el rocío | misa de acción de gracias y procesión

Almonte celebra un Rocío Chico cargado de fe

  • El obispo de Huelva recuerda en la homolía a los fallecidos, heridos y afectados por los atentados del pasado jueves en Cataluña

Ni más de dos siglos de historia han logrado borrar un ápice la huella que en la memoria colectiva tatuó los hechos del Rocío Chico. Una efeméride que recuerda la incierta madrugada del 18 al 19 de agosto de 1810 en la que los almonteños se cobijaron en el santuario de su patrona, la Virgen del Rocío, en busca de protección y huyendo del anunciado derramamiento de sangre que se cernía sobre el municipio. El detonante de tan cruel destino tenía su génesis en la furibunda respuesta del ejercito de ocupación francés que clamaba venganza por la muerte del capitán Pierre D'Ossaux.

Sin embargo, tan cruenta amenaza jamás llegó a ejecutarse. Tres años después (1813), administración y clero decidieron brindar a la Reina de las Marismas un voto de gracia por su intercesión a las plegarias que aquel día se sucedieron en el templo. Un agradecimiento que ayer volvió a ratificar Almonte y su Hermandad Matriz del Rocío en una emotiva eucaristía oficiada por el obispo José Vilaplana. En la misma, la Asociación Coral Villa de Paterna del Campo puso música con una excelente interpretación de sus integrantes que tocó la fibra de muchos fieles en un día en el que este lenguaje universal tenía más razón de ser que nunca.

La conmemoración del voto de los almonteños se vivió con total normalidad

Como no podía ser de otra forma, durante la homilía el atentado terrorista islámico perpetrado en las Ramblas de Barcelona estuvo muy presente en las palabras de Vilaplana. En primer lugar como pésame con el que escenificar el dolor y consternación que ha despertado entre las víctimas, así como la repulsa a la sinrazón de un acto que sembró el horror en las calles de la ciudad condal. En segundo lugar, porque el obispo recordó como en estos momentos de incertidumbre podemos resguardarnos en la Virgen del Rocío, que ya protegió al pueblo de Almonte frenando "aquella orden" del ejercito francés. La intermediación de María atendiendo a las súplica de sus fieles hizo que esta orden con la firma de la venganza "quedase sin efecto".

Por eso "Ella es Reina de la Paz", e invocando las palabras del Santo Padre, el prelado abogó por una "revolución de ternura" y recuperar ese instinto de niño del que hablaba las Sagradas Escrituras. "Para entrar en el pueblo de Dios y en el Reino de los cielos es necesario seguir a Jesucristo, tal como invitó Josué a su pueblo… tal como dijo María en las bodas de Caná: "Haced lo que él os diga".

Con este patrón como Norte de los cristianos, Vilaplana conminó a "crear cultura de Paz", volver a ser un niño confiado que sabe apoyarse en los brazos de su padre y mirar la vida con lo mejor de nosotros mismos".

A renglón seguido la Hermandad Matriz, a través de su secretario, Santiago Padilla, renovó el voto relatando los hechos del famoso 1810 en el que la decisión del ejercito de napoleón de obligar al alistamiento por la fuerza en la Milicia Cívica a todos los varones de entre 15 y 60 generó la insurrección de la ciudadanía. Treinta y nueve hombres decidieron revelarse contra un decreto que constreñía la libertar. En la calle Cepeda, la batalla campal finaliza con la muerte del capitán Dossau. La respuesta francesa no se hizo esperar y el mariscal Nicolas Jean De Dieu Soult firmó la orden de "pasar a cuchillo a los vecinos y saquear al pueblo" como escarnio al pueblo de Almonte. Ochocientos infantes tenían la encomienda de cumplir una orden que no llegó jamás a ejecutarse. Sorpresivamente una contraorden militar salvó al pueblo y obró el "milagro" cuando los almonteños esperaban rogando a la Virgen un guión diferente al cruel desenlace que escribía el destino.

Tras la eucaristía tendría lugar la esperada procesión del Santísimo en su custodia que portaban las manos del obispo que había cedido el báculo pastoral. En primer lugar desfilaba la comitiva encabezada por la junta de gobierno de la Hermandad Matriz de Almonte, responsables de la Corporación municipal encabezadas por el primer teniente de alcalde, Antonio Joaquín Díaz, el delegado del Gobierno de Andalucía en Huelva, Francisco Romero Rico y la subdelegada del Gobierno de España, María Asunción Grávalos.

El presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, se encontraba más rezagado, portando el palio que protegía al Santísimo de un radiante sol que lució con fuerza e intensidad. Fue una escenificación más de la fe de los fieles que soportaban con estoicismo las altas temperaturas que ya preludiaban la mañana. Los abanicos trataban de combatir en vano el calor. La escasa brisa que levantaban representaba a penas un suspiro en medio del calor plomizo con el que castigaba el astro rey, por lo que en este escenario muchas mujeres lo utilizaban como parasol.

Quizás por esta razón la procesión fue más breve que en otras ocasiones. Diez minutos antes de que el reloj proclamase el medio día, el Santísimo volvió a coronar un santuario marismeño que seguía repleto de fieles.

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