Cifuentes abochorna a toda España

La dimisión ayer de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, puede considerarse uno de los momentos más bajos no sólo en la política de la capital, sino en la de toda España. Que la máxima responsable de una de las comunidades más potentes de Europa tenga que dejar su cargo por atribuirse un máster que nunca estudió y por haber hurtado, hace ya algunos años, unas cremas cosméticas en un supermercado deja claro el ínfimo nivel de una parte no desdeñable de nuestra clase política. Más que indignación, los ciudadanos sintieron ayer vergüenza ajena. El bochorno es indisimulable.

Pero, más allá de este chusco episodio, la dimisión de Cristina Cifuentes y las circunstancias que la rodean colocan al PP, uno de los partidos fundamentales del actual régimen democrático, en una situación insostenible. Cifuentes era considerada como la esperanza de una renovación dentro del las filas de la formación de centro-derecha, una líder sin ataduras que acabaría con la corrupción después de episodios tan inquietantes como la trama Púnica o el caso Lezo. El PP ve ahora cómo este posible recambio se tiene que marchar a su casa para siempre y con la cara colorada. Además, queda la sospecha de que en la difusión de las dos noticias -la del máster y la del supermercado- han operado posiblemente personas con intereses turbios que sólo pretendían quitarse de en medio a una rival política, y no regenerar nuestra democracia.

La situación del PP es cada vez más insostenible y las posibilidades de que Ciudadanos lo desbanque como partido referencia del centro-derecha empiezan a ser muy importantes. Prácticamente desaparecido en Cataluña y el País Vasco, derrotado y desprestigiado en Valencia, sin posibilidades de gobernar en Andalucía y, ahora, en franca descomposición en su feudo madrileño, las posibilidades de resistencia del PP son cada vez menores. Y, lo que es peor, empieza a calar la idea de que la corrupción ha penetrado hasta lo más profundo en este partido.

La dimisión de Cifuentes marcará un antes y un después en el Partido Popular, que si quiere salvar aún algunos muebles debe iniciar cuanto antes una profunda regeneración. Los populares no pueden seguir escudándose en la recuperación económica como único argumento para pedir el voto. Es hora de que se tomen muy en serio el problema de la corrupción. Está en juego la salud de todo el sistema democrático.

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