto" y más sabiendo lo que va a pasar. No es otra cosa que la desecación del Parque, igual que ha ocurrido en las Tablas de Daimiel. Para el responsable de la Estación Biológica, un centro investigador de primer orden mundial adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) "carece de sentido volver a plantar eucaliptos. Hipotecará los suelos para muchos años y va contra la misma filosofía del Plan de Desarrollo Sostenible". Con fina ironía, Fernando Hiraldo añade: "Además, que se sepa, en el Parque aún no hay koalas que trepen y consuman las hojas de eucaliptos".

El gran problema de la siembra de eucaliptos lo sufrirían las especies y los acuíferos, comenta Hiraldo, al tratarse de una especie invasora que los animales repudian, impide el crecimiento de otras y acerca el desierto a la zona.

El director de la Estación Biológica apunta que el gran problema de Doñana es la escasez de agua en un acuífero que ha descendido por encima de los catorce metros en su parte noreste sin llegar a recuperarse ni tan siquiera tras un año de copiosas precipitaciones. "Y ahora pretenden sembrar eucaliptos. Es un disparate sin límites", insiste, al tiempo que "generará desconfianza sobre el trasvase de agua del Chanza a esta zona".

La evidencia de roturación de tierras en Doñana para eucaliptos ha corrido como la pólvora entre el ecologismo nacional. Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción en el Consejo de Participación, ha denunciado que las fincas Cerrado Garrido y Cochinato se encuentran en pleno corazón de la marisma, a diez metros del Parque, una zona privada que ya se incluyó en el proyecto Doñana 2005 con el objetivo de dedicarla a la recuperación del Caño del Guadiamar y ahora todo apunta a que "serán las pioneras para el cultivo de eucaliptos clónicos australianos dedicados a la biomasa". Romero comenta que "parece mentira que en los años 60 convencieran al mismísimo dictador Franco para conservar Doñana y ahora la Junta de Andalucía no sea capaz de salvaguardarlo".

Juan Romero teme que tras esta intentona se encuentre "una nueva generación de caza-primas" en busca del dinero que la UE destina a energías renovables. Esto conduce a una dirección: que la provincia de Huelva regresaría al "franquismo forestal", asegura. Una época en la que el organismo llamado Patrimonio Forestal del Estado inició la repoblación de los cotos o matorrales. No pretendían otra cosa que el máximo aprovechamiento de la tierra por lo que seleccionaron especies de rápido crecimiento, el eucalipto y el pino.

Romero recuerda que la siembra de eucaliptos sería hasta un delito punible pues está prohibida la introducción de este tipo de especies en espacios protegidos, además de ir contra el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG).

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