Lesbos: punto final de una sinrazón

La absolución ayer de los tres bomberos sevillanos acusados por la Justicia griega de tráfico de personas pone punto final a una auténtica sinrazón jurídica, así como al calvario personal de los procesados. Todavía está por explicar cómo tres personas que se jugaron la vida y sacrificaron su tiempo y dinero para ayudar a salvar las vidas de inmigrantes totalmente indefensos, acabaron varios días hacinados en un calabozo de la isla de Lesbos y viviendo dos años y medio con la amenaza de una posible condena de más de una década. La sensación de irrealidad aumentaba por el hecho de que el país donde había ocurrido todo es amigo de España y miembro de la Unión Europea. Finalmente, se ha hecho justicia y los tres bomberos recordarán lo ocurrido como una pesadilla con final feliz.

Como aspecto positivo de lo ocurrido, hay que destacar el apoyo decidido a los tres acusados de todas las administraciones y fuerzas políticas. Desde el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, hasta la consejera de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, pasando por muchos otros representantes de partidos y asociaciones civiles, han realizado gestiones y ejercido la presión pertinente para que los tres bomberos fuesen absueltos. Incluso el presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, mostró ayer su asombro ante el juicio, al que calificó de error.

Lo sucedido en Lesbos nos recuerda la enorme labor que realizan los cooperantes en muchos lugares del mundo, más después del descrédito que han sufrido las ONG en general tras los escándalos protagonizados por algunos miembros de Oxfam. Las ONG, como cualquier otra institución humana, no están exentas de los comportamientos corruptos de algunos de sus miembros, pero esto no puede empañar su trabajo en favor de los más desfavorecidos del planeta. Aparte, habría que analizar si estos cooperantes internacionales realizan su labor con la debida protección física y jurídica.

Como bien dijo uno de los bomberos procesados en Lesbos, Manuel Blanco, "los focos están puestos hoy sobre nosotros, pero el verdadero problema es que sigue ahogándose gente en el mar". Como hemos recalcado muchas veces en este periódico, el Mediterráneo se ha convertido desde hace años en una enorme tumba donde está fracasando la idea europea -heredera de la mejor tradición cristiana e ilustrada- de un mundo mejor y más justo.

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