Lucha contra la epidemia de la obesidad

Desde hace ya años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos está advirtiendo que la obesidad se ha convertido en una epidemia que pone en riesgo el bienestar y la vida de millones de personas en el globo. Si en tiempos preindustriales la excesiva gordura era una señal de poder económico y social -algo normal en una época en la que una parte no desdeñable de la población sufría continuamente episodios de carestía alimenticia-, en la actualidad, aunque resulte paradójico, este problema afecta principalmente a los sectores más desfavorecidos. En el mundo contemporáneo -sobre todo en las zonas desarrolladas- el hambre ha dejado de ser un problema, pero ha cedido el testigo a la sobrealimentación con productos insanos, como el azúcar o las grasas de baja calidad. El resultado es que, en la actualidad, en Andalucía, el 16,6% de la población sufre problemas de obesidad, cifra que se dispara alarmantemente en la población infantil, llegando a la preocupante cota del 23%. La infancia está siendo víctima muchas veces de un marketing agresivo de algunas multinacionales de la alimentación, que promueven el consumo indiscriminado de sus productos de dudosa calidad sin importarles las consecuencias.

Por tanto, es importante que las administraciones comiencen a reaccionar para proteger a los ciudadanos de estos abusos y evitar el elevado coste sanitario que suelen conllevar (enfermedades cardiovasculares, diabetes, etcétera). Por eso saludamos como algo positivo la Ley para la Promoción de la Vida Saludable y una Alimentación Equilibrada, que ya ha sido aprobada por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía y que iniciará su tramitación parlamentaria de forma inmediata. Es importante que todos los partidos se impliquen en la aprobación de la misma, mejorando en lo posible con sus enmiendas el texto. Estamos ante un tema en el que no se entendería la política de bajo vuelo.

La ley, como no podía ser de otra manera, hace especial hincapié en la infancia, en facilitar el acceso a una alimentación sana y a la posibilidad de realizar ejercicio, los pilares básicos para evitar la obesidad. Cuestiones sencillas como la accesibilidad al agua potable gratis en bares y colegios, alimentos saludables en las máquinas expendedoras de los centros de trabajo, bicicleteros, información veraz sobre los alimentos, etcétera, que, en definitiva, nos pueden servir para evitar la epidemia de la obesidad y, por tanto, ahorrar sufrimiento individual y dinero público. Bienvenida sea.

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