Tres años al servicio de la modernidad

Tres años después de aquel 19 de junio de 2014 en el que Felipe VI fue proclamado Rey de España ante las Cortes Generales, se puede decir que la que sin duda fue la operación política más complicada desde la Transición ha sido un completo éxito. El nuevo Monarca llegó al trono en unos momentos extremadamente difíciles, con la irrupción en el panorama político de las formaciones populistas, la crisis económica y los recortes castigando duramente a las clases medias, el órdago soberanista catalán ya en marcha y la caída de la valoración popular de la institución monárquica. Demasiados frentes abiertos para un joven Rey que, hasta la fecha, había vivido a la sombra del enorme carisma de su padre, Juan Carlos I, el hombre que había guiado a España por el difícil camino que nos llevó de un régimen autoritario a otro plenamente democrático aplaudido por todos los países de nuestro entorno. Desde el inicio de su reinado, Felipe VI dejó claro que encabezaría "una monarquía renovada para un tiempo nuevo", tal como dijo en su discurso de proclamación hace ahora tres años. Sin grandilocuencias ni exageraciones, con el sentido de la discreción que está caracterizando a su labor, Felipe VI ha sabido quedarse con lo mejor de la tradición inaugurada por su padre, pero también imprimirle un nuevo estilo más acorde a los tiempos actuales. En todo momento, el Rey ha tenido muy en cuenta que la monarquía parlamentaria se asienta en un principio inexcusable: la tradición debe estar al servicio de la modernidad. La Corona ha renovado su compromiso con la ciudadanía porque en estos tres años ha reafirmado su independencia, su neutralidad política y su vocación integradora, lo que le ha permitido favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce de cohesión social. No le han faltado ocasiones a Felipe VI para demostrar su valía, especialmente durante el difícil periodo en el que el bloqueo parlamentario impedía dotar a España de la necesaria estabilidad política para afianzar la recuperación económica. El Rey supo mantenerse en su lugar y actuar con templanza y responsabilidad. En apenas tres años, Felipe VI ha convertido a la Monarquía española en una institución más transparente y cercana, más moderna en su discurso y agenda, más sensible a los problemas cotidianos de los ciudadanos y más preparada para afrontar las turbulencias del presente. No en vano, en apenas tres años, el Rey ha situado a la monarquía en su mejor valoración popular de los últimos 20 años.

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