Una nueva oportunidad para Gibraltar

La Unión Europea y el Reino Unido alcanzaron ayer un acuerdo sobre el tiempo que debe durar la llamada transición post- Brexit; es decir, el periodo que irá desde la salida oficial del RU de la UE, el 29 de marzo de 2019, hasta lo que podríamos llamar la salida real, el momento en el que se extinguirán definitivamente todos los lazos derivados de la pertenencia de los británicos al club europeo, que, según lo acordado, no se producirá hasta finales de 2020. Resumiendo: los negociadores del Reino Unido han conseguido un mayor plazo para aclimatarse a los nuevos e inciertos tiempos que vienen a cambio de ceder en muchas de las exigencias de una UE que, cada día que pasa, ve claramente que su proyecto es plenamente viable sin la participación británica. Aún así, no se puede cargar demasiado el optimismo: el Brexit es un fracaso sin paliativos de la idea de Europa y una victoria (otra más) del populismo en un continente con demasiados frentes abiertos que dibujan un horizonte incierto, desde la proliferación de partidos xenófobos hasta la presión de nacionalismos disgregadores como el catalán, sin olvidar la política antieuropea que está desplegando un reforzado Putin.

Respecto a Gibraltar, uno de los asuntos más espinosos de la negociación para los intereses españoles, la UE ha dejado claro, una vez más, que nuestro país conserva el derecho de veto sobre cualquier punto del acuerdo que afecte a la colonia británica. De hecho, todo dependerá de un acuerdo bilateral entre los gobiernos de Madrid y Londres. Aunque desde Reino Unido intentan quitarle hierro al asunto -atrapados entre sus intereses metropolitanos y los de los habitantes del Peñón-, España cree que ha llegado el momento de que el Gobierno de May ceda en sus posiciones respecto al uso compartido del aeropuerto de Gibraltar. Esta pretensión está dentro de la lógica económica moderna y, además, acabaría con uno de los muchos puntos de roce entre España y Gran Bretaña en la ya de por sí espinosa cuestión del Peñón, ya que dicho aeródromo está construido en el istmo, que no está reconocido por nuestro país como territorio bajo control británico al no estar incluido en el Tratado de Utrecht. La segunda pretensión española es conseguir reducir en lo posible algunas prácticas fiscales agresivas por parte de Gibraltar. A nadie se le escapa que el Brexit, pese a ser muy negativo para los intereses españoles y europeos en su conjunto, abre una ventana de oportunidad para avanzar en una solución del viejo contencioso por el Peñón.

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