Un problema que sonroja a Huelva

El incendio que el martes arrasó unas 200 chabolas en un asentamiento de inmigrantes junto al cementerio municipal de Lepe ha vuelto a poner sobre la mesa un problema sin solución en Huelva: la situación de miles de personas que malviven en la provincia hacinadas en unas condiciones infrahumanas. El incendio, cuyas causas se desconocen pero que podría tener varios focos de ignición, trae a la primera línea de actualidad una situación de todo punto inaceptable. Que en un país civilizado, que cumple todas las normas democráticas y laborales exigibles haya personas que subsistan en condiciones de miseria tercermundistas debe llamarnos a la reflexión más profunda. En plena campaña de uno de los tesoros principales de la provincia, la fresa, imágenes como las vistas ayer no ayudan en nada a un sector que es clave para la economía onubense. Tal y como señalaba ayer el presidente de Asaja y de la Federación Onubense de Empresarios (FOE), José Luis García-Palacios, la existencia de los asentamientos es fruto de "una política inadecuada que se dio en su momento" y que ha hecho que lo que surgió de forma espontánea se haya convertido en una costumbre. La propia subdelegada del Gobierno en Huelva, Asunción Grávalos, se ha apresurado a afirmar que es necesario el consenso de todas las administraciones para acabar con un fenómeno que en cualquier momento puede derivar en una tragedia de consecuencias imprevisibles. Aquí es donde radica el problema. La dejadez de las administraciones, su miedo a que la opinión pública pueda censurar medidas tajantes que acaben con este tipo de infravivienda y la dictadura de lo políticamente correcto produce un daño irreparable. Por encima de todo, a quienes viven de esta manera y se hacinan en condiciones impropias. Sea por obligación o por decisión propia, nadie debería subsistir debajo de unos plásticos y a expensas de la caridad pública. Gobierno central, Junta de Andalucía y ayuntamientos son responsables de lo que está ocurriendo. Son responsables del daño reputacional que a una industria clave le producen todas las informaciones que surgen alrededor de las chabolas. Y, sobre todo, son responsables de permitir que haya seres humanos que en su búsqueda de una vida mejor se vean obligados a vivir por debajo de los mínimos estándares de salubridad. Urge que de una vez por todas se escuche a quienes llevan años denunciando esta situación. Urge tomar medidas contundentes que acaben con este fenómeno. Y urge, por último, tomar conciencia de que cualquier día podemos encontrarnos con una tragedia de la forma más inesperada. Cada día que pasa sin tomar medidas es una ocasión que se pierde para evitar un problema mayor y eso es de todo punto inaceptable.

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