El bucle de la 'cuestión catalana'

Como es conocido, José Ortega y Gasset, quizás el pensador más importante que ha dado la España moderna, era escéptico ante la posibilidad de resolver de una vez y para siempre eso que denominamos un tanto difusamente la cuestión catalana. Ortega, que como diputado en las Cortes Constituyentes de la II República trató el asunto en sus discursos, creía que, al fin y al cabo, la tensión entre la periferia y el centro, lejos de ser una situación coyuntural y más o menos pasajera, constituía de alguna manera una de las señas de identidad de la política española. Muchas veces se han hecho llamamientos para superar de una vez por todas vez el pesimismo orteguiano y zanjar la cuestión catalana. Asimismo, el nacionalismo radical de este territorio ha intentado en alguna ocasión consumar la independencia, siempre con desastrosas consecuencias. De hecho, en la actualidad, nos encontramos en un nuevo y burdo intento de alcanzar una emancipación que, a todas luces, se sabe imposible.

Tanto el presidente como el vicepresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, respectivamente, han vuelto a llamar la atención con una inane propuesta de ensayar la llamada vía escocesa, es decir, convocar un "referéndum acordado" entre los gobiernos catalán y central. Pese a que el Reino Unido y España, aunque son países aliados y -hasta dentro de muy poco- miembros de la Unión Europea, se puede decir también sin temor a equivocarse que son dos estados con legislaciones y tradiciones históricas, políticas y jurídicas completamente distintas. El nacionalismo catalán sabe perfectamente que la Constitución española impide la celebración de una consulta que supone la ruptura de la soberanía de la nación española, por lo que insistir en esa línea es una burda manera de ganar tiempo, de seguir en un bucle que no conduce a nada.

El pasado domingo pudimos ver como miles de ciudadanos catalanes se manifestaban en Barcelona contra el procés. Pertenecen a esa mayoría silenciosa -cada vez más exigua, es cierto- que, según todas las encuestas señalan, quieren seguir siendo catalanes y españoles al mismo tiempo. Es importante que la sociedad catalana que no está de acuerdo con el procés se haga escuchar con claridad. Sólo una movilización clara podrá poner fin al callejón sin salida, al bucle melancólico en el que se encuentra actualmente Cataluña.

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